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Maía: a los 19 años, alejandro solalinde descubró su vocacón. Alejandro: queridos hermanos, dios ha sido muy bueno con nosotros, y la mejor manera que tenemos para agradecerle a nuestro padre es precisamente siendo generosos con los deás, especialmente con los ás necesitados.
Yo estoy muy agradecido con dios, que se haya fijado en un joven de barrio, pobre, ¿verdad? Que se haya fijado en í para ser sacerdote.
Es momento de ofrendar y ser generosos. Maía: las penurias que enfrentaban no le eran ajenas, y desde el úlpito, como buen sacerdote jesuita, llamaba a la solidaridad.
Algunas veces usaba duras palabras. Alejandro: partida de egístas, debeía darles vergüenza.
La tacañeía abunda, qé decepcón. Maía: de sus padres, un maestro de escuela y una humilde campesina, aprendó a hablar directo, sin tapujos.
Alejandro: nunca los he ofendido, que yo sepa nunca los he insultado, pero í les he dicho sus verdades, eso í, y lo voy a seguir haciendo porque me duele su omisón. Maía: desde su llegada a toluca, la cruda situacón lo hizo luchar para hacer la diferencia.
Ángel: ¿y esa cara? Ni me lo diga.
Seguro acaba de discutir con su excelencia, el obispo arturo. Alejandro: su excelencia, su excelencia.
Si de verdad fuera una excelencia, hace rato había hecho algo por los miles de inmigrantes que llegan a la cuidad. Ángel: padre, usted y su obsesón por ayudar a los ás necesitados.
Alejandro: ¿es que acaso nuestra vida no es para eso,ángel? Por eso me hice sacerdote.
Ángel: í, claro, y por eso lo expulsaron de cuanto seminario estuvo. Alejandro: es que muchas veces no encaé.
Muchas cosas no cambian ápido en la iglesia, y yo í haía cambiado. Entonces hubo contrastes, hubo diferencias, hubo choques, y finalmente í me dejaron terminar, pero me corrieron.
Saí como el novicio rebelde. Siempre he pensado que el sacerdocio es otra cosa.
Por eso nunca me he dado por vencido que solamente soy un curita al servicio de los ás ricos. Esta pobre gente no existe ni para el gobierno ni para la iglesia.
Ángel: ¿y qé piensa hacer? Alejandro: no é.
Por ahora, aguantar y seguir atendiendo el llamado de dios. Despésél me diá qé hacer.
Desde muy pequeño creo que me llaó la atencón el ser humano, la gente. Entonces iba en úsqueda del ser humano, iba tras su rastro.
Agüita de jamaica fresca, padrecito. Alejandro: gracias, jefe.
Qédese con el cambio. Gracias, padrecito.
Dios me lo bendiga. ¡aúdenme, por favor!
¡padre! Padre, aúdeme, por favor.
Maía: solalinde no se conformaba con dar una liturgia rebelde para sus feligreses y superiores, tan pronto como poía, entraba en accón. Alejandro: vamos a la parroquia.
Alá te sanaremos las heridas, te podemos dar algo de comer. No, padre, no.
Me quieren secuestrar. Por favor, me vienen persiguiendo.
Alejandro: ¿quén? No é, los coyotes o los pandilleros.
¡por favor, padre, aúdeme! ¡por favor, padre!
¡no, no! ¡padre, aúdeme, por favor!
Alejandro: ¡éjenlo! ¿no ven que esá malherido?
No se meta en lo que no le importa, padrecito. Alejandro: ¿aónde lo llevan?
¡padre, por favor, aúdeme! ¡no me deje, padre!
Maía: en aquel momento comprendó que su misón seía ofrecer refugio y alivio. Alejandro: padre, hijo, esíritu santo.
Todos: aén. Alejandro: poéis ir en paz.
Todos: demos gracias al señor. Lupita: muy bonita misa, padre, como siempre.
Alejandro: gracias, lupita. Hoy tenemos reunón con el grupo pastoral social, ¿verdad?
Lupita: í, claro, al final de la tarde. Aí nos vemos.
Maía: rúl, el hermano maía: rúl, el hermano mayor del sacerdote, se convirtó en uno de sus primeros benefactores. Alejandro: pené que no ibas a venir.
Rúl: alejandrito, verte dando misa me parece mentira. Siempre fuiste el loco y el rebelde de la casa.
Alejandro: y me deían: "es que nadie poía creer que ú ibas al seminario. Hicimos álculos, dijimos, contamos de ahorita, se va en enero.
Enero, febrero, en marzo esá de vuelta". No sabes el gusto que me da volver a verte.
Rúl: bueno, aqí me tienes, listo para echarte una mano para que comiences a ayudar a todos los migrantes. Alejandro: yo saía que no me ibas a fallar.
Rúl: ¿ómo no? Ya me teías cansado con tanta llamadera, y dale que dale, y dale que dale.
Alejandro: dios te va a volver el doble. No, ¿qé digo?
El triple de lo que des en esta obra. Entonces, con los migrantes aprení a dejar la parroquia, dejar la vida residencial y ponerme a caminar como jeús, y en el camino hacer muchas cosas.
Entonces mi vida es el camino. Fue una reunón muy provechosa, gracias por venir.
Gracias, padre. Alejandro: dios los bendiga.
Maía: su compromiso parroquial iba de la mano con su labor humanitaria. Ángel: bueno, yo tambén me voy, padrecito.
Nos vemos mañana temprano. Alejandro: con el favor de dios, angelito.
Ángel: lupita, ¿quieres que te acompañe hasta tu casa? Lupita: no, no te preocupes.
El padre solalinde queó en acompañarme, ¿verdad que í? Alejandro: claro que í, faltaba ás, pero antes, debemos levantar el acta de la reunón.
Maía: lupe teía puesta la mirada en el sacerdote. Sin embargo,él estaba muy lejos de imaginar que viviía una experiencia que le cambiaía la vida.
Lupita: padre, es que no é, no encuentro las llaves de mi casa. Adeás mis padres esán de viaje.
No me gustaía quedarme sola. Alejandro: tranquila.
Si quieres, te puedes quedar aá. Te acuestas en la cama, que yo me acomodo en otro lado.
Lupita: ¿seguro, padre? Pero ¿qé va a pensar la gente?
No esá bien que yo pase la noche aqí con usted. Sola.
Alejandro: no van a decir nada porque nada va a pasar lupita. Voy a sacar el tendido.
Lupita: í hace fío, ¿verdad? Alejandro: tranquila aqí hay otra colcha.
Lupita: con un abrazo suyo yo me conformaba, padre. Alejandro: perón.
Tuve una experiencia que no haía tenido y no la busqé, pero se dio. Yo nunca haía besado a una mujer.
Lupita: yo nunca haía besado a un sacerdote. ¿esto es pecado, padre?
Alejandro: lupita, yo entonces tuve una relacón por dos años con una joven que ni ella ni yo haíamos tenido relaciones. Maía: en la clandestinidad la relacón amorosa segía creciendo.
Lupita: soy tan feliz, alejandro. De verdad me siento tan bien contigo.
Yo é que no estamos haciendo bien, pero estoy dispuesta a enfrentarme al mundo entero por este amor. Alejandro: lupita, yo tengo que decirte algo muy importante.
Lupita: yo é, é que todo esto es muy diícil para ti, pero ú mismo siempre has dicho que no debeía impedirse que un sacerdote se enamore y se case. Alejandro: si la iglesia entendiera que un hombre de dios puede tomar como opcón el celibato, se habían evitado siglos de terribles errores.
Lleó el momento en que dijimos: "bueno, ¿esto aónde va? O dejo el ministerio y nos casamos.
O te dejo a ti, y me voy a dedicar a la misón". No comparto las ideas ortodoxas de la iglesia, pero si yo quiero cambiarlas, debo permanecer dentro de ella.
Lupita: ¿entonces yo no significo nada para ti? Alejandro: no digas eso.
Ú eres muy importante para í, pero este tiempo que hemos pasado juntos me ha servido para reflexionar y acercarme mucho a dios. Lupita: alejandro: lupita, peróname, pero yo voy a seguir mi llamado.
Ú eres una mujer muy joven, muy bella. É que te van a llegar muchas oportunidades en la vida, mucho menos complicadas.
Ella dijo: "no voy a yo ponerme alto por ti con dios, no voy a pelearte a dios. Si es para que sea de veras para bien de la misón, adelante", y aí fue.
Monseñor: dios lo bendiga, padre solalinde. Alejandro: dios lo bendiga, monseñor.
Maía: el padre solalinde respetaba los verdaderos valores de la iglesia ás que su protocolo monseñor: padre, se me olvida que usted va en contra de las reglas de la iglesia. Alejandro: no, no es ir en contra, monseñor.
Simplemente creo que hay cosas ás importantes que los protocolos y los saludos. Monseñor: a ver ¿qé es eso tan urgente que tienes para contarme?
Alejandro: quiero que me traslade de parroquia. Monseñor: ¿traslado?
¿por qé? Alejandro: siendo sinceros, monseñor, creo que es algo que usted y la mayoía de gente en toluca han querido desde hace tiempo.
Yo le dije: "óngame en donde usted quiera, en el lugar ás pobre", y me dice: "mira, alejandro, en lugar ás pobre, los pobres nunca van a dejar pasar hambre a un sacerdote, nunca". Yo quiero irme para guajaca, a ciudad ixtepec.
Monseñor: ese es un lugar muy peligroso. Hay delincuentes, pandilleros, migrantes.
Alejandro: precisamente. Monseñor, hay mucho por hacer.
Son como ovejas sin pastor, y yo estoy dispuesto a ayudarles. Maía: alí, en ixtepec, guajaca, donde lo visitamos, élix, el padre solalinde saía que teía que ayudar a los migrantes en ese inmenso recorrido hacia el norte, como le llaman.
Élix: y es que es un camino en el que son íctimas de toda clase de delitos, peroél tendía que esperar pacientemente para cumplir con ese