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En las familias latinas, cualquier cuestión relacionada con la salud mental puede ignorarse por años.

Estudio revela el enorme daño psicológico de los jóvenes indocumentados en California

Estudio revela el enorme daño psicológico de los jóvenes indocumentados en California

Un reporte de la Universidad de California revela cómo la amenaza de la deportación afecta la salud mental de los jóvenes inmigrantes.

En las familias latinas, cualquier cuestión relacionada con la salud men...
En las familias latinas, cualquier cuestión relacionada con la salud mental puede ignorarse por años.

Por Sergio Robles @SgoRobles

Hugo Romero estudiaba en la universidad cuando en 2009 su madre fue deportada de vuelta a México. A la angustia de ser indocumentado se sumaba otra responsabilidad: la de cuidar de sus dos hermanas menores. Su padre, el proveedor de la familia, se convirtió en su único apoyo. Su ansiedad aumentaba aún más cuando se veía obligado a ocultarle lo difícil de su situación a su mamá: "No se lo digo para que no se preocupe".

El continuo estado de alerta y la amenaza de ser deportados genera un enorme daño en la salud mental de los jóvenes inmigrantes, según lo reveló un reciente informe del DREAM Resource Center de la Universidad de California.  

El reporte afirma que el 83% de los indocumentados es extremadamente precavido en su vida cotidiana. También asegura que los jóvenes se encuentran en un estado continuo de vigilancia y que están muy pendientes de su comportamiento para no atraer la atención de policías o funcionarios gubernamentales. Esa vigilancia ha limitado drásticamente el contacto con médicos profesionales e incluso mencionar a miembros de su familia cualquier preocupación relacionada con la salud mental.

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Más de 550 jóvenes entre los 18 y 32 años de edad fueron consultados para realizar el estudio. Tanto los participantes como quienes realizaron el estudio eran, o alguna vez fueron, indocumentados.

Incluso aquellos que recibieron alivio de deportación (55% de los consultados) a través del Programa de Acción Diferida (DACA, por sus siglas en inglés), aprobado por orden ejecutiva del presidente Barack Obama, continúan en estado de alerta por temor a que su estatus temporal sea retirado.

"Vigilan las horas de salida y regreso de la familia, quieren saber exactamente cuándo los padres van a volver a casa, les preocupa que no regresen", dice en entrevista con Univision Alma Leyva, investigadora principal del reporte.

"Crecí sin papeles y debí tomar precauciones parecidas: un continuo estado de alerta, evitando en todo momento algún encuentro con la policía o los médicos", recuerda. "El estrés se ha vuelto tan normal que asumimos que es el precio que tenemos que pagar por ser indocumentados".

La gente no busca ayuda

Roberto Gonzales, sociólogo cualitativo y profesor de la Universidad de Harvard, coincide con Leyva al asegurar que a las familias latinas les cuesta procesar sus emociones.

"Parte del problema es el estigma que representa la salud mental entre las comunidades de inmigrantes procedentes de la región. La gente no busca ayuda. Y quienes viven largos períodos de estrés logran aceptarlo como algo normal", dice a Univision el académico reconocido por su amplio trabajo con inmigrantes indocumentados.

A pesar de los altos niveles de tensión, el informe señala que solo el 19% de los encuestados participa en grupos de apoyo para hacer frente a sus necesidades de salud mental. Los estigmas, el estatus migratorio y la falta de programas especializados en asuntos que afectan a los indocumentados hacen que los jóvenes se desalienten y no aprovechen los servicios psicológicos y psiquiátricos disponibles.

Esa fue la experiencia de Romero cuando acudió al centro de salud de su universidad: "Los terapeutas estaban confundidos. No entendían lo que significaba ser inmigrante, mucho menos indocumentado. Los compañeros que buscaron ayuda me dijeron lo mismo". Solo el 27% de los encuestados afirmó tener acceso a terapias, mientras que el 30% aseguró recibir servicios de bienestar emocional.

Finalmente acudió a un grupo de apoyo de jóvenes que atravesaban por su misma situación, donde encontró la ayuda que necesitaba. "El grupo fue diez veces más eficaz que la única sesión que tuve con un profesional. Todos eran más conscientes de los asuntos que aquejan a los inmigrantes".

El profesor Gonzales destaca que las nuevas leyes que buscan ayudar a los indocumentados en California se enfocan en reducir el costo de la universidad o en permitirles sacar la licencia de conducir, en lugar de hacer hincapié en la complicada experiencia de ser inmigrante y resaltar realidades que representan una fuente continua de estrés.

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Para Katia Díaz, estudiante indocumentada de Sacramento, la deportación de su padre provocó que aumentara aún más la vigilancia entre los miembros de su familia. "No me sentía cómoda compartiendo con mis amigos porque no sabía si los agentes de inmigración iban a venir por mi familia también", dijo Díaz.

"Hay una necesidad de enfrentar ambos estigmas: el del estado migratorio y también el de la salud mental", dijo Lilian Saldaña, coordinadora del Proyecto CIRCLE, un programa de salud y apoyo psicológico liderado por inmigrantes, al que asistía Romero.

"Tenemos que entender que detrás de cualquier etiqueta hay un ser humano que necesita ayuda y recursos para estar sano, tanto física como mental, emocional y espiritualmente".


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