Arte y Cultura

La importancia de Juanga, según los intelectuales

Poeta, unánime, patriota, grande de la cultura mexicana. Los hombres y mujeres de la cultura lo despiden.
29 Ago 2016 – 8:10 AM EDT

La revista cultural mexicana Nexos ha hecho bien en recordar, apenas un par de horas después de la muerte de Juan Gabriel, el ensayo que el cronista Carlos Monsiváis dedicara a Juan Gabriel en su libro Escenas de pudor y liviandad: “Un ídolo es un convenio multigeneracional, la respuesta emocional a la falta de preguntas sentimentales, una versión difícilmente perfeccionable de la alegría, el espíritu romántico, la suave o agresiva ruptura de la norma. Sin estos requisitos se puede ser el tema de una publicidad convincente, el talento al servicio de las necesidades de un sector, una ofuscación de la vista o del oído, pero jamás un ídolo… A Juan Gabriel nada le ha sido fácil, salvo el éxito”.

“La muerte de Juan Gabriel no se ‘lamenta profundamente’, la muerte de Juan Gabriel duele. No hay protocolo de memorándum para un poeta”, tuitea Alma Delia Murillo, escritora mexicana.



Existe ese consenso. No era un cantante ni un músico, simplemente. Juan Gabriel, compositor y cantautor, fue un poeta de la cotidianidad, de la interpretación cultural de la sociedad mexicana (y mucho de la hispanoamericana, por añadidura). De la sencillez, del lenguaje que la gente común habla.

Elocuente siempre, Alma Guillermoprieto, periodista, ensayista y cronista, lo narró de esta manera: “De una manera inexplicable, tenía muchos fans que lo convertían en ídolo. Qué chistoso que en el país más machista fuera tan popular un joven con estas características, con sus modos tan frágiles y sus pantalones acampanados, así como esa voz casi quebradiza que se oía por todos lados”.

“Fue coautor de la educación sentimental mexicana”, escribió Eileen Truax, periodista mexicana residente en Los Ángeles. “José Alfredo (Jiménez) y Juan Gabriel marcaron nuestra educación sentimental. Hemos ido y venido de ‘la vida no vale nada’ al ‘yo no nací para amar”, apunta Fernando Rivera Calderón, músico y comentarista radiofónico. “Juan Gabriel como quintaesencia del ídolo: era unánime, lo cantaban todos porque cantaba a todos –naco y mirrey, poli y narco, plebe y peñanietos”, remata en su muro de Facebook el editor y periodista argentino Diego Fonseca.

En su cuenta de Twitter, el historiador Enrique Krauze, señaló hace un rato: “ ’México lo es todo’, así se titulaba la gira de Juan Gabriel por Estados Unidos. Murió defendiendo con su música a su patria”.



El hombre responsable de la principal oficina gubernamental de la cultura en México, Rafael Tovar y de Teresa, ha cerrado el ciclo con la oferta que todos esperaban: “Estamos en la mejor disposición de recibirlo (en el Palacio de Bellas Artes), como en su momento se hizo con Cantinflas, María Félix, Dolores del Río, Rufino Tamayo y a todas las grandes figuras de la cultura mexicana”.

Volviendo a Monsiváis: “Juan Gabriel mezcla la herencia de José Alfredo y el repertorio de conjuntos norteños como los Alegres de Terán, y produce en series polkas, redovas, rancheras. Las sinfonolas sobrevivientes se atestan, los mariachis enriquecen su repertorio, y los traileros sostienen su insomnio gracias a las capitulaciones y recapitulaciones que interpretan Lola Beltrán, Lucha Villa, Lupita D’Alessio, Rocío Dúrcal, La Prieta Linda, Beatriz Adriana”.

Y Daniel Saldaña, escritor mexicano, remata en su cuenta de Twitter: “ La razón de ser de México era crear a Juan Gabriel. Ya podemos clausurar el país”.



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