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Grilletes muy apretados, enfermos y sin bañarse por días: así narra una voluntaria la situación de inmigrantes procesados

Las escenas la presenció una estudiante de medicina dentro de un albergue administrado por una organización caritativa que atiende a hombres, mujeres y niños una vez que salen de los centros de detención federales en malas condiciones de salud.
23 Jul 2018 – 3:49 PM EDT

Absolutamente nada podría haber preparado a Ashtyn Tayler, estudiante de medicina de 24 años, para lo que estaba a punto de presenciar. Manejó más de siete horas desde Dallas hacia McAllen en Texas, “para ver de primera mano lo que está pasando en la frontera con los inmigrantes”, explicó a Univisión vía telefónica.

Durante su relato, se le quiebra la voz y llora pues aún no entiende cómo alguien le prohíbe a una madre junto a su bebé tomar un baño, o es capaz de quitarle el inhalador para el asma a una menor de 4 años de edad y mucho menos poner un grillete tan apretado al tobillo de una persona que le provoca heridas.

Estas escenas las presenció al interior de un albergue administrado por Caridades Católicas (CC) que atiende a hombres, mujeres y niños una vez que salen de los centros de detención federales en malas condiciones físicas. “Caridades Católicas hace un trabajo fantástico para las inmigrantes”, dice Ashtyn quien señala que las denuncias ser refieren al Centro de Procesamiento Ursula en McAllen.


Los albergues de CC son sólo lugares de tránsito para los inmigrantes, pueden pasar ahí un par de horas para lavarse, les dan ropa, comida y hasta pueden dormir pero no más de una noche. Después de eso tienen que salir y trasladarse donde familiares o personas con quienes vivirán hasta su próxima cita con inmigración.

Tayler comenzó su trabajo de voluntaria ayudando a preparar bolsas con artículos para el aseo donde ponía desodorante, pasta de dientes y cepillos. Llegaba a las 9am y terminaba a la medianoche.

“Ahora hay tanta gente entrando y saliendo de los albergues que no dan abasto”, indica. Según dice, diariamente llegan buses con entre 100 y 300 inmigrantes acabados de salir de la custodia federal.

Piel expuesta y costras

Dentro de la instalación, “había personas que uno sabía que estaban enfermas porque tocían, se veían afiebradas o desganadas. Llegaban de los centros de detención ya enfermas”. El problema es que los albergues de CC no son hospitales ni tienen clínicas por lo que lo único que pueden ofrecer es un tratamiento básico.

Una de las experiencias más conmovedoras es cuando tuvo que atender al pequeño de una madre de 19 años a la que le habían negado el acceso a una ducha durante 11 días, es decir, todo el tiempo que estuvo detenida por inmigración.

“El bebé no dejaba de llorar porque sufría una escaldadura muy severa que abarcaba desde sus muslos hasta el estómago”, señala. La piel estaba tan irritada que había partes expuestas y otras ya con costra.

En otra ocasión, “una menor de 4 años tuvo que ir al hospital de emergencia porque le dió una ataque de asma”, recuerda Tayler. “La madre contó que mientras estuvo detenida le quitaron el inhalador”.

Univisión consultó al Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) sobre esta acusación. Para medicamente no prescritos en Estados Unidos, “el detenido debe tener la medicina validada por un médico profesional o llevada a un médico para obtener el equivalente a un receta de Estados Unidos. Cualquier excepción la debe hacer un supervisor conjuntamente con un doctor”, informo CBP.


En tanto el Servicio Inmigración y Aduanas (ICE) explicó via correo electrónico que la agencia “no tiene centros de detención en McAllen”. Agregando que para investigar cualquier denuncia había que proveer el “nombre del centro donde ocurrió el incidente y el número de identificación o fecha de nacimiento de la persona” que hace la denuncia.

Grillete casi encarnado

Sin embargo, esta información es difícil de obtener porque muchos de los detenidos están de paso lo que hace difícil seguir su rastro.

Dentro del albergue, algunas personas se quejaban de los grilletes que les habían puesto antes de salir de los centros de detención porque estaban demasiado apretados. “Había una mujer a la que le tuvimos que cortar el pantalón para que se aflojara la presión del grillete. Lo tenía casi encarnado”, recuerda la estudiante.

“Es muy cruel, intencionalmente cruel el no hacer nada cuando la persona misma te está diciendo que el grillete está muy apretado”, exclama, recalcando que la afectada alertó al agente de inmigración mientras le colocaba el dispositivo.

“Estamos pasando una crisis y es urgente que el gobierno federal intervenga”, piensa la joven.

“Necesitamos tratar a los inmigrantes con respecto y con dignidad”, señala Tayler. “Somos una nación de inmigrantes y no tenemos el derecho de darle la espalada a gente que lo único que quiere es criar a sus hijos y cuidar a su familia”, agrega.

El relato de Ashtyn Tayler viene en momentos en que un grupo de madres interpuso una demanda ante el gobierno federal por maltratos que sufrieron mientras estuvieron detenidas.


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