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ISIS

Muerto el "perro", como dice Trump, ¿se acabó el Estado Islámico?

La Casa Blanca vende la muerte de Abu Bakr al-Baghdadi como un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo. Pero hay expertos que advierten que Estado Islámico es un ente que se adapta y que su peligro no radica en una sola persona, por importante que sea.
28 Oct 2019 – 1:42 PM EDT

Es previsible que en los próximos días y meses el presidente Donald Trump aproveche el éxito que se anotó su gobierno con la muerte "como un perro" del líder del grupo extremista Estado Islámico (EI), Abu Bakr al-Baghdadi, para promover la idea de que se ha asestado un golpe definitivo a la organización que hasta marzo pasado tenía el control de grandes zonas de Siria e Irak y que ahora ha quedado descabezada.

Será su caballo de batalla en la campaña para las presidenciales de 2020, pese a que siempre le negó a Obama méritos en la muerte de Osama bin Laden asegurando que habían sido las fuerzas especiales, y no el presidente, quienes habían despachado al entonces enemigo número 1 de EEUU.

Es algo lógico de esperar de un presidente que asegura que su sola llegada a la Casa Blanca fue la que permitió el desalojo de EI de los territorios del llamado “Califato”, desestimando la política militar que se había puesto en marcha con su predecesor y cuya continuación, de acuerdo con expertos de seguridad, fue la que permitió el avance sobre el grupo terrorista.

Como todo en política internacional, la coyuntura es más compleja de lo que puede querer venderse desde Casa Blanca y con seguridad la muerte de Baghdadi no significará directamente ni por sí sola la desaparición de un grupo que horrorizó al mundo con sus sangrientas ejecuciones de rehenes que orgullosamente registraban en video y la férrea aplicación de una versión de la ley islámica radical que implicó la negación de derechos para quienes habitaban el “Califato”.

De Al Qaeda a ISIS

Lo sucedido con Al Qaeda y Osama bin Laden, abatido en una operación estadounidense en Pakistán en 2011, muestra que en este tipo de organizaciones el líder es importante pero nunca es imprescindible. No se trata de un mando vertical con sentido militar sino de una red de operadores con cierta autonomía de ejecución.

EI, como Al Qaeda, es un grupo amalgamado por una ideología que se alimenta de una lectura radical del Islam y un odio perverso hacia el Occidente cristiano. Esa ‘lucha cultural’ es producto de años de enseñanzas de individuos radicalizados y no es la obra de una sola persona, por relevante que pueda haber sido.


De hecho, EI es una evolución de Al Qaeda. A la muerte de Bin Laden le sucedió Abu Musab al-Zarqawi. Este último fue aniquilado en un ataque aéreo en 2006. Entonces Baghdadi encabezó la escisión del que hasta entonces era el grupo terrorista más temido del mundo y engendró EI (o ISIS, como también se le conoce), una organización con métodos todavía más despiadados.

En un reportaje del diario británico The Telegraph, el periodista Josie Ensor recordaba cómo en una entrevista que había tenido con un prisionero de EI en Siria a principios de año, este le sintetizó la ‘causa’ diciéndole: “Nosotros estamos luchando por Alá y el Estado Islámico, no por algún terrenal líder temporal”.

Para quienes dirigen este tipo de organizaciones terroristas el anonimato es su mejor arma. Igual que le sucedió a Bin Laden luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, a Baghdadi la notoriedad terminó afectando la efectividad de su liderazgo, al punto que algunos expertos estiman que su dirección era simbólica porque al estar en permanente huida no era capaz de comunicarse con sus mandos.

El "nuevo líder"

De acuerdo con varios medios de comunicación estadounidenses y europeos, le estructura ya tienen nuevo jefe: el iraquí Abdullah Qardash, quien en los últimos meses había asumido el control de algunas operaciones de EI ante el necesario aislamiento en el que estaba Baghdadi.

Qardash es un exoficial del ejército de Saddam Hussein que estableció una relación Baghdadi cuando estuvieron detenidos entre 2003 y 2004 en la famosa cárcel de Basora, tras la invasión estadounidense de Irak.
Así que por lo pronto, la organización no queda acéfala, aunque falta por ver la efectividad del nuevo liderazgo y las estrategias que pondrá en marcha.

“ISIS es mucho más que simplemente Baghdadi, por importante que fuera”, dijo en un programa dominical el exdirector de Inteligencia Nacional, James Clapper, y añadió que “no pienso que podamos decir en este punto que podemos dejar de preocuparnos por ISIS”.

“Lo que va a ser interesante es en qué extensión esto afecta negativamente ISIS, o si galvaniza sus remanentes que todavía sobreviven como ideología y que tienen franquicias en otras partes además de Siria”, advirtió Clapper, quien es un duro crítico de las políticas de seguridad de Trump.


Se estima que Estado Islámico tiene 14 organizaciones afiliadas -o “provincias” como se autodenominan- que están diseminadas en Asia y África y que con la pérdida del territorio del “Califato” siguen sus tácticas tradicionales de organizar atentados, asesinatos y emboscadas de tipo guerra de guerrillas.

De acuerdo con un informe del Inspector General del Departamento de Defensa de agosto pasado, EI tiene entre 14,000 y 18,000 combatientes, otros 11,000 están detenidos en cárceles en el norte de Siria, cuya seguridad se ha visto comprometida con el abrupto retiro de las tropas estadounidenses y la operación militar de Turquía para desplazar a las milicias kurdas que mantenían la vigilancia del territorio.

Reunificación yihadista

Uno de los temores que disparó la decisión de Trump de dejar a los kurdos que ayudaron a la derrota del “Califato” a merced del gobierno turco era que el control sobre EI pudiera aflojar y la organización se reagrupara. El mismo informe del Departamento de Defensa advierte que la organización puede reagruparse y plantear un serio desafío de seguridad en el lapso de un año.

Un posible subproducto de la desaparición de Baghdadi es la reunificación de las fuerzas yihadistas que se escindieron en 2014 por diferencias en la estrategia para continuar su lucha contra Occidente.
“La muerte de Baghdadi puede ser un punto de inflexión en la relación entre ISIS y Al Qaeda. ISIS puede ser ahora vulnerable a una presión renovada por parte de Al Qaeda en su reclamo del liderazgo mundial del movimiento yihadista”, indica un reporte del Instituto para el Estudio de la Guerra, un grupo estadounidense especializado en el estudio y desarrollo de políticas de seguridad.

“Una fusión yihadista todavía podría ocurrir, sin embargo. La renuencia de Baghdadi a aceptar la mediación en su pelea con Al Qaeda impedía una mayor cooperación entre los grupos después de 2014. Su sucesor podría estar más dispuesto a considerar una reunificación, incluso una limitada y pragmática”, dice el texto.

Fuentes militares citadas por medios estadounidenses aseguran que, este éxito en la lucha contra EI se produjo a pesar del cambio de estrategia en la zona. Aparentemente, los mandos decidieron acelerar las operaciones de búsqueda y captura de Baghdadi ante la posibilidad de que el retiro comprometiera la capacidad de las fuerzas estadounidenses de recabar inteligencia y contar con aliados como los kurdos en la región.

Algunos temen que la Casa Blanca caiga en la tentación de darse satisfecha con el punto anotado con Baghdadi y sucumba a la idea de que EI ha recibido un golpe fulminante que lo llevará a su completa extinción. Si los análisis de los expertos de seguridad y mandos militares son atinados, eso sería dormirse en los laureles y dejar que una victoria circunstancial torpedeé la estrategia global en la lucha contra el terrorismo.

En fotos: una operación comando acabó con el líder de Estado Islámico

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