Terremotos

Una noche a la intemperie en el devastado Ecuador

Han pasado cuatro días del peor temblor en el país en casi 40 años y muchos ecuatorianos siguen en la oscuridad y la intemperie.
20 Abr 2016 – 11:19 AM EDT

Cuando las historias se terminan de contar y la luz ya no alcanza para tomar fotografías de la devastación tras el sismo en Ecuador (dejó 577 muertos, según la última actualización), quedan familias en la penumbra con un par de colchones para dormir. No consiguen hacerlo fácilmente, pues el temor a un nuevo suceso los mantiene en el mejor de los casos en un limbo entre sueño y vigilia.

Son las 9:30 pm y en Bahía faltan 30 minutos para el toque de queda. Al pie del malecón se encuentran un par de luces de carros, motocicletas, linternas de policías y militares, y varias familias con colchones y carpas improvisadas que piden a cada carro que pasa que por favor les deje agua o comida.

Militares en un extremo cumplen el trabajo de revisar uno por uno a motociclistas y personas que caminan por el malecón, para evitar robos en las casas y locales evacuados.

Al caminar un poco se llega a un par de carpas improvisadas con algunos víveres, colchones y muchas personas sentadas en sillas alrededor. Una mujer murmura “parecemos un circo barato". Algunos están sentados frente a sus casas, a las que no saben cuándo podrán entrar porque no saben en qué estado quedaron tras los remezones del terremoto de magnitud 7.8 que golpeó al país el sábado pasado. Los víveres que tienen los reunieron entre ellos y lo comparten con tres familias más que se ubican al frente.



Detrás, el mar, y más allá, las luces que iluminan San Vicente, la localidad que se encuentra al cruzar el puente de 1,980 metros. Allí sí hay electricidad, sitios para comer y un par de hostales donde la gente puede hospedarse.

En Bahía, no dudan en decir que sienten un poco de envidia de los que están del otro lado. Han pasado cuatro días del peor temblor en el país en casi 40 años y ellos siguen en la oscuridad y la intemperie. Ya tienen algo de luz porque unos amigos les prestaron un generador.

“Lo único que ha funcionado aquí es la solidaridad, nada más, no hay gobierno, no hay planes de contingencia” dice uno de los integrantes de la familia Román, una de las que se encuentran pernoctando al pie del malecón.

Más adelante, un grupo de la compañía estatal de telefonía CNT trabaja para arreglar las conexiones y facilitar la comunicación. Un pequeño paso para empezar a reorganizar estos sectores en los que por ahora es imposible pensar por dónde comenzar.

Una luz intensa se observa al otro extremo del malecón. Es la luz del generador de los bomberos que apunta a un edificio desplomado justo al lado del suyo. Uno de los bomberos de Bahía pasa la noche vigilando pues adentro hay equipos y maquinaria. Además, por el momento no pueden hacer más.



Está por comenzar el toque de queda. Las familias empiezan a recostarse en los colchones. “Aquí están nuestros cuartos”, bromean.

Dos niñas, en medio del desorden, ya están dormidas. Otra sonríe y cuenta que tiene 3 años y mañana cumplirá 4.


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