¿Y si Diana fue 'la otra'? El incomprendido romance de Camilla y Carlos como nunca te lo han contado

Camilla Parker conoció al príncipe Carlos antes de que Lady Diana apareciera en su vida, y fueron pareja y estuvieron enamorados hasta que la realidad los separó. La llama del amor nunca se apagó y su historia terminó por tener un final feliz a pesar de que muchos no estén contentos por ello.
25 May 2018 – 5:48 PM EDT

"Vivaz, irreverente, indiferente a la moda y el estilo, sin pretensiones y cariñosa". Así es como describe la biógrafa del príncipe Carlos, Sally Bedell Smith, a Lady Camilla, la duquesa de Cornwall y cónyuge del príncipe de Gales, heredero al trono de Reino Unido en su libro: 'El príncipe Carlos: Las pasiones y las paradojas de una vida improbable'. Este volumen, junto con el recién publicado 'The Duchess', escrito con autorización de Camilla por la periodista Penny Junor, muestran en una nueva luz a la mujer que, por más de dos décadas, ha sido considerada la 'mala' del famoso cuento de hadas que terminó en el divorcio de Carlos y Lady Diana.

Desde 1992, cuando estalló la bomba de la separación entre los príncipes, el nombre de Camilla Parker-Bowles comenzó a aparecer en titulares de todo el mundo, y de inmediato, la opinión pública se ensañó con ella: ¿quién era esta mujer que estaba muy lejos del estilo inocente de Diana? ¿Cómo era posible que Carlos abandonara a su mujer por esta señora a la que la propia Diana apodaba 'el rottweiler'?

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En realidad, Camilla Parker-Bowles era mucho más que la 'querida' del primogénito de la reina Isabel II. Desde 1970, entre ambos surgió un vínculo tan intenso, que opacó cualquier otra relación que Carlos tuviera en su vida. Así de importante fueron siempre el uno para el otro.

"Mi bisabuela fue amante de su tatarabuelo"

Según relatan ambos libros, Carlos conoció a Camilla a través de Lucía Santa Cruz, la hija del embajador chileno en Reino Unido. La joven, que desde fines de 1969 salía con el príncipe de una manera informal, era vecina de Camilla en el mismo edificio en el elegante vecindario de Belgravia; en ese entonces, la futura duquesa era solo la honorable Camilla Rosemary Shand– más tarde Parker Bowles-, quien consiguió ganarse el corazón del heredero aunque -como señala la revista Look- sus motivaciones nada tenían que ver con el amor, al menos al principio .

Lucía pidió a su amiga que la acompañara a un partido de Polo y Camilla, que en ese entonces había sido novia de Andrew Parker-Bowles, pero éste la había cambiado por la princesa Ana -la hermana de Carlos- por lo que cuando se acercó al príncipe a la puerta de las caballerizas, cuando terminó el partido, ya tenía una intención bien clara: llamar la atención del príncipe para darle celos a Andrew Parker-Bowles.

Como señala Bedell-Smith: si a éste no se le hubiera ocurrido tener un romance con la princesa real, probablemente Carlos no se hubiera relacionado con su actual esposa y según Penny Junor, lo que Camilla, entonces de 23 años, pretendía dar una lección a Parker-Bowles por serle infiel.

Camilla, que según relata Junor, desde niña había tenido características de 'tomboy' (prefería la caza y la pesca que los bailes o los desfiles de moda) se acercó al joven príncipe y alabó las cualidades del caballo que montaba. “ Bonito animal, señor. Me llamo Camilla Shand. Es un placer conocerle. Mi bisabuela, Alice Keppel, fue la amante de su tatarabuelo, Eduardo VII. ¿Lo sabía?”. De acuerdo con ambas biografías, ese fue el momento que les cambió la vida a ambos.

Según relata Junor, Lucía y Camilla idearon un plan ostensiblemente inocente para provocar los celos de Andrew y pese a que la joven chilena creía que lo suyo no pasaría de un escarceo, se equivocó y sin querer se convirtió en la Celestina de la relación extramarital más famosa de la historia moderna.

Por aquel entonces, el príncipe de Gales era un hombre libre, el soltero de oro más codiciado; se le relacionó a lo largo de la década con todas las solteras de sangre azul que eran sus contemporáneas, como Carolina de Mónaco -según reportó El Mundo, la cita fue un fiasco-, Astrid de Luxemburgo o figuras de la aristocracia británica como Lady Dale 'Kanga' Tryon o Lady Sarah Spencer, la hermana mayor de su futura mujer. Sin embargo, con Camilla el flechazo fue instantáneo y no tardaron en surgir los encuentros furtivos, tanto en Londres como en algunas de las muchas propiedades de la familia real, donde podían encontrarse lejos de los mirones -hay que recordar que a principios de los 70, si bien ya existían los paparazzi, el culto a la celebridad no alcanzaba todavía los extremos que tiene hoy-.

Amor escondido


De acuerdo a la biografía del príncipe escrita por Beddell-Smith, él le propuso matrimonio en el verano de 1972. Ella le dijo que sentía que si su relación estaba muy bien así y no había necesidad de casarse; por otra parte, la casa real y particularmente el duque de Edimburgo, veían con escepticismo la relación.

"El duque tomaba muy en serio el tema del posible matrimonio de Carlos, ya que siendo heredero a la corona, representaba la línea de sucesión", relata Beddell-Smith "y si bien la reina Isabel siempre había sido partidaria de que sus hijos, como ella misma, se casaran por amor, el príncipe Felipe no estaba de acuerdo con esta idea y buscaba una unión ventajosa para la corona". Felipe le dijo a su primogénito que si le placía tener relaciones con la joven Camilla, estaba bien, pero que había razones de sobra (entre ellas que fuera católica) para que no se casara con ella.

Al poco, Carlos retomó sus actividades con la Marina británica y mientras estaba estacionado en Bahamas recibió notificación, mediante una carta, de que Camilla -quien todo el tiempo que había sido su amante, también había vuelto a ser la novia formal de su amigo y colega Parker-Bowles toda vez la princesa Ana lo había dejado a él para tener un romance que desembocó en boda con el capitán Mark Phillips- se había comprometido con Andrew y habían fijado la boda para el 4 de junio de 1973.

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La boda de Lady Camilla fue el evento social de la temporada, siendo más glamorosa que la boda de la propia princesa Ana, el 14 de noviembre de ese año (aunque la boda real fue transmitida por televisión, la primera vía satélite); la reina madre y la princesa Ana asistieron, entre más de 800 invitados a la ceremonia y a la recepción. Como parte de la leyenda, apunta Junor en 'La duquesa', Carlos habría enviado una carta desesperada a Camilla para que rompiera el compromiso, pero ésta hizo caso omiso.

Camilla y su marido se establecieron en Wiltshire y tuvieron dos hijos - Thomas (1974), ahijado de Carlos, y Laura (1978)- y durante este periodo, ella asumió el rol de confidente y consejera de Carlos, convirtiéndose en lo que él calificaría como "mi mejor amiga", algo que ha declarado en más de una ocasión, aunque no volvieron a ser amantes formalmente hasta 1979.

Penny Junor hace hincapié aquí al señalar que Andrew Parker-Bowles estaba perfectamente al tanto de la relación entre su mujer y el heredero a la corona: sabiamente no hizo un escándalo", según escribe en 'La duquesa'. "Algunos dirían que una parte de él realmente disfrutó el hecho de que su esposa estuviera durmiendo con el futuro rey; todo podría haber sido muy diferente si Carlos hubiera sido un lechero o un vendedor ambulante”.

Diana, a escena


Carlos siguió soltero, con apariciones públicas con diversas jóvenes de sociedad, pero encontrándose en secreto con Camilla hasta febrero de 1981, cuando públicamente se comprometió con Lady Diana Spencer, entonces de 19 años, con quien había empezado a salir a finales de 1980, pasando incluso un par de fines de semana con los Parker-Bowles. Esto serviría, de acuerdo a Beddell-Smith, para que Camilla diera el visto bueno a la futura esposa de Carlos: "Camilla encontró a Diana como una criaturita inocente y sencilla. Genuinamente le simpatizó, y trató de entrenarla y prepararla para ser la mujer que supiera complacer a Carlos tanto en público, como en privado. Pero, aunque joven, Diana no era tonta y comprendía que había un vínculo demasiado estrecho entre Carlos y su 'mejor amiga' por lo que se mostró afable, pero desconfiaba".

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Por mucho que hayan querido hacerlo pasar por un cuento de hadas, el matrimonio entre Carlos y Diana fue un enlace por conveniencia y obligación sucesoria, que generó demasiada tensión para ambos. La joven llenaba todos los requisitos para dar buenos herederos a la Corona y era lo suficientemente joven y bien educada, para ser entrenada en protocolo como consorte de un rey. Pero al mismo tiempo, era tímida e insegura: tantos ojos puestos en ella empezaron a pasar factura, incluso antes de que se casaran, el 24 de julio en la catedral de San Pablo, en una ceremonia que se consideró 'la boda del siglo'.

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Mucho se ha escrito desde la perspectiva de Diana -cómo descubrió la infidelidad de su marido, la bulimia, los intentos de suicidio, la depresión, y un largo y sinuoso etcétera-, y la cita de su entrevista en el programa 'Panorama' de la BBC, emitida en 1995, estando ya separada de Carlos -"En mi matrimonio éramos tres, así que era una multitud"- se convirtió en un momento histórico. Sin embargo, no hay que olvidar que la historia tiene dos caras, y si hubo alguien aquí que también tuvo las manos sucias, fue Carlos.

La princesa juega a traición


Jugando a dos puntas, con una esposa suspicaz y volátil y una amante serena y de carácter fuerte, señala Beddell-Smith, Carlos se sintió confiado, pero no contaba con que Diana y la prensa le iban a jugar una mala pasada. Para él, Diana era la madre ideal y la compañera perfecta, aún pese a sus neurosis y peculiaridades. Sobre todo, lo importante para él era su devoción y amor por William y Harry. Por eso mismo, cuando Diana concedió en secreto una serie de entrevistas al periodista Andrew Morton (que escribía precisamente para The Sun, uno de los tabloides de Rupert Murdoch, el magnate australiano que había girado consigna de tener todos los días en portada una nota sobre la familia real y si eran acerca de Diana, mejor) que serían la base del libro 'Diana: su propia historia', publicadas en la edición dominical en 1992, fue como si se hubiera detonado una bomba en el palacio de Kensington, donde vivían, sin que él se diera cuenta.


Por otra parte, Junor cuenta que, irónicamente, Camilla nunca hubiera sido un problema en ese matrimonio: sabía dónde estaba el placer y dónde la obligación, de ahí que distinguiera perfectamente los momentos que vivía en la intimidad con Carlos de los actos protocolarios en los que acudían, ella en calidad de Lady Parker-Bowles y él como heredero de la Corona del brazo de su cada vez más popular consorte. Si Diana no hubiera dado las exclusivas a escondidas a Andrew Morton, las cosas hubieran seguido como pretendían: con un matrimonio aparentemente idílico que trajo al mundo dos hijos hermosos.

En el documental 'Diana' producido por People y Netflix con motivo de los 20 años del la trágica muerte de la princesa, el propio Morton reconoce que fue un acto atrevido por parte de Diana, a la que todos consideraban una niña buena, el darle las entrevistas a escondidas (y a veces por interpósita persona) para revelar una década de angustia contenida. Los amantes no contaban con que Diana se atreviera a luchar. Fue tanto el escándalo entre 1992 y 1996, que después de la aparición de unas grabaciones en las que Carlos le decía por teléfono a Camilla que quería ser su tampón y de la entrevista por televisión a Diana, Isabel II tomó cartas en el asunto: invitó a su hijo y todavía nuera a tomar el té y (señala Beddell-Smith) les pidió a ambos de la manera más atenta, se divorciaran. Esta era la única manera de salvar cara para la institución monárquica. Paralelamente, y con suficiente discreción, Camilla y su marido, Parker-Bowles, cuyos nombres ya se habían hecho públicos, disolvieron su matrimonio, después de 22 años.

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El 31 de agosto de 1997, Diana Frances Spencer, princesa de Gales, murió en un terrible accidente de automóvil en París, acompañada de Dodi Al-Fayed. Automáticamente, su muerte convirtió a Camilla Parker-Bowles en una figura de encono en Reino Unido. La popularidad de Carlos cayó por los suelos y la Corona estuvo en peligro.

Este periodo, lo califica la propia Camilla -en una entrevista con el Mail on Sunday (el mismo diario que publicó los extractos de las conversaciones entre Morton y Diana) que reproduce el diario El País- como " horrendo".

"Fueron unos tiempos profundamente desagradables que no le desearía ni a mi peor enemigo. No habría sobrevivido sin mi familia", señaló la hoy duquesa de Cornwall, que empezaría a salir en público como pareja de Carlos en 1999 y se convirtió, por fin, en su esposa en 2005 en una ceremonia civil en la que la Corona no estuvo presente por motivos protocolarios. Al preguntarle el diario británico si cree que tiene capacidad para afrontar los momentos difíciles y ponerlos en su lugar, aún ahora, la respuesta de Lady Camilla es tajante: "Por supuesto que sí".

Penny Junor, que ha sido criticada por mostrar en su libro a Diana como una persona insegura y celosa, donde da a Camilla en un enfoque imparcial, señaló en entrevista al National Post de Canadá, que si bien la posición que tuvo como 'el rottweiler' que 'destruyó' el matrimonio de Diana, la convirtió en la mujer más odiada del mundo en la década de los 90, su amor por Carlos siempre ha sido genuino y leal, así como el de él por ella; y que nadie imaginaba es que el tiempo iba a relajar los ánimos hasta el punto de que haya ahora personas que se han hecho a la idea de que Camilla sea la esposa del futuro rey de Inglaterra.

Para ello, fue fundamental que la joven a la que un perfil en El País llamara "juerguista" evolucionara para ser la mujer madura que mediante su incansable trabajo humanitario y su campaña de alfabetización se ha ganado el apoyo de los hijos de Carlos e incluso el visto bueno de la reina, que, a su manera, la han aceptado. Esto ha hecho que el pueblo inglés comprenda al final que la de ella y Carlos es una historia de amor tan dramática como una novela, y tan auténtica como la vida misma.

¿Llegará Camilla a ser reina de Inglaterra? Lo más probable es que incluso cuando Carlos suba al trono, ella tenga un título de princesa consorte, no de monarca. A ella eso parece no importarle. Siempre se la ve cercana y feliz con Carlos. Para ella el amor ha triunfado y eso es, aparentemente, mejor que cualquier corona.

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