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Un padre transformó el asesinato de su hijo en un proyecto de paz para su barrio

En los últimos seis años más de 700 jóvenes de Chicago han participado en el J-Def Peace Project. "Hace falta una sola persona con un arma para cambiar drásticamente la vida de muchos inocentes", les dice Jeff Maldonado, de ascendencia mexicana.
26 May 2017 – 12:50 PM EDT

Después de que Jeff Jr. fue asesinado sus padres se recluyeron en un hotel a tres millas de distancia de su casa. Lloraron, durmieron y pensaron en suicidarse. La idea de volver a Pilsen, su barrio en Chicago, y al hogar donde hasta ese momento habían vivido los tres juntos, se les hacía insoportable. Devastados, dicen, es un término insuficiente para describir cómo se sentían.

Jeff Jr. tenía 19 años y un día, cuando un miembro de una pandilla lo confundió con otra persona, según determinó luego la investigación policial. Acababa de salir de la barbería, e iba de copiloto en una camioneta blanca de camino a su primera presentación pública como rapero. Era sábado, de un día soleado, cerca de las 4:00 pm, cuando en la luz roja del semáforo de la intersección entre las calles W 18th y Loomis recibió un disparo en la cabeza.

Llevaba puesta una gorra de los Medias Blanca de Chicago, que su papá le había regalado de cumpleaños el día antes, y un pantalón de tela negra, que su mamá conserva aún con las manchas de sangre. A las 8:20 pm del 25 de julio de 2009 fue declarado muerto en el hospital John H. Stroger Jr. después de un coma inducido.

Unos días después, Jeff y Elizabeth Maldonado se armaron de valor y regresaron a su casa, y a Pilsen. Un barrio tan colorido como violento, muy mexicano hasta un reciente proceso de gentrificación, y lleno de murales de guerreros aztecas y pintas proinmigrantes.


Para su sorpresa, el nombre de su hijo estaba pintado en graffiti por todas partes a manera de homenaje. Los amigos de Jeff Jr. habían lavado carros por cuatro días y cuatro noches, para ayudarlos a pagar los gastos funerarios. Y profesores del bachillerato de Jeff Jr. se instalaron en su sala casi de inmediato, para que no tuvieran que afrontar el dolor en solitario.

"Fue el amor del vecindario lo que hizo que me quedara. Se sentía como si Jeff Jr. hubiese sido hijo de todos", comentó Maldonado, quien es artista de ascendencia mexicana e indígena americana, y ha expuesto en galerías, museos, centros culturales y universidades. "Mi primera reacción fue no volver. No hay que olvidar que a Jr. le dispararon a media cuadra de donde he tenido mi estudio por más de 20 años. Pero yo me dije a mí mismo: este es mi barrio, esta es mi esquina, esta es mi cuadra y nada me va a desterrar", agregó.

De una muerte inocente a 700 artistas

En 2011, Maldonado reunió a los antiguos compañeros de clases de su hijo y al pintor Jeff Zimmermann para hacer un mural de recuerdo, que les tomó cuatro semanas terminar y que finalmente ocupó toda una cuadra en la intersección entre la calle Paulina y la W 18th. En el centro pusieron el rostro de Jeff Jr., con una mirada desafiante, y lo pintaron de azul, el cual según Zimmermann, es el color de los héroes que han fallecido, el color del espíritu.

"Este es un sitio de odio que ha sido reemplazado por el amor", sentenció ceremonial Maldonado cuando estuvo terminado.

Por esa época, Pemon Rami y Mesequa Myers filmaron y produjeron un documental sobre Jeff Jr. llamado ' 19 años y un día', que el padre empezó a mostrar en colegios para hablarle a los jóvenes de la paz. "Hace falta una sola persona con un arma para cambiar drásticamente la vida de muchos inocentes", les dice Maldonado.


Fue así como empezó el J-Def Peace Project, donde han participado más de 700 jóvenes de Chicago. Cada temporada dos turnos de 30 jóvenes en edad escolar acuden a actividades artísticas al salir de clases, cinco días a la semana. Los jóvenes colorean y dibujan, y ya han hecho seis murales: pintados, con madera, con mosaicos.

"Usamos el arte como una manera de desarrollar a nuestra juventud, sus habilidades y actitudes. Tratamos de empoderarlos. No les enseño un estilo en particular. Mi motivación es desarrollarlos como individuos", añade Maldonado. "Quiero conectar con ellos y enseñarles algunas de las habilidades que le enseñé a Jeff Jr. También cómo hacer escuchar su voz en la comunidad. Los reto a que se les ocurran nuevas imágenes de cómo representar la paz, que no sea la paloma o su símbolo, que ya han sido demasiado utilizados y ya no son imágenes efectivas", agregó.

Maldonado dice que en el futuro quiere convertir a su organización en un proyecto más sustentable, y para ello está recaudando fondos. "Esta es mi misión en la vida", añade. En esta próxima etapa aspira poder contratar a alumnos graduados para que enseñen a otros.

La carrera truncada de Jeff Jr.

Jeff Jr., también conocido como J-Def, era artista como su padre. Fue grafitero y trabajaba en un programa de formación profesional de fotografía digital para adolescentes. Iba a empezar su segundo año de college.

Era también músico de hip hop. Le gustaba la poesía y con frecuencia salía a las calles de Pilsen a competir con otros músicos en batallas líricas ('freestyle') .

" Mi generación está muriendo rápidamente. He oído hablar de ello en el barrio, fue solo otro asalto. Necesitamos trabajar duro para hacer el mundo mejor. Dejar de matarnos unos a otros, empezar a unirnos. Porque las cosas que quieres en la vida como los coches y el blin blín, te ciegan por el hecho de que es solo un sueño", decía casi a manera de presagio una de sus letras.

Su afición por la música era tal que Maldonado usó para deletrear su nombre cerca de 80 discos de vinilo que compró en tiendas de segunda mano, para realizarle una ofrenda para el Día de los Muertos en el Museo Nacional de Arte Mexicano de Chicago.

Es precisamente la representación de un disco el halo dorado que rodea su rostro en el primer mural con el que lo homenajearon. Cuando lo pintaron aún no se había hecho justicia por el asesinato. El juicio no estaba resuelto y todavía no se había condenado a más de 60 años de prisión al hombre que, el mismo día que abrió fuego contra la camioneta, fue detenido en un callejón por un policía y un alguacil que se encontraban por casualidad en el área, fuera de servicio.

Hace tres años, en primavera, una fuerte lluvia se llevó uno de los paneles que conformaban ese mural. Al ver los daños, Maldonado decidió en ese momento no remendarlo, sino hacer uno nuevo en el mismo lugar, muy similar. "Ya no había necesidad de aferrarnos a lo que nos habíamos estado aferrando", dice. Aprovechó entonces la oportunidad para quitar algunas imágenes que tenían que ver con el asesino y la cárcel, y agregó las siluetas de otras cuatro personas que han sido asesinadas recientemente de manera violenta en la zona.

El año pasado en Chicago hubo 650 homicidios, más que la suma de los ocurridos en Nueva York y Los Ángeles en la misma fecha. Pilsen, está en la posición 34 en una lista de 77 áreas por el número de crímenes reportados.

En vez de pintura, en la segunda versión del mural Maldonado usó mosaicos para garantizar una mayor permanencia en el tiempo. No descarta volver a retocarlo o modificarlo este verano, pero todavía no lo ha decidido. "Me pregunto cómo se verá en cien años", dice.


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Esta historia fue producida en colaboración con Univision Contigo: el equipo de responsabilidad social de Univision.


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