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Sálvese quien pueda

"Muchos reabrieron las actividades públicas antes de tiempo, desoyendo los consejos de sus propios funcionarios sanitarios, sin prepararse debidamente para los previsibles rebrotes y sin planes concretos ni recursos suficientes para expandir las pruebas de coronavirus y el rastreo de personas contagiadas".
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2020-06-29T10:53:27-04:00
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Por las redes sociales circula la consigna “sálvese quien pueda” como sustituta del “quédese en casa” que hizo furor en Estados Unidos durante los dos primeros meses de la pandemia. Es un claro reconocimiento de que los estadounidenses hemos perdido la batalla contra el terrible coronavirus.


Nos ha contagiado, oficialmente, a casi 2,600,000 personas. Ha matado por lo menos a 126,000. Ha destruido gran parte de nuestra economía. Ha arrojado a 45 millones de personas al desempleo y a un número indeterminado a la pobreza y el desahucio. Y todavía nos hallamos a la mitad de la catástrofe, si es que finalmente nos sonríen los hados, surgen tratamientos efectivos y, sobre todo, se crea la milagrosa vacuna que le ponga freno a tantos sufrimiento e incertidumbre.

Con lo que no podremos contar es con un liderazgo político firme y efectivo que ayude realmente a mitigar el desastre. Nuestros líderes nacionales han tenido más de cuatro meses para tomar medidas prácticas y han fallado la prueba miserablemente, haciendo la crisis por la pandemia mucho más costosa en vidas y recursos de lo que debería ser.

El sacrificio que casi todos compartimos, renunciando durante un tiempo a las actividades públicas, cerrando negocios, perdiendo empleos, aplazando visitas médicas y cirugías, observando reglas de distanciamiento social y hasta enviando familiares y amigos solos a sus tumbas, no solo no ha bastado para ganarle al virus; ni siquiera ha servido para contenerlo y aislarlo de manera que volviera a ser posible la elusiva normalidad.

La falta de liderazgo político a nivel federal ha sido contumaz y desastrosa. El presidente Trump de manera sistemática ha negado la gravedad de la crisis, rehusado dar el ejemplo con el uso de mascarilla y el ejercicio de distanciamiento social y mentido como un bellaco sobre la enfermedad, habiendo llegado a afirmar la semana pasada, con asombrosa desfachatez, que el virus “se está disipando”. Esto en el preciso momento en que está sucediendo lo contrario en gran parte del país.

Sus principales asistentes le han hecho eco, justificando y ampliando sus mentiras y actuando como monos de imitación en lo concerniente a las prácticas preventivas que, por ahora, son nuestro único recurso de frenar la pandemia. Para no enconar al Gran Timonel, tampoco usan mascarilla frente a las cámaras fotográficas y se hacinan como sardinas en lata en los actos públicos en los que comparecen.

Ante la ausencia de liderazgo federal, los gobiernos estatales y locales han actuado cada uno por su cuenta, poniendo y quitando restricciones, informando o desinformando a sus residentes y buscando chivos expiatorios para la pandemia – trabajadores agrícolas, hispanos que “viven hacinados”, etc-.

Muchos reabrieron las actividades públicas antes de tiempo, desoyendo los consejos de sus propios funcionarios sanitarios, sin prepararse debidamente para los previsibles rebrotes y sin planes concretos ni recursos suficientes para expandir las pruebas de coronavirus y el rastreo de personas contagiadas. Sin estos elementos importantes no se podrá sofrenar la pandemia hasta que aparezcan tratamientos y vacuna.

Para cualquier persona razonable y bien informada, era evidente que el país debió permanecer cerrado más tiempo para prepararse mejor. En lugar de ello, los gobernadores, especialmente los republicanos, reabrieron prematuramente sus estados a instancia de Trump, quien todo el tiempo ha tenido en mente la idea de que debe fingir que no vivimos la crisis que vivimos para mejorar sus perspectivas de reelección.

Los gobernadores demócratas que quisieron esperar un poco más enfrentaron duros ataques personales del presidente y las presiones de brigadas trumpistas de respuesta rápida que, a veces con armas largas, los acosaron en los centros de gobierno y frente a sus residencias familiares.

La Casa Blanca ha llegado al extremo de obstruir la comunicación entre los expertos sanitarios del gobierno y el público expuesto a diario al contagio, la enfermedad y la muerte. La fuerza especial que Trump encomendó al vicepresidente Mike Pence no hizo una presentación pública durante dos meses. Y al doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas, se le ha prohibido comparecer en actividades informativas en las que él mismo había solicitado participar.

Como consecuencia, casi cinco meses después de que empezara, Estados Unidos no tiene control sobre la pandemia ni tampoco sobre la crisis económica que aquella ha provocado. Los mismos gobernadores que con mucha fanfarria reabrieron sus estados demasiado antes de tiempo, para congraciarse con su Dear Leader y su base radical, como Greg Abbott de Texas, Doug Ducey de Arizona y Ron DeSantis de la Florida, reaccionan ahora con desconcierto, ordenan cierres parciales, dan palos de ciego.

Los Centros para el Control de Enfermedades han dado el paso extraordinario de enviar cuadrillas de expertos para evaluar la situación en esos y otros estados sin que sus líderes ineptos las solicitaran. Mientras tanto nosotros, los de a pie, ciudadanos librados a nuestra propia suerte, tendremos que conformarnos con tomarnos muy en serio la nueva consigna aterradora: sálvese quien pueda.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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