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Trasplantes

Dos pulmones ajenos le salvaron la vida. Ahora necesita un trasplante de riñón: “A todos nos toca un aprendizaje, este ha sido el mío”

Si María Margarita Gamboa se hubiera dejado derrotar cuando le dijeron que sufría la ‘enfermedad de la mujer de piedra’ o cuando una fibrosis pulmonar la dejó al borde de la muerte, otra sería su historia. Aferrada a la fe y con un optimismo desbordante, ha logrado recuperarse a los peores pronósticos. Hoy encara un reto más: superar un cáncer ginecológico y recibir un segundo trasplante.
9 Mar 2019 – 1:35 PM EST

En dos ocasiones María Margarita Gamboa ha tenido que escuchar de la boca de su médico que necesita un trasplante: primero fueron los pulmones; ahora toca buscar otros riñones. La enfermedad crónica y degenerativa que le diagnosticaron en 2007 (esclerodermia sistémica progresiva también conocida como la ‘enfermedad de la mujer de piedra’) le ha causado una larga lista de problemas de salud que abarcan desde fibrosis pulmonar hasta un cáncer ginecológico y la enfermedad renal crónica nivel 5 que la ahora aquejan. Pero nada le ha arrebatado ni el optimismo, ni esas ganas de vivir que se han convertido en el motor de su recuperación.

Convencida de que “la vida es bella”, es una activista a favor de la donación de órganos, sobre todo entre los hispanos. “Tenemos los números más altos de pacientes que esperan por un trasplante, pero paradójicamente no nos registramos como donantes”, cuenta a Univision Noticias.

Es la única embajadora de donación de órganos de Life Alliance Organ Recovery Agency que habla español en el área que le fue asignada: el sur de Florida. En sus charlas cuenta que vivió 4 años conectada a concentradores de oxígeno para mantenerse viva y que su única salvación fue ese doble trasplante de pulmón, por el que tuvo que luchar luego de haber sido rechazada en varios centros de Colombia, Brasil, Argentina y EEUU por su enfermedad base, que hace que produzca demasiado colágeno y se le endurezcan la piel y los órganos.

Finalmente logró ser admitida en la Cleveland Clinic de Ohio donde, cuando ya se encontraba en condición crítica, un 23 de diciembre de 2014, recibió el doble trasplante de pulmón.

Desde entonces, debe tomar hasta 70 pastillas diarias y seguir rigurosos controles médicos para evitar que su cuerpo rechace esos dos pulmones ajenos por los que está tan agradecida.


Tuvo que abandonar su profesión (docente y abogado), su país (Venezuela) y sus afectos, pero ha encontrado en el activismo una forma de empoderamiento y de ayudar a otros como ella. En enero de este año recibió el premio Vounteer Appreciation Award de la por Life Alliance Organ Recovery Agency y, entre otros reconocimientos, figuró entre las Mujeres que inspiran 2019 que otorga la Universidad Ana G. Méndez de Puerto Rico. También creó la fundación Respirar es Vivir, para ayudar a otros pacientes.

“Como docente que soy, me gusta hablar frente a la gente y Dios me puso en situaciones en las que he tenido que contar mi propia historia. Me llena mucho poder enseñar a otros. Como trasplantado uno siente una necesidad muy grande de agradecer. El acto más grande de amor lo hizo esa persona que decidió que al morir, salvaría la vida de otra persona”, explica.

Pedir un órgano

Ahora que se enfrenta a la necesidad de someterse a un nuevo trasplante, lo que más le ha costado no es hacerse la idea de un nuevo procedimiento quirúrgico, sino el asimilar que esta vez necesita que el órgano provenga de alguien que esté vivo.

En su caso, la diálisis nunca fue una posibilidad ya que al ser trasplantado hay que limitar la posibilidad de exponerse a virus o infecciones, un riesgo que está latente en los pacientes de diálisis. El mismo hecho de haber tenido un trasplante doble de pulmón hace que el riesgo de sufrir un edema pulmonar sea muy elevado si recibe un riñón de una persona fallecida.

“Asumir que necesitaba aceptar o pedir un riñón de alguien que esté vivo, ya sea conocido o no, y poner en ese compromiso a otra persona me costó mucho”, cuenta. Su madre, el único familiar directo que tiene, no es compatible, pero ya una persona se le acercó para ofrecerse como donante. “Es una persona a la que conocí durante mi primer trasplante en Cleveland. Hace poco se me acercó y me dijo: ‘Mi mamá murió y no pude salvarle la vida, pero quiero salvar la tuya’”. Solo le falta encontrar otras dos ya que se requiere de tres candidatos para comenzar el proceso.


Pero ese no es el único reto. Antes de que pueda ser considerada para el trasplante de riñón tiene que estar libre de un cáncer ginecológico que le apareció el año pasado, a raíz del primer trasplante.

“El cáncer es algo que te da pánico. Yo he ido a miles de centros de trasplantes, pero cuando entré al de cáncer, me asusté mucho más”.

El año pasado removieron ese cáncer en una primera operación que le pareció “más dolorosa que el propio trasplante”, pero como volvieron a verse algunas células anormales en los exámenes, tiene que someterse al mismo procedimiento una vez más.

Después de eso, una vez que María Margarita ya cumpla con los dos requisitos necesarios para ser candidato a un trasplante de riñón –tener una tasa de filtración de riñón por debajo de 20 (en su caso está en 10)– y estar libre de cáncer, podrá buscar a otros posibles donantes.

“El éxito de un trasplante depende en gran parte de uno"


A otros pacientes que están esperando por un trasplante les dice que se armen de fe, pero que también confíen en la ciencia. “El trasplante es el milagro más grande de la medicina moderna. Aunque cueste creerlo, es un procedimiento quirúrgico de rutina. Tanto así que yo no conocí al cirujano que me puso los nuevos pulmones porque había otro médico de guardia en ese momento. El órgano llegará en el momento y de la manera que convenga. Lo complejo de un trasplante es el postoperatorio que en gran parte depende de uno”, dice.

Hoy está convencida de que la actitud es fundamental en estos procesos. “El éxito del trasplante depende de uno mismo. Tienes que cumplir todas las normas que te dan y hacer las cosas bien por tu vida y por la responsabilidad que tienes de honrar la vida de esa otra persona que hizo ese gran acto de amor por ti”.

Todas estas experiencias le han permitido poner en perspectiva la vida. “A veces veo a alguien quejarse y me pregunto: ‘¿De verdad está sufriendo por eso? Yo, con todos y mis problemas soy más feliz que esa persona’. A todos nos toca algo: un familiar enfermo, un esposo infiel, todos venimos a cumplir con un aprendizaje y este ha sido el mío”.

Con tiempo ha logrado aceptar que ningún tratamiento o trasplante podrá eliminar su enfermedad crónica, y eso no implica que caiga en la autocompasión. “Uno viene con el chip mental de que las enfermedades se curan, pero hay algunas que no y simplemente tienes que aprender a vivir con eso de la mejor manera”, aclara.

Lucha en varios frentes: el de su salud, el de conseguir los fondos para costear sus elevados gastos médicos, el de superar los trámites y barreras que a veces impone el sistema de salud. Todos los afronta con fe, pero asumiendo ella las riendas de su recuperación: “Soy una persona que cree en Dios pero la fe tiene que venir acompañada de trabajo como opción porque sino las cosas no se dan. No me voy a sentar a llorar y quedarme cruzada de brazos”.

Dos pulmones ajenos hicieron que volviera a respirar

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