¿Tiene Brett Kavanaugh el 'temperamento judicial' necesario para unirse a la Corte Suprema?

En ninguna parte está escrito qué hace falta para ser juez, pero muchos expertos legales creen que con su actitud displicente antes los senadores que le preguntaban por las acusaciones de agresión sexual en su contra, el nominado del presidente Trump demostró no tener las características necesarias.
4 Oct 2018 – 4:58 PM EDT

La Constitución de Estados Unidos no dice cuáles son las características que debe tener una persona para aspirar a ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

No establece ninguna condición de edad, al contrario que para presidente o miembros del Congreso (ciudadanos mayores de 35 años para el mandatario, 30 para senador y 25 para representante). Tampoco pide que sea estadounidense por nacimiento o una profesión específica.

Sin embargo, se considera elemental que los jueces, y particularmente aquellos que llegan a la máxima instancia judicial del país, sean personas honorables, equilibradas, que sepan distanciarse de sus inclinaciones y conexiones políticas a la hora de impartir justicia.

Y que además posean, lo que la Asociación de Abogados de EEUU define como “temperamento judicial”: la actitud general de un juez ante la ley, los litigantes y otros jueces de mostrar “compasión, ser decisivo, de mente abierta, sensible, cortés, paciente, libre de prejuicios y comprometido con una justicia igualitaria”.

Eso es justamente lo que habría demostrado no tener Brett Kavanaugh, de acuerdo con una carta publicada en The New York Times que hasta la tarde del jueves habían firmado más de 1,700 profesores de leyes, a ser presentada al Comité de Judicial que analizó al nominado por el presidente Donald Trump.

Cuestión de temperamento

Los firmantes dicen haberse sentido impelidos de contactar al Comité tras escuchar la presentación que hizo el juez el jueves 27 de septiembre, cuando tuvo que asistir a una audiencia especial para defenderse de la acusación que le hace la profesora Christine Blasey Ford de haber intentado violarla durante una fiesta estudiantil en 1982.

Ese día un Kavanaugh visiblemente emocionado e irritado, al borde del llanto y con quiebres frecuentes en la voz, al negar la veracidad de las acusaciones, aseguró ser víctima de una operación de grupos activistas de izquierda y de “los Clinton”.

“El juez Kavanaugh demostró una falta de temperamento judicial que los descalificaría de cualquier corte y ciertamente de la elevación a la corte más alta de este país”, aseguran los firmantes, quienes dicen que su evaluación va más allá de los no demostrados señalamientos de Ford.

“El juez Kavanaugh mostró una falta de compromiso con una investigación juiciosa. En vez de estar abierto a la necesaria búsqueda de la precisión, el juez Kavanaugh fue repetidamente agresivo con sus interrogadores (senadores demócratas) Incluso en sus declaraciones preparadas el juez Kavanaugh describió la audiencia como partidista, refiriéndose a ella como “una operación política calculada y orquestada”.

De acuerdo con los expertos legales que suscriben la carta, el juez, quien lleva 12 años en la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia, debería haber reconocido la necesidad de los senadores de confrontarlo con nueva información disponible, precisamente para ayudar a clarificar la situación.

“El juez Kavanaugh respondió de manera intemperada, inflamatoria y parcializada, mientras interrumpía y, en ocasiones, fue descortés con los senadores”, como cuando ignoró una pregunta de la senadora Amy Klobuchar y a su vez quiso saber si ella había perdido el conocimiento en alguna noche de tragos (algo por lo que se disculpó minutos después).


En un punto, cuando la senadora por California Dianne Feinstein, la demócrata de más alto rango del comité, dijo que no había sido posible hablar con los testigos que la profesora Blasey Ford asegura que existían para corroborar su historia, Kavanaugh dijo: “Me tienen a mí aquí”, dando a entender que su sola declaración era suficiente para solucionar las dudas que hayan surgido con las denuncias.

Algo que resulta curioso es que un juez crea que la palabra de un acusado es suficiente para resolver un caso.

Desde el principio de aquella audiencia, Kavanaugh insistió en que él quería estar “al día siguiente” ante el comité para responder las acusaciones de Ford, primero, y las de su excompañera Deborah Ramirez surgidas una semana después. Es posible que haya sido un exceso retórico de su defensa, porque, como juez, él debe saber lo complejo que es organizar un careo para contraponer versiones de testigos.

Y aunque todos los magistrados del Supremo tienen su inclinación política, ningún nominado se había enfrascado con los senadores del partido contrario durante una audiencia de la manera displicente y por momentos grosera como lo hizo Kavanaugh.

La filiación republicana de Kavanaugh no era un misterio para nadie. Pero la manera como se puso a sí mismo en el centro del pulso político resultó sorprendente para muchos políticos y expertos legales, entre ellos los cientos que firman la carta aparecida en The New York Times.

El recuerdo de Merrick Garland

Los presidentes tienen una motivación central al seleccionar a un nominado a la Corte Suprema, la de garantizar que sirve a su interés político y en la implementación de políticas públicas. Pero además deben demostrar que fue una exitosa búsqueda de un nominado con las más altas calificaciones profesionales.

Desde que Trump lo nominó al cargo, Kavanaugh fue criticado por su filosofía judicial muy conservadora para el gusto de los liberales, por su cercanía a la polémica presidencia de George W. Bush de la que fue asesor legal y por su trabajo en el equipo de la fiscalía especial que investigó al presidente Bill Clinton. Incluso por la posibilidad de que favorezca a Trump en caso de que algún caso en su contra llegara al Supremo.

Incluso, algunos demócratas prometieron hacer todo lo que pudieran para impedir su nombramiento, pese a que están en la minoría en el Senado. Para ellos, todavía está fresca la afrenta vivida por Merrick Garland, el juez nombrado en 2016 por Barack Obama para sutituir al fallecido Antonin Scalia que nunca fue considerado porque los republicanos se negaron a siquiera recibirlo.

Con 12 años de experiencia en la Corte de Apelaciones, las credenciales del nominado no estaban en discusión. Sí lo estaba su filosofía conservadora y la certidumbre de que cuando se una al bloque conservador de la corte pondrá en peligro avances preciados de sectores liberales, como el derecho al aborto o derechos de la comunidad LGBT.

Pero eso quedó superado por el debate suscitado tras las acusaciones de agresión sexual en su contra y por la actitud beligerante que asumió durante la audiencia, que, para muchos mostró que no es el hombre ideal para ser juez.

En un artículo publicado en la página de su organización, un ente no gubernamental de investigación y documentación que asiste al sistema judicial estadounidense, Víctor Eugene Flango, del Centro Nacional de Cortes Estatales, indica que un “juez ideal” debe mostrar “competencia profesional (habilidades legales e intelectuales), integridad y temperamento judicial (neutral, decisivo, respetuoso y compuesto)”.

“Nótese que esas calidades son difíciles de definir. Sin embargo, todos tenemos una concepción de lo que un juez debería ser: una persona distinguida presidiendo un juicio”.

Fotos: Tensión y rabia en manifestaciones contra Kavanaugh en Washington DC

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