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La renuncia de Rosselló es la mejor salida para la crisis de Puerto Rico

La deseable renuncia de Rosselló provocaría un momentáneo vacío de poder. Pero ese vacío no sería tan profundo como para que no pueda llenarlo la constitución de la isla, la cual provee una línea de sucesión.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-07-22T12:44:14-04:00

Pocas veces en la historia moderna de Puerto Rico se había forjado un consenso tan amplio como el que en la isla ha surgido para reclamar la renuncia inmediata del gobernador Ricardo Rosselló. Lo piden a gritos líderes de la oposición política, miembros de su propio Partido Nuevo Progresista, activistas cívicos, estudiantes, dirigentes sindicales, artistas famosos y hasta reverendos protestantes y obispos.

Coinciden en que el aún joven político traicionó de forma temeraria la confianza que la mayoría de los votantes habían depositado en él y por consiguiente debería abandonar su cargo.

Rosselló está en medio de un doble escándalo público que, a los ojos de muchos puertorriqueños, simboliza los malos hábitos y mañas de los políticos que han precipitado a la isla a una crisis financiera que empezó hace más de 12 años y que agravó el devastador Huracán María en 2017.

Un escándalo de aparente corrupción administrativa y condujo al arresto de seis personas, incluyendo tres exfuncionarios de la administración de Rosselló. Se les acusa de haber desviado $15 millones de fondos federales y estatales a empresas e individuos enchufados con el gobierno.

El otro escándalo es por la divulgación de un chat privado en la plataforma Telegram en el que el gobernador, otros funcionarios de su gobierno y allegados prodigaron ataques personales a adversarios políticos y otras figuras públicas. Algunos de esos ataques eran bochornosamente homofóbicos y misóginos.

Durante 10 días consecutivos, cientos de miles de puertorriqueños han desfilado por la Calle Fortaleza, donde se halla la sede de la gobernación, para exigirle a Rosselló que abandone el puesto. Las manifestaciones han tenido el color, el ritmo y la pasión que caracterizan a las protestas cívicas en Puerto Rico desde tiempos inmemoriales.

Pero además reflejan la indignación y el hartazgo acumulado por una población que ha sufrido demasiado la irresponsabilidad de dirigentes políticos que han robado o dejado robar a mansalva, y que han traficado o permitido el tráfico de influencias, como si la administración pública fuera un sucio negocio privado y no una obligación solemne y extraordinaria hacia los ciudadanos que trabajan, pagan impuestos y acuden a las urnas para escoger a sus gobernantes.

Rosselló se aferra a su cargo alegando que él personalmente no ha cometido ningún acto ilegal y que recibió un mandato electoral de los puertorriqueños. Al momento que escribo esta columna, solo ha renunciado, bajo fuertes presiones, a la presidencia del PNP y a la reelección en 2020. Y dice que estaría dispuesto a someterse a un juicio político en el Congreso de la isla.

Todo esto constituye un paso en la dirección correcta. Pero es tan fuerte el sentimiento en Puerto Rico y en Washington de que burló la confianza pública que solo su renuncia total e inequívoca a la gobernación aplacará los ánimos y permitirá que la isla recupere la normalidad cívica y social. Los lazos de credibilidad y esperanza que le unían a la sociedad puertorriqueña, incluyendo a sus votantes, se han roto de forma irreparable.

La deseable renuncia de Rosselló provocaría un momentáneo vacío de poder. Pero ese vacío no sería tan profundo como para que no pueda llenarlo la constitución de la isla, la cual provee una línea de sucesión. Esa línea comienza con el secretario de justicia, pasa por el de hacienda y otra media docena de miembros del Gabinete del gobernador y termina con el secretario de agricultura.

Es un escenario preferible a la lenta agonía de un ejecutivo desmoralizado que ha perdido de manera radical las simpatías de los ciudadanos.

La permanencia de Rosselló en la gobernación, además, amenaza con convertirse en un nuevo obstáculo para la aprobación y canalización de miles de millones de dólares que el Congreso y el gobierno de Estados Unidos habían prometido para la lucha de Puerto Rico contra los estragos de María.

Los recientes escándalos, previsiblemente, han dado pábulo a las críticas del presidente Trump y otros en Washington de que la corrupción devora la asistencia federal a la isla. El encausamiento ya en marcha de los sospechosos de corrupción y la deseable renuncia de Rosselló podrían mitigar esas críticas que suelen tener un exagerado matiz político. Rosselló se proclama demócrata y ha hecho causa común con otros gobernadores demócratas, como Andrew Cuomo, de Nueva York.

Cuando lanzó su candidatura y posteriormente cuando inició su mandato, Rosselló proclamó su amor y su entrega al pueblo de Puerto Rico y prometió “un gobierno tansformacional” (sic) y “la recuperación” de la isla. Hoy su mejor oportunidad de mostrar tan encomiables sentimientos y compromisos sería renunciar sin mayor dilación a su cargo.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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