Salud Mental

La idea de Trump de reabrir centros psiquiátricos no evitará masacres como la de Parkland

Los expertos advierten que los desordenes mentales no son la causa de los tiroteos masivos, como aseguran el presidente y la Asociación Nacional del Rifle. Pero el debate puede ayudar a encontrar soluciones para personas con esos problemas.

Quizá sea por las razones equivocadas, el tiroteo de Parkland ha puesto sobre el tapete el tema de las enfermedades mentales y las carencias que enfrentan los pacientes psiquiátricos en EEUU para recibir tratamiento adecuado y oportuno.

Aunque hay evidencia que desmonta la supuesta relación entre las enfermedades mentales y los tiroteos masivos, el presidente Donald Trump ha insistido en darle ese enfoque al problema, que es el mismo que promueve la Asociación Nacional del Rifle (NRA) para descargar la posible responsabilidad que tiene el fácil acceso a las armas en EEUU.

“En los viejos días, solíamos tener instituciones mentales a las que llevas a un sicko como este tipo”, dijo en referencia a Nikolas Cruz, que había sido diagnosticado con asperger, déficit de atención y depresión .

“Vamos a tener que empezar a hablar seriamente del abrir centros psiquiátricos nuevamente… no tenemos nada entre una prisión y dejarlo en casa, lo que ya no podemos hacer”, insistió.

La idea del presidente no sería la solución a los tiroteos pues está demostrado que apenas un 3% de los actos violentos dentro de EEUU son cometidos por personas que han sido diagnosticadas con una enfermedad mental y la prevalencia de estos desórdenes en el país es similar a la de otros donde no se reportan estos fenómenos. Más aún, se sabe que muchos de estos pacientes son más proclives a ser víctimas de violencia, que perpetradores.

Pero el comentario de Trump sirve de excusa para abrir un necesario debate sobre las deficiencias que existen en la atención a los pacientes psiquiátricos y cómo solventarlas.

“Es tiempo de buscar una solución bipartidista que asegure atención temprana y acceso a tratamiento para problemas mentales o de abuso de sustancias, en vez de tomar pasos que impliquen un retroceso”, dijo la Asociación Estadounidense de Psiquiatría en un comunicado donde aclaran que “recientes comentarios despectivos e inexactos acerca de las enfermedades mentales solamente perpetúan el estigma y prohíben un dialogo honesto sobre un desorden que afecta a 1 de cada 5 personas en la nación”.

Una solución anticuada

La visión que actualmente se tiene sobre los centros psiquiátricos, mal llamados 'manicomios', es la de sórdidos hospitales donde pacientes eran recluidos contra su voluntad, a veces amarrados a las camillas y sometidos a terapias de electroshock. En la práctica no siempre fue así, aunque sí hubo grandes excesos y denuncias de abuso y negligencia.

Todo esto, unido al alto costo de estos centros que lograban muy poco en ayudar al paciente a recuperarse, hizo que a partir de la década de los sesenta comenzara un proceso de ‘desinstitucionalización’ en el que la gran mayoría fueron cerrados y se favoreció la existencia de instalaciones comunitarias donde los enfermos mentales podían recibir atención, sin necesidad de abandonar sus hogares. El descubrimiento de nuevos fármacos para controlar las psicosis y otros desórdenes contribuyó.

Los fondos destinados a estos centros y a la atención psiquiátrica en general sufrieron importantes recortes en años sucesivos.

Algunos hospitales psiquiátricos siguen abiertos en el país, pero tienen capacidad para un total de apenas 45,000 pacientes, lo que representa una reducción del 97% si se compara con la proporción de camas disponibles en 1955. Además, una ley prohíbe que Medicaid pague por el tratamiento en instituciones de salud mental que tengan más de 16 camas, lo que frena aún más el acceso a la terapia.

En consecuencia, cientos de personas que sufren severas enfermedades mentales terminan en las calles o en la cárcel. Un cuarto de los indigentes y la mitad de todos los reos del país tienen un problema de este tipo.

“Hay necesidad de que haya un amplio espectro de servicios para personas que sufren de enfermedades mentales y abuso de sustancias. Ese espectro debe incluir todo desde recursos comunitarios hasta un cuidado más estructurado a nivel institucional”, dijo Matt Salo, presidente de la Asociación Nacional de Directores de Medicaid, a la agencia de noticias Associated Press.

Algunos psiquiatras como Dominic Sisti, de la Universidad de Pensilvania, abogan porque se rescate la idea de los asilos psiquiátricos que, para él, deben dejar de concebirse como lugares atroces, sino más bien como centros terapéuticos donde la persona pueda estar hasta que sane y donde los abusos del pasado no se repitan gracias a estrictas regulaciones.

Hospitalización: una medida extrema

Al igual que ocurre con cualquier otro problema de salud, las enfermedades mentales tienen distintos grados lo que quiere decir que no toda persona que sea diagnosticada tendrá que ser recluida en un centro psiquiátrico. De hecho, son pocas. “La hospitalización psiquiátrica es la última opción de tratamiento para individuos con enfermedades agudas o crónicas (…), el equivalente a la unidad de cuidados intensivos cardíacos para pacientes con problemas de corazón”, asegura la organización Treatment Advocacy Center que busca una solución a la escasez de camas para estos pacientes.

“La mayoría de los pacientes con problemas psiquiátricos no requieren hospitalización. No necesitamos encerrar en un centro a cada persona que sufre de ansiedad, depresión o incluso de esquizofrenia. El reto es reconocer si son una amenaza para ellos o para los demás”, explica a Univision Noticias Josh Klapow, psicólogo clínico y profesor de Salud Pública de la Universidad de Alabama en Birmingham.

En su criterio, la discusión sobre los asilos psiquiátricos no puede limitarse a la infraestructura, sino que también deben revisarse los mecanismos para identificar a los pacientes en riesgo y determinar si es necesario o legítimo recluirlos en contra de su voluntad.

Advierte que para institucionalizar a Nikolas Cruz, por ejemplo, primero hubiera sido necesario detectar que era “incompetente o una amenaza para sí mismo o los demás”, algo que no se hizo y que deja entrever otras fallas del sistema en el que hubo problemas de monitoreo y comunicación.

Obligados a sanar

“Si tienes las arterias obstruidas y estás en riesgo de sufrir un ACV te lo decimos y la mayoría de las veces irás voluntariamente al hospital. Nunca te forzamos, aunque el no hacerlo implica que eres una amenaza a ti mismo. Hacemos lo mismo con los desordenes psiquiátricos. A menos de que seas una amenaza inminente no te obligaremos en contra de tu voluntad, así que la pregunta es si todos estamos dispuestos a ser llevados a un hospital psiquiátrico si un familiar u otra fuente considera que podríamos ser una amenaza”.

“Si el presidente aboga por un proceso óptimo y por facilitar el acceso de pacientes que sean considerados una amenaza potencial versus inminente a recibir ayuda en contra de su voluntad, entonces apoyo la idea de un hospital mental. Pero lo que el presidente y otros deben recordar es que hoy en día no vamos encerrando a gente como hacíamos en el pasado porque si lo hiciéramos por cada Cruz que pasamos por alto tendríamos cientos o miles encerrados en centros simplemente porque haber sufrido un desorden psiquiátrico”, argumenta.

Además, el contexto médico y social es muy distinto al de los años cincuenta cuando afloraron los centros psiquiátricos en EEUU, precisa a Univision Noticias Arash Javanbakht, profesor asistente de Psiquiatría de la Universidad Estadal de Wayne, de Michigan.

“Las expectativas culturales y sociales y la concepción de derechos humanos han cambiado significativamente desde los años 50 y no podemos siquiera comparar ambos contextos. Además, el conocimiento médico ha avanzado mucho desde entonces. Actualmente tenemos tratamientos efectivos que pueden tratar o manejar los síntomas de las personas con severas enfermedades mentales. En la época de los manicomios, la esquizofrenia era considerada una enfermedad que no era tratable y pacientes con sífilis o alcohólicos fueron etiquetados como esquizofrénicos . Es fácil crear una etiqueta para la gente y ‘salir de ellos’, pero eso crea una prisión para ellos”.

Salir de ellos es, al parecer, justamente lo desea Trump. "Tienes a esta gente viviendo en las calles y, puedo decir que en muchos casos a lo largo del país, son muy peligrosos (...) tenemos que sacarlos de nuestras comunidades", aseveró el presidente al mencionar la posibilidad de volver a abrir estos centros.

“Hemos atravesado una dolorosa historia para asegurarnos de que más personas con enfermedades mentales tengan una vida decente y no sean encerradas y maltratadas. Varios activistas han abogado por los derechos de estos pacientes para que puedan ser desinstitucionalizados y reincorporados en la sociedad”, aclara a Univisión Noticias Jagdish Khubchandani, profesor de la Universidad de Ball State, de Indiana quien ha investigado el tema.

Para el psiquiatra Javanbakht, de las primeras cosas que hay que hacer para ayudar a estas personas es erradicar el estigma que evita que busquen tratamiento, lo que implica “dejar de etiquetar cada acto violento como un asunto de salud mental” e informar al público que son enfermedades del cerebro que son tratables.

Recluirlos indefinidamente en una institución ignora el hecho de que muchos de estos problemas tienen etapas de remisión y recaídas.

“Si el sistema no está roto y puede proporcionar buena atención y apoyo, y los pacientes tienen buen acceso y toman sus medicamentos regularmente, muchas recaídas pueden prevenirse”, asegura.