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Votar en tiempos salvajes: ¡salgamos el martes!

“Para qué hemos avanzado hasta donde hemos llegado en materia de derechos civiles, de derechos de las minorías, de libertades civiles, incluso de cultura democrática, si según las encuestas sigue siendo posible que una persona como Donald Trump sea presidente de los Estados Unidos”.
Opinión
Escritor, profesor en Tufts University. Su última novela es Tierra Roja. La novela de Lázaro Cárdenas (Planeta, 2016).
2016-11-02T08:11:47-04:00

Me gustaría decir algunas cosas antes del martes próximo. Lo creo mi más íntimo deber como escritor, como latino y como profesor con la responsabilidad de formar alumnos en este país para que entiendan lo que significa América Latina y lo que significa, también, ser latinoamericano viviendo en este lado del Río Bravo (o Grande, para algunos).

Lo primero que me asusta es la misoginia en esta elección. Una y otra vez hemos visto cómo se trata distinto a la candidata demócrata por ser mujer. El propio director del FBI en julio se salió del guión y la regañó por “sloppy” (negligente, torpe), en un tono condescendiente. Ahora una agencia masculina se atreve a intervenir en la elección y anuncia el viernes pasado de manera críptica que hay nuevos correos que quizá, tal vez, a lo mejor, estén relacionados con ella. Del otro lado un hombre que ha hecho su campaña a partir del insulto –a la mujer, al latino, al otro o la otra, a las minorías sexuales–, se sale con la suya de sus posibles relaciones con Rusia, de múltiples juicios –uno de ellos por presunta violación de una niña de 13 años–, de no pagar sus impuestos (de hecho yo pago más impuestos que él y muchos indocumentados pueden decir lo mismo). Se ha salido con la suya por el privilegio blanco y por el privilegio masculino y porque tiene una mujer como oponente. Las encuestas son claras, si solo los hombres votaran, Trump ganaba con mayoría total. ¡Qué bueno que las mujeres votan!, pienso retroactivamente, porque este individuo, salido de lo peor de la cultura de Mad Man, puede salirse la próxima semana con la suya de nuevo.

Entonces es que me pregunto, con seriedad, para qué hemos avanzado hasta donde hemos llegado en materia de derechos civiles, de derechos de las minorías, de libertades civiles, incluso de cultura democrática, si según las encuestas sigue siendo posible que una persona como Donald Trump sea presidente de los Estados Unidos. ¿Es síntoma de una crisis educativa? Por supuesto, desde los años de reforma que se llamaron, tristemente dumb down the curriculum hasta hoy. Pero no es suficiente explicación. ¿Es una crisis cultural? Por supuesto. Este país ha dejado de ser de mayoría blanca (y por cierto, los blancos tienen solo un 4.3% de desempleo, entonces el supuesto discurso de que los violadores y drogadictos mexicanos nos robamos sus trabajos es falso, como todo lo que él dice, o al menos mentiras a medias que funcionan muy bien dentro de un discurso que es al mismo tiempo fascista y populista).

¿Hay una conspiración para detener a Hilary, para que una mujer no llegue a la presidencia por vez primera? Creo que sí. El propio candidato a la vicepresidencia afirmó que está en contacto con el Partido Republicano y con oficiales en muchos estados para proteger el voto (pero una investigación reciente muestra en realidad que adentro de la campaña de Trump hablan de tres programas de supresión del voto). Esto viola la ley (Constent Act) de la misma manera en que el director del FBI pudo haber violado la ley (Hatch Act) interviniendo en la elección, lo que se ha manifestado en las recientes encuestas. Pero también sigue vigente el Ku Klux Klan Act para impedir ciertas formas de intimidación más graves. En Utah y en otros lugares hemos visto no solo periódicos del KKK, sino “bots” amenazando con no votar por candidatos que son “gays”.

La “integridad del voto”, a juzgar por lo que hemos visto en los días recientes es en realidad una forma nada sutil de sacar(nos) de la jugada, a todos los que somos una minoría en este país. No caigamos en un error “juntos somos mayoría”, porque el problema es que no estamos “juntos”, no somos homogéneos. Nadie que se quede en casa el martes se sentirá moralmente tranquilo si el miércoles los resultados representan lo contrario: división, supresión, exclusión. Sabemos bien lo que significa la segregación, la discriminación. Hemos padecido recientemente, como hace años no lo habíamos sentido, lo que significa simplemente HABLAR ESPAÑOL. En los supermecados, en la calle, se nos ha dicho: “Go to your f--- country”, aunque este sea nuestro país y estemos aquí legalmente o nos hayamos nacionalizado. Es tiempo de parar esto. Nosotros podemos hacerlo. Los latinos –o hispanos, como algunos nos llaman– solos, podemos marcar la diferencia en esta elección. Si Hillary gana Florida –o incluso, Texas, aunque sé que esto es una ilusión– el mensaje será claro: no hay vuelta atrás, vivimos en el 2016. ¡Viva la diversidad!

No se podría poner peor, pensamos hace semanas, pero esta es la más nefasta y políticamente baja campaña política en la historia de la democracia. Es la primera vez en que hay una sospecha lógica de que Rusia está participando activamente con Wikileaks y en relación con el candidato republicano: un reciente reportaje en Slate habla de un probable servidor y de las ligas con un banco ruso entre el propio Trump –no solo su antiguo jefe de campaña–, lo que es realmente complicado. Ah… pero es hombre, no mujer, y puede salirse con la suya… de nuevo.

Espero que todos los latinos salgan el martes próximo a detener esas verdaderas amenazas a la democracia. La única manera de hacerlo es salir a votar por Hilary Clinton. Bernie Sanders, Barack Obama, Elizabeth Warren, la genial Michel Obama están diciendo lo mismo. Votar por Hillary se ha vuelto no solo un deber cívico, sino un deber moral. Si el votante es mujer, es afroestadounidense, es musulmán, es latino, ¿cómo no hacerlo? Se trata de una defensa de la identidad, del sueño americano. También es, curiosamente, una defensa de la democracia y sus valores. Ellos quieren detener a Hillary por ser mujer, por defender esos derechos de las minorías. ¿Podemos dejarlos salirse con la suya?

Es quizá la primera vez en que el 9 de noviembre podamos decirle a Mr. Trump en su cara: “Somos más, somos mejores, creemos en los Estados Unidos. Por una única ocasión, señor, no se ha salido usted con la suya por ser hombre, por ser blanco”.

Este es un mundo distinto. No vivimos en 1950. El martes tenemos que salir a demostrarlo con nuestros votos. No podemos pensar que el Colegio Electoral y los 270 votos ya son de Hillary. La batalla estará combatiéndose estado por estado, condado por condado. El ejemplo de Carolina del Norte es muy claro.

A partir del primer día de la presidencia de Hillary Clinton nuestro deber moral será distinto, asegurarnos de que cumpla con lo que ha prometido. Por ahora, sin embargo, ninguna división nos permitirá ganar. Entiendo las antipatías que genera y comparto muchas de ellas, pero entiendo lo que está en juego. Y, perdón que lo diga, lo que tenemos que perder es grande, es enorme. Es todo.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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