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Sueño

¿Te cuesta salir de la cama? Tus genes podrían tener la culpa

Quizá termine siendo cierto el dicho popular que asegura que a quien madruga Dios le ayuda. O eso se desprende de las nuevas investigaciones que indican que las personas con predisposición a levantarse temprano (las llamadas "alondras" frente a los "búhos") podrían contar con una genética favorable para la salud mental.
9 Feb 2019 – 10:50 AM EST

Si eres de los que remolonean sin cesar cuando el despertador suena temprano, quizá tu ADN tenga la culpa. Esta explicación nos deja, a algunos, más tranquilos: al menos ahora ya sabemos a qué se debe esa fuerza irresistible que nos inmoviliza cada mañana.

Lo sospechábamos, claro, y, de hecho, ya se sabía que la genética juega un papel importante para determinar el cronotipo (el patrón de sueño y actividad que te sitúa como “alondra”, "búho" o la opción intermedia, "colibrí") y que esto, a su vez, incide en que algunas personas madruguen con facilidad mientras que otras encuentren su pico de productividad a altas horas de la noche.

Sin embargo, hasta ahora solo se habían identificado un puñado de genes relacionados con el cronotipo. Un nuevo estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, junto con otro equipo del Hospital General de Massachusetts (EEUU) y publicado en el diario Nature Communicaton identifica 351 genes que influyen en la capacidad natural de despertarse pronto y, además por primera vez relaciona esta característica con un mayor bienestar y la reducción del riesgo de padecer esquizofrenia y depresión.

La investigación, elaborada a partir del análisis del genoma de cerca de 700,000 personas de EEUU y Reino Unido, da nuevas e importantes claves sobre el funcionamiento de nuestro reloj biológico a partir del análisis genético de bases de datos.


Los organismos vivos se rigen por un reloj biológico interno conocido como el ritmo circadiano y, a medida que la Tierra va rotando cada 24 horas, este reloj se alinea con el ciclo del día y la noche. De acuerdo con este estudio, las variantes genéticas identificadas pueden modificar en hasta 25 minutos la hora en que una persona se despierta de manera natural. La cuestión es que el ciclo del reloj biológico es ligeramente más largo que el diario de 24 horas y por ello, las conexiones del tejido ocular explican cómo el cerebro detecta la luz para "resetear" ese reloj cada día y sincronizarlo con el ciclo diario.

"Nuestro trabajo indica que, en parte, los motivos por los que algunas personas son madrugadoras y otras nocturnas se deben a las diferencias que existen en la manera en que nuestros cerebros reaccionan a las señales de la luz externa y el funcionamiento normal de nuestros relojes internos", dijo Samuel E. Jones, de la Universidad de Exeter, en Reino Unido. Estas diferencias podrían tener "efectos significativos en la capacidad de nuestros relojes biológicos para controlar el tiempo eficazmente", lo que "podría alterar los riesgos asociados a enfermedades y trastornos mentales", según este experto.

Si bien este trabajo, un gran paso adelante por el gran número de casos estudiados, da las pruebas más claras obtenidas hasta ahora de que los trasnochadores tienen un riesgo más alto de padecer enfermedades mentales, los expertos no encontraron vínculos entre la cualidad madrugadora y la diabetes y la obesidad. Esto es sorprendente ya que investigaciones anteriores sí encontraron que los “búhos” tienen una peor regulación metabólica y, posiblemente, más riesgo de diabetes y obesidad.


Cada órgano del cuerpo tiene su propio reloj

El funcionamiento óptimo del cuerpo se produce cuando respetamos los ritmos circadianos, y no solo con el sueño: también a la hora de comer. El cuerpo humano tiene un “reloj maestro” en el hipotálamo (la zona del cerebro que controla el sistema nervioso autónomo y el endocrino) que es el que regula los ciclos de sueño en respuesta a la luz solar. Sin embargo, este no es el único reloj: cada órgano tiene su propio reloj que gobierna su ciclo diario de actividad. El páncreas, por ejemplo, incrementa la producción de insulina por el día (lo que controla el nivel de azúcar en la sangre) y después lo ralentiza de noche. Algunos estudios demuestran que el cuerpo controla el azúcar mejor por la mañana que por la tarde; por otro lado, quemamos más calorías y digerimos la comida de forma más eficiente en la mañana.


Estos relojes biológicos no solo están influenciados por los genes, por supuesto. El estilo de vida (la dieta, el ejercicio, nuestros trabajos y actividades) juegan un importante papel. Sin embargo, parece fuera de duda que las "alondras" parten con ventaja: el mundo que habitamos sin duda está pensado para los madrugadores. Los pobres "búhos" sufren jet-lag casi a diario.

¿No sería hora de cambiar eso? ¿Debemos trabajar todos al mismo ritmo, durante las mismas horas del día, como de hecho se hace en la mayor parte de las empresas? “ Las compañías deben terminar con la asunción de que un único horario es bueno para todo el mundo. Este horario viene de un mundo en el que todos hacían el mismo trabajo todo el tiempo. Poco que ver con el mundo dinámico y cambiante de hoy", señaló a Univisión Noticias Daniel H. Pink, autor de Cuándo, un libro que aborda la ciencia que hay —o debería haber— detrás de la organización de nuestro tiempo y rutinas diarias. “Nuestras habilidades cognitivas no permanecen estáticas a lo largo del día. Estas fluctuaciones son más extremas de lo que creemos. Elegir un momento u otro condicionará sobremanera el resultado que obtengamos”, sostiene el autor.

Para saber cuál es el patrón cotidiano que más te conviene, lo primero es saber tu cronotipo. ¿Eres un búho nocturno o, por el contrario, te encanta madrugar? ¿O quizá te sitúes a medio camino? Puedes saber más sobre tu cronotipo completando este test online.

Si el resultado te coloca indiscutiblemente en la zona de los "búhos", consuélate pensando en que estás en compañía de, entre otros, Barack Obama (que en esta entrevista se definió como un "búho nocturno"), el cantante Bob Dylan o los literatos Franz Kafka o Thomas Wolfe. Además, algunas investigaciones apuntan a que los trasnochadores son más inteligentes y creativos. Así que podríamos resumir el asunto con otro dicho popular: no hay mal que por bien no venga.

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