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Gael García Bernal ha demostrado una congruencia política a prueba de Hollywood.

El activismo político de Gael García no empezó con Trump

El activismo político de Gael García no empezó con Trump

La historia de compromiso social de Gael García es más larga incluso que su carrera como actor de cine. Ese camino es el que le permite hoy ser considerado un defensor de los migrantes latinos en EEUU, justo en medio del clima político electoral.

Gael García Bernal ha demostrado una congruencia política a prueba de Ho...
Gael García Bernal ha demostrado una congruencia política a prueba de Hollywood.

Bien pudo quedarse de galán de telenovelas, recibiendo las mieles de la fama por un trabajo rutinario, seguro —y aburridísimo—, pero Gael García Bernal decidió abrirse camino, no sólo a través de la jungla de egos de Hollywood, sino plantado en la congruencia política que le permite ser considerado un defensor de los migrantes latinos en Estados Unidos, justo en medio de un clima político electoral más que delicado.

Con una postura firme y abierta, el actor mexicano sostiene que el discurso antimexicano podría ser la génesis de un genocidio, una peligrosa mecha de animadversión hacia todo lo diferente. Dice que el mundo tiene un poco roto el corazón por el estado actual de las cosas y la única manera de responder a eso —un estado de ánimo irracional— es salir a votar y detener el odio: convertirlo en todo el amor del que somos capaces.

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En su más reciente aparición pública, el mexicano deconstruyó por completo aquél infame discurso de Donald Trump en que los inmigrantes mexicanos no eran más que criminales, contrabandistas de droga y violadores: en el marco del concierto ' RiseUp As One' organizado por Univision y Fusion Media Group para celebrar la diversidad y la unidad en Estados Unidos, Gael encontró un buen momento para modificar ese discurso.

El video en el que Gael García Bernal da la vuelta al discurso de Trump sobre los mexicanos Univision


En lugar de violadores, el actor y director insertó la palabra 'trabajadores'; en vez de drogas, dijo que los mexicanos traen a EEUU una extraordinaria cultura, esperanza y alegría. Los asistentes no tardaron en vitorearlo: además de su talento y carisma para actuar, dirigir y producir, se trata de uno de los actores más fieles a sus ideas políticas, que no teme dar entrevistas y comentarios para poner en evidencia el absurdo de un mundo que toma en cuenta las opiniones de "un payaso”, como llama a Donald Trump.

De las telenovelas a la defensa de los migrantes latinos en EEUU

Aquel mini seductor de 11 años que robaba besos tiernos a la niña bonita del vecindario en las telenovelas mexicanas creció con muchas ganas de cambiar al mundo: apenas era un adolescente cuando se unió a las marchas a favor del movimiento indígena zapatista luego del levantamiento armado armas en Chiapas, en 1994.

Antes había asistido como voluntario para alfabetizar indígenas huicholes y quizás ahí entendió el valor de la educación: cuando viajó a Londres —orillado por la prolongada huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México donde estudiaba nada menos que filosofía— se convirtió en el primer mexicano en ser aceptado en la prestigiosa escuela Central School of Speech and Drama. Así, cuando le ofrecieron su primer trabajo en un largometraje mexicano (Amores perros, 2000) el director González Iñárritu tuvo programar la filmación para coincidir con las vacaciones escolares de Gael porque él estaba totalmente comprometido con terminarla.

Luego de Amores Perros vino Y tu mamá también (2001) del multipremiado director de Gravity (2013), Alfonso Cuarón. Estas dos películas mexicanas le dieron la notoriedad para escoger papeles cada vez más complejos fuera de México, donde probó con varios directores independientes poco conocidos como el cubano Juan Gerard ( Sangre de Cuba, 2003) el argentino Pablo Fendrik ( Ardor, 2014) o la directora rusa-americana Julia Loktev ( The Lonliest planet, 2011).

Además, esa primera época de fama afianzó su amistad con el actor mexicano Diego Luna, con quien se asoció en la productora Canana para impulsar y distribuir cine mexicano no comercial que de otra forma se quedaría sin producir en México. La extensión natural de este proyecto para Gael fue la creación del Festival Ambulante, un evento anual itinerante que premia documentales internacionales en México y que aún representa una de las pocas oportunidades de los mexicanos para ver cine documental de calidad.

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Pero Gael no se ha dejado encasillar en ningún papel, ni el de guapillo ni el productor de cara interesante: luego de un fallido largometraje que dirigió en el 2007 ( Déficit), Gael corrigió el rumbo junto con Marc Silver al dirigir cuatro filmes cortos a favor de Amnistía Internacional (2010) sobre otro tipo de migrantes, aquellos que van de paso desde a Centroamérica hacia Estados Unidos y, a veces, se quedan en México sorteando enormes peligros.

Silver y García Bernal siguieron trabajando en el tema y poco después estrenaron un proyecto documental donde Gael hace de Virgilio en aquél infierno que es el desierto de Arizona, donde los migrantes se mueren de sed o de calor sin que nadie reclame sus cuerpos. ( ¿Quién es Dayani Cristal?, 2013).

Poco antes, el mexicano participó en una cinta latinoamericana que intentaba sanar la herida de las dictaduras: la estupenda cinta de Pablo Larraín, No (2012), donde se relata la historia de aquella campaña mediática que acabó por desbarrancar democráticamente al dictador de Chile, Augusto Pinochet.

Cuando Jonás Cuarón (el hijo de Alfonso y coguionista de Gravity) le habló sobre otro proyecto sobre migrantes y cazadores fronterizos (la estupenda cinta Desierto, 2015), Gael aceptó con una condición: tenían que hacerlo cuanto antes, debían ser oportunos si querían incidir sobre el discurso de odio contra los migrantes que infectaba ya los oídos norteamericanos previos a las elecciones. Desierto tuvo gran resonancia entre los críticos y reiteró a Gael en la posición de latino comprometido con humanizar las historias de migrantes, ocupado en hacerlas palpables, reales.

Pero García Bernal es, además, un tipo con una energía envidiable: todo este trabajo lo hizo en los pocos ratos libres que le deja la serie de Amazon Mozart in the Jungle (que ya va en su tercera temporada), al tiempo que filmó otras tres películas a estrenarse este año, incluyendo el biopic del poeta chileno Pablo Neruda con el que participará en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

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Como si fuera poco, su presencia en redes es constante. Desde 2010, García Bernal habla (y fuerte) desde su cuenta de Twitter. El actor usa ese medio no solo para promocionar su trabajo si no también para expresar sus opiniones políticas sin reparos. De hecho, en algunas entrevistas, ha asegurado que prefiere emitir su opinión en relación a acontecimientos importantes por ese medio con el fin de evitar que se malinterprete y la " prensa amarillista pubique encabezados sin sentido".

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