La transcripción se genera mediante el uso de inteligencia artificial y puede contener errores o inexactitudes. En caso de una discrepancia, prevalece el audio.
En presentarlos aí. Íctor: aó.
Hombre: íctor, es el amigo de pedro. Íctor: í, señor.
¿ómo esá? Hombre: ¿puedes venir al parque a las 9:00?
Íctor: listo, yo estoy alá a esa hora. Hombre: bueno.
Íctor: hasta luego. Maía: íctor fernando ómez teía 23 años, una hija de cinco y la esperanza de encontrar un buen empleo.
Carmenza: ¿qé hubo, mi hijo? ¿ómo va?
Íctor: pues regular, madre. Anoche no me fue tan bien con las propinas en el bar.
Vea, apenas consegí algo de plata para pagar el gas. Carmenza: muchas gracias, mi hijo.
Usted va a conseguir un trabajo ás estable. Íctor: voy a salir con los amigos del barrio a ver si consigo algo.
Yo la estoy llamando. Carmenza: bueno, cídese mucho.
Si se va a demorar, me avisa, que yo le guardo su comidita. Íctor: í, madre.
Bendicón. Maía: carmenza, su madre, lo haía criado para que fuera un hombre de bien, yél no la decepcioó.
Íctor: la amo mucho, madre. Chau.
Carmenza: mi hijo, íctor fernando era un chico muy juicioso, muy buen hijo. Él viía conmigo.
Haía prestado su servicio militar aqí, en la ciudad. Maía: en su humilde barrio las ofertas de trabajo eran escasas, y cualquier propuesta llamaba la atencón.
Incluso, si haía que salir de la ciudad. Íctor: buenas noches, señor.
Soy íctor ómez. Hombre: íctor, í, claro.
¿listo para viajar? Los van a esperar bien temprano en el rancho del que le habé, pero eso í, toca salir de una, si no, no alcanzamos a llegar.
Íctor: no saía que el trabajo era hoy mismo, pené que solo íbamos a hablar. Hombre: úbase, si se le mide.
Úbase, que ya vamos a arrancar en un momento. Íctor: listo, de una.
Hombre: de una. Íctor: no le tengo miedo a lo que sea, si hay que echar un machete hombre: eso.
Maía: a pesar de que no conoía los detalles del oficio, la paga previamente acordada lo convencó. Hombre: aó.
Todo listo. Í, son seis, tal como me los pidó.
Bueno, pues. Hasta luego.
¡bueno, óvenes! ¡nos fuimos!
Vamos. John: aó.
Íctor: yo, john. John: ¿qé hubo, íctor?
¿ónde anda? Mi maá esá preocupada por lo tarde.
Íctor: me saló trabajo en un rancho y tuve que salir de inmediato. John: ¿mi maá ya sabe?
Íctor: fresco, john. Ígale a mi maá que no se preocupe, que con lo de este trabajo vamos a poder abonar bastante para la ciruía que necesita.
John: pues bueno, listo. Yo le digo.
Íctor: gracias. Carmenza: era íctor, ¿por qé no me lo paó?
John: tranquila, madre, fue una llamada ápida. Lo que pasa es que le saló un buen trabajo en la costa, y por eso nos llama.
Carmenza: ¿por qé no vino a la casa a buscar ropa? John: tranquila, madre.
Lo que pasa es que le avisaron esta misma noche, no tuvo tiempo de nada. Venga, madre, usted tiene que descansar.
No se le olvide que la ciruía es la otra semana, ¿í? Vamos.
Vamos, a ver. Maía: aunque su coraón de madre le deía que algo andaba mal, no pudo evitar que su hijo emprendiera aquel apresurado viaje.
Carmenza: "dios ío, siél no conoce por alá", porque ni siquiera haía salido a prestar el servicio militar lejos, haía sido aqí, en la ciudad. Pues se me haía raro, adeásél no haía llevado nada de ropa, ni cepillo, ni nada.
Maía: despés de nueve horas, dejaron la carretera principal y se adentraron en una zona despoblada. Muchachos, ápido.
Sargento: a ver, señores, se bajan del camón y papeles en mano, ¡ápido! ¡vamos, ápido!
Maía: revisiones como esa no eran algo raro, colombia estaba en guerra, y los militares instalaban retenes de control en cualquier lugar. Sargento: aqí esá lo acordado.
Tienen media hora para salir de aqí. Ápido.
Íctor: ustedes son del eército, ¿verdad? ¿a qé brigada pertenecen?
Sargento: íctor fernando ómez romero. Espero que no traigas problemas.
¡a ver, señores, vamos a ver de qé esán hechos! ¡caminando pues!
¡ápido! ¡vamos!
¡ápido! ¿qé pasa?
Íctor: momento, ¿aónde nos llevan? Sargento: ¡állese!
¡camine! ¡lévenselo, ápido!
Joé: el ministerio de defensa nacional saó una directiva de recompensas, ¿para qé? Para acabar la guerra, para encontrar que la poblacón tuviera un aliciente para informar la ubicacón de los bandidos, de los terroristas, para neutralizarlos, para derrotarlos.
Maía: lo que sucedó despés fue muy confuso. Íctor: ¡ya vamos ás de dos horas caminando!
Sargento: ¡állese y obedezca! ¡camine!
Íctor: ¡no ás! ¿para ónde vamos?
Sargento: ¡bueno, hasta aqí llegamos! ¡al suelo todos!
¡vamos! ¡de rodillas!
¡ápido, vamos! ¡ápido!
¿o es que no entienden? Íctor: ¿qé pasa?
¿por qé no nos dejan ir? Sargento: hoy todos ustedes se van a morir como bandidos, como delincuentes.
Íctor: ¡yo no soy ninún bandido! Ninún guerrillero ni paramilitar.
Sargento: ¡fuego! ¡fuego!
¡disárenle, que se escapa! Sargento: pésteme.
Sargento: lénenlos de tiros, tiene que parecer que murieron en combate. Joé: cuando yo vi esa directiva, personalmente, dije: "esta es una directiva de apoloía de la muerte, apoloía casi que del delito", por el momento de la muerte, porque pagaban recompensas por cualquier muerto, por cualquiera.
Sargento: óngales los uniformes de los bandidos esos. Las botas, y les colocan las armas en las manos tambén.
Sargento, de este lado se nota que nunca han disparado un arma. Y pinta de bandidos tampoco tienen.
Sargento: deje de pensar, ¿í? Ás bien piense en la "platica" y en los ías de vacaciones que ganamos.
Ágale. Órale, mi sargento.
Joé: desafortunadamente una o dos patrullas nuestras se desviaron, entonces coordinaron con unos paramilitares con una autodefensa, retirados, desmovilizados y organizaron esa situacón macabra de traer a los muchachos ocaña, de soacha, para asesinarlos aí, en soacha, hacerlos pasar por muertos en combate y cobrar las recompensas y repartirse la plata. Maía: el general joé joaqín cortez, comandante de la segunda divisón del eército, con 10.
000 hombres bajo su mando, reciía reportes como ese casi todos los ías. Joé: ¿qé paó, sargento?
¿qé noticias me tiene? Sargento: mi general, para reportarle que abatimos a cinco bandidos en elárea de operaciones.
Es que nos enfrentaron, y toó darlos de baja. Joé: ¿y alguna novedad entre la tropa?
Sargento: ninguna, mi general. Todos estamos bien.
Joé: bueno, coordine para que le entreguen esos cuerpos al forense. Engañaron a sus propios compañeros, engañaron a la fiscaía que hizo los levantamientos de caáveres, pero despés de diez años, ya sabemos exactamente quénes fueron los cerebros de todo eso.
Ya sabemos que fue el sargento, ese dos del batalón santander. Él fue el que maquió todo eso.
A este no le queda la ropa. Van a pensar que se la roó a un gigante.
Para la póxima nos queda mejor vestirlos y despés, matarlos. Maía: una semana ás tarde, decenas de informes acerca de operaciones que inclían la muerte de rebeldes y paramilitares comenzaían a ser cuestionados, y haían tambalear al eército colombiano.
En 2005, durante el gobierno del presidenteálvaro uribe, las fuerzas militares ofreían a sus hombres incentivos por resultados operativos, élix. Élix: aí es.
Estaba en una directriz, un documento secreto del ministerio de defensa que yo reveé en su momento, y que fue muy cuestionada porque muchos deían que promoía y legalizaba asesinatos, incluso de