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La ciudad canadiense que construirá un puente con EEUU al tiempo que Trump levanta su muro con México

Como las comunidades mexicanas de la frontera, Windsor depende de EEUU y teme el impacto de las políticas del presidente que proclama "EEUU primero". Pero el lenguaje de Trump con los dos vecinos es por ahora completamente opuesto.
13 Mar 2017 – 11:30 AM EDT

WINDSOR, Ontario.- Como quien viaja de un barrio a otro, Elizabeth Jewell se sube al autobús de línea en el centro de esta ciudad canadiense en la frontera con EEUU para cruzar a Detroit donde almorzará con su primo.

No hay nadie más en el autobús de las dos de la tarde, ni tampoco hay cola en el puesto de control de pasaportes al final del túnel que cruza el río Detroit. En cuestión de media hora habrá llegado a su destino. Así de sencillo.

Esta ciudad canadiense de más de 200,000 habitantes es la más grande de las comunidades fronterizas en este lado de la frontera con EEUU y está tan integrada con el país vecino que se confunde con un suburbio más de Detroit.

"Estamos muy americanizados, en la manera de hablar, la ropa...", dice Jewell.


Pronto será aún más fácil cruzar de un lado a otro cuando se construya un nuevo puente entre Windsor y Detroit cuyas obras se espera que comiencen en 2018.

El nuevo puente llevará el nombre de Gordie Howe, un jugador de hockey sobre hielo canadiense que triunfó en la liga NHL estadounidense, y será una conexión más entre las dos ciudades. Desde hace décadas es posible usar el congestionado puente Ambassador, construido en 1929; el túnel para vehículos finalizado un año después por el que pasa la línea de autobús urbano en la que viaja Jewell; y otro túnel para ferrocarriles que data de 1910.

El puente Gordie Howe se encuentra en la lista de 50 obras de infraestructura que son prioridad para el gobierno de Donald Trump. Tras una reunión el mes pasado en la Casa Blanca, Trump y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, emitieron un comunicado conjunto en el que afirmaron que ambos países tienen una relación de vecindad única y desearon "la rápida finalización" del puente. Se prevé que este año sea seleccionado un constructor.

Habrá quien para restar importancia a los símbolos, dirá que es solo una coincidencia que la presidencia de Trump comience tendiendo un nuevo puente con Canadá y levantado un muro con México. A fin de cuentas, el proyecto para construir el nuevo puente fue aprobado por el expresidente Barack Obama y el costo estimado de $2,100 millones correrá a cargo de Canadá (en este caso a diferencia del muro el país vecino no objeta a pagar por la obra).

De hecho, aquí al igual que en México muchos temen el impacto que puedan tener las políticas de "EEUU primero" de Trump y, en particular, una renegociación del tratado de libre comercio NAFTA o un impuesto que penalice las importaciones.

Más que ninguna otra ciudad en Canadá, Windsor se vería afectada por los cambios en la relación bilateral, le dice a Univision Bill Anderson, del Cross-Border Institute en la University of Windsor.

"Gran parte de los ingresos de esta ciudad dependen de EEUU y la política puede tener mucho impacto", advierte Anderson.

"EEUU menos atractivo"

Al igual que sucede con las ciudades mexicanas con hermanas al otro lado de la frontera –El Paso y Juárez; Laredo y Nuevo Laredo, etc.–, Windsor y Detroit dependen una de la otra. En el caso de Canadá, no hay ninguna comunidad a lo largo de la frontera de un tamaño semejante al de Windsor.

El corredor de comercio entre Detroit y Windsor es el de más tráfico comercial entre los dos países. Por aquí cruzan al año 2.5 millones de camiones transportando mercancías por valor de $75,000 millones. Desde hace décadas Windsor ha jugado un papel importante en la industria del automóvil de Detroit.

Unos 5,000 residentes de Windsor cruzan a diario la frontera para trabajar en Detroit y alrededores. Muchos en Windsor hacen sus compras en Detroit o van a los conciertos y partidos de la NBA o la NHL en Detroit. Cuando se enfrentan los Toronto Raptors a los Detroit Pistons, o los Toronto Maple Leafs a los Detroit Red Wings, muchos dicen apoyar al equipo estadounidense.

Por su parte los estadounidenses cruzan a Windsor para jugar en el casino Caesars o en el caso de los más jóvenes para disfrutar de la vida nocturna aprovechando que la edad mínima para comprar alcohol en Canadá es 18 años.

La pasajera canadiense de bus, Jewell, no muestra sin embargo mucho entusiasmo por EEUU, país del que también tiene nacionalidad ya que nació allí. En mitad del trayecto le hacía a Univision una confesión sorprendente. Rechazó una oferta de trabajo en un hospital de Detroit después de la victoria de Trump. Los motivos principales son dos: no quería que su hija se educara en una escuela pública durante la era Trump y no quería pagar más por una cobertura de salud que le ofrecería menos.

"Estados Unidos en general se ha vuelto menos atractiva", resume Jewell.

Otra pasajera en el trayecto de la hora siguiente, la canadiense Amber Parker, 26 años, asegura que conoce a gente en Windsor que ha dejado de ir a EEUU. "Para ellos es un boicot silencioso. Gente que antes solía ir por razones de ocio ahora evitan cruzar", agrega Parker, que va a Detroit un par de veces en semana porque allí vive su novio estadounidense. Como Jewell una hora antes, Parker era la única pasajera del autobús.


Según las cifras que facilitó a Univision Transit Windsor, la compañía que gestiona la línea urbana entre los dos países, no ha habido descenso del número de pasajeros desde que Trump ganó la presidencia. Al contrario, entre noviembre de 2016 y febrero de este año hubo 65,015 pasajeros, un crecimiento de casi 500 más con respecto a los mismos cuatro meses del período anterior.

Otros afectados en Windsor por la nueva era Trump son los miembros de la comunidad musulmana, que aquí como al otro lado de la frontera, en el área metropolitana de Detroit, tienen una fuerte presencia.

Algunos aseguran que desde que ganó Trump están siendo sometidos a discriminación racial por parte de los oficiales de frontera estadounidenses. Uno de ellos es Robert Fahra, canadiense que emigró desde Irak hace 11 años.

"Me enviaron a mí y a mi esposa a la habitación sin motivo alguno", se queja. "Creo que era por mi acento". Fahra asegura que nunca antes había sido sometido a un control exhaustivo en el puesto de control entre Windsor y Detroit.

En medio de la confusión causada por el veto migratorio de Trump a finales de enero, el distrito escolar de Windsor canceló todos los viajes estudiantiles a EEUU para evitar problemas de "seguridad" a los alumnos de origen en los siete países de mayoría musulmana afectados por la medida.


Algunos de los inmigrantes que viven en Windsor hablan de una hospitalidad que no sienten en EEUU.

"Aquí es distinto a EEUU, hay respeto a la diversidad", asegura el canadiense de origen sirio Mohamed Kart, quien vivió tres años en Dearborn, Michigan.

También elogian la calidad de la educación y la sanidad en Canadá.

"Es un privilegio vivir en Windsor porque tienes la seguridad y los servicios canadienses y al mismo tiempo estás tan cerca de EEUU que te puedes beneficiar del ocio y el entretenimiento en Detroit", dice Adolfo Delgado, un cubano que emigró a Canadá hace 20 años. Delgado lanzó el año pasado el primer diario en español de Windsor, La Voz Latina, al ver la demanda en la creciente comunidad hispana en la ciudad.

Cambios a NAFTA

Uno de quienes andan preocupados por si conservarán su empleo es el canadiense Randy, otro de los clientes de la línea de autobús del túnel. Trabaja de diseñador arquitectónico en Detroit gracias a una de las visas especiales contenidas en NAFTA para ciertos empleos.

Tras su reunión en la Casa Blanca el mes pasado con el primer ministro canadiense, Trump dijo que hará cambios a la relación comercial con Canadá pero añadió que ambos países saldrían beneficiados.

"Es una situación mucho menos severa que la que está teniendo lugar en la frontera sur", dijo Trump sobre Canadá.

Randy afirma que aquel día se quedó un poco más calmado. "Como yo hay otros preocupados por lo que pasará con NAFTA pero nos ha tranquilizado lo que oímos aquel día".

El líder sindical Dino Chiodo es más pesimista sobre la nueva etapa. Dice que NAFTA ha perjudicado a la industria del automóvil local y teme que una renegociación haga aún más daño.

Windsor era conocida como la 'capital de la industria del automóvil en Canadá' pero en los últimos años ha sufrido por la marcha de fábricas.


General Motors cerró recientemente una factoría que daba empleo a unas 5,000 personas y Ford redujo su plantilla de unos 7,000 a solo 1,500. La única factoria que sigue produciendo sin problemas es la de Chrysler, que emplea a 5,000 trabajadores en el ensamblaje de su minivan de lujo Pacifica.

"Se suponía que NAFTA iba a ser justo, pero hemos visto la desaparición de miles de trabajos manufacturareros por todo Ontario", dice Chiodo, "mi miedo es que ahora todo pueda empeorar".



En fotos: Así es la frontera entre EEUU y Canadá

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