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Curiosidades

Un viaje lisérgico en dos ruedas: cómo el LSD originó el Día de la Bicicleta

Publicado 19 Abr 2018 – 04:28 PM EDT | Actualizado 25 Abr 2018 – 05:05 PM EDT
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El 19 de abril se celebra anualmente el Día Mundial de la Bicicleta, una conmemoración bastante curiosa por sus orígenes.

La conmemoración surgió menos por el interés de enaltecer las bondades y beneficios de este medio de transporte saludable, ecológico y económico –aunque algo de eso hay y así se ha visto en general–, que el de rememorar un evento histórico en particular que, incidentalmente, involucró un paseo en bicicleta.

Se pueden encontrar en aquel evento, eso sí, ciertas características que, de un modo más bien poético o abstracto, pueden vincularse a la actividad de andar en bicicleta o al sentimiento que experimentan los más entusiastas ciclistas al subirse a su vehículo de tracción humana. Pero no nos adelantemos, que vamos dando pedal.

El evento del que hablamos es el descubrimiento del LSD.

¿Qué conexión hay entre la honorable pero prosaica bicicleta, y esta famosa droga de efectos alucinógenos, popularizada por la contracultura y los hippies de los 60 que elevaron su consumo a una experiencia sensorial y espiritual que expande los límites de la mente y el alma?

El paseo en bici más famoso... ¿y peligroso?

Se le adjudica la creación del Día de la Bicicleta a Thomas B. Roberts, profesor de la Universidad del Norte de Illinois que así le llamó a una celebración que llevó a cabo en su casa a principios de los 80. Años más tarde, a comienzos de los 90, con la ayuda de algunos de sus estudiantes y de Internet, la celebración se popularizó y se estableció.

Pero Roberts no quería homenajear a la bicicleta sino al LSD y a su descubridor, el químico suizo Albert Hofmann.

Aunque la popularidad posterior del LSD y su extendido uso recreativo en los 60 condujeron a su prohibición y a su estatus de narcótico ilegal, con toda la carga que eso denota, su descubrimiento fue resultado de un dedicado proceso de intuición y experimentación científica. Y también de algo de suerte, como es habitual.

En 1938, mientras investigaba derivados del ácido lisérgico, Hofmann sintetizó el LSD por primera vez, con la intención de encontrar un estimulante del sistema respiratorio y circulatorio que no tuviera efectos sobre el útero. La sustancia sintetizada fue guardada, y cinco años después, el científico decidió volver a analizarla.

Cuando estaba realizando este proceso, maniobrando con LSD y volviendo a sintetizarlo, sin querer puso su mano sobre su boca, e ingirió por accidente una pequeña cantidad.

Escribió que después se sintió «afectado por una notable inquietud, combinada con un leve mareo». Y agregó:

«Más tarde, ya en casa, me recosté y me hundí en un estado de intoxicación para nada desagradable, caracterizado por una peculiar estimulación de la imaginación. En un estado de ensoñación, con los ojos cerrados (la luz del día me resultaba demasiado resplandeciente y molesta), percibí una corriente ininterrumpida de fantásticas imágenes, extraordinarias formas con un intenso y caleidoscópico juego de colores. Luego de dos horas o algo así el efecto se desvaneció»

Así que tres días más tarde, el 19 de abril de 1943, en nombre de la ciencia, decidió volver a drogarse, pero ahora de forma voluntaria.

Hofmann ingirió 250 microgramos de LSD (0.25 miligramos), calculando que esa sería la dosis mínima para experimentar sus efectos (la dosis mínima es en realidad de 20 microgramos). Pocos minutos más tarde, Hofmann comenzó a experimentar intensos y repentinos cambios en su percepción: estaba protagonizando el primer viaje intencional de LSD de la historia.

¿Qué hizo en ese momento? Tomó su bicicleta (eran tiempos de guerra y los vehículos motorizados estaban restringidos en Suiza) y, acompañado por uno de sus asistentes, pedaleó hasta su casa, espectacularmente drogado. Según rememoró después, durante su paseo en bicicleta su estado comenzó a deteriorarse rápidamente y comenzó a experimentar sentimientos de ansiedad y terror, creyendo que estaba volviéndose loco, y convencido de que la mujer que lo saludaba desde la casa de al lado a la suya era una bruja malévola.

Ya en su casa, su asistente llamó a un doctor, y éste confirmó que no había nada extraño con el científico, salvo por sus pupilas enormemente dilatadas. Ya más tranquilo y contenido en su hogar, el viaje lo llevó por terrenos más placenteros. Escribió:

«Poco a poco puede comenzar a disfrutar de los colores y los juegos de diferentes formas nunca vistos que se manifestaban ante mis ojos cerrados. Imágenes caleidoscópicas fantásticas se dispararon en mi mente, alternándose, multicolores, abriéndose y cerrándose en círculos y espirales, explotando en fuentes de colores, reorganizándose e hibridándose en un flujo constante...»

El creador del Día de la Bicicleta, Thomas Roberts, dijo que su intención inicial era celebrarlo el 16 de abril, la fecha que se correspondía con la primera ingestión involuntaria de LSD de Hofmann, pero que finalmente realizó la celebración el día 19, el de la ingestión voluntaria y el viaje en bicicleta, porque justo el día caía un fin de semana, ideal para una fiesta.

¿Por qué Día de la Bicicleta y no Día del LSD? Esa pregunta inevitable le hizo el propio Hofmann (que murió en 2008 a los 102 años) por carta a Roberts.

El profesor universitario respondió que una bicicleta es una imagen mucho más concreta e identificable que la de una estructura química, pero también citó un conocido poema patriótico estadounidense, que los niños aprenden en la escuela y que, al igual que el descubrimiento de Hofmann, se asocia a un paseo: « La Cabalgata de Medianoche de Paul Revere», un poema de Longfellow.

Los historiadores, sin embargo, no han dicho si el célebre patriota estadounidense iba drogado cuando cabalgó para alertar a la milicia colonial sobre la cercanía de las Fuerzas Británicas.

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