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Nuestra orgía de violencia nace del odio

"Si por algo podemos apostar - como podemos apostar a que el sol saldrá cada día - es porque tras las matanzas de inocentes el pasado fin de semana, nada cambiará fundamentalmente".
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-08-05T16:09:40-04:00

A los ojos de lo que queda de mundo civilizado, que no es mucho – nunca lo ha sido - en materia de violencia de las armas Estados Unidos ha rebasado la definición de locura que ofreciera Albert Einstein: “hacer lo mismo una y otra vez, pero esperar resultados diferentes”.

Si por algo podemos apostar - como podemos apostar a que el sol saldrá cada día - es porque tras las matanzas de inocentes el pasado fin de semana, nada cambiará fundamentalmente. Poco importa que hayamos experimentado algunos de los días más sangrientos en la historia del país, con un saldo de 32 muertos y decenas de heridos en tres atentados en Gilroy, California, El Paso, Texas y Dayton, Ohio.

La realidad es que un partido político entero, el republicano, y sus seguidores obnubilados no nos permitirán nunca que protejamos a nuestros hijos y nietos, y a nosotros mismos, mejor que a las armas de fuego.

A ese fanatismo ciego por las armas debemos agregarle ahora las monstruosas peculiaridades del ataque en un Walmart de El Paso, Texas, donde la constante prédica y práctica de odio del presidente Trump hacia los inmigrantes, especialmente a los de origen hispano, se encarnó en la malevolencia con que un joven envilecido por el racismo y la xenofobia asesinó a 20 personas e hirió a decenas, en su mayoría hispanos y por más señas mexicanos.

Fue, sí, una monstruosidad en la inspiración y la ejecución. Pero una monstruosidad absolutamente previsible si tenemos en cuenta que el hombre que ocupa la tribuna de mayor resonancia en el país lleva años descargando exabruptos contra los extranjeros, especialmente contra los hispanos y, en particular, contra aquellos que provienen de México y Centroamérica o son de origen mexicano y centroamericano.

Por demencial que parezca, no solo podemos predecir que otros racistas enardecidos esgrimirán sus armas de fuego y odio para asesinar a más personas de minorías étnicas. Ambas clases de armas les resultan de fácil acceso. También podemos prever que contarán con las mismas excusas entre los responsables indirectos de sus ataques, que son los políticos y comentaristas radicalizados.

Estos irresponsables continuarán diciendo que los mexicanos y centroamericanos invaden el país, que las minorías étnicas como la negra y la “marrón” (brown) se están adueñando de nuestros gobiernos, nuestros trabajos y nuestras riquezas y que a quienes los asesinan a balazos se les va la mano pero solo porque sufren de “enfermedades mentales” o porque ven “demasiados juegos de video violentos”.

Ellos, que supuestamente están mentalmente cuerdos, solo son partidarios de detener a los extranjeros en la frontera de México, encerrarlos indefinidamente en campos de detención, deportarlos en masa, ignorar los reclamos de aquellos que solicitan asilo y amenazar con represalias a los países de donde provienen.

El culto a las armas de fuego es un vicio letal y enajenante de la sociedad estadounidense que tiene un larguísimo historial y que ha dejado un reguero de muerte y destrucción. Pero a él se suma ahora el discurso de odio del presidente Trump y sus cómplices y facilitadores, quienes a propósito apelan a las más bajas pasiones de muchos estadounidenses, como el racismo, la xenofobia, el resentimiento social y el fanatismo religioso, para arrojárnoslos como si fueran dardos envenenados al resto de los norteamericanos y a los inmigrantes.

Ya sabemos cómo han terminado estas campañas de odio en el pasado no solo en Alemania, Rusia, China, la antigua Yugoslavia y muchos otros países, sino aquí mismo en Estados Unidos. Por lo tanto, no es difícil entender el campo minado por el que atravesamos ni tampoco imaginar el probable desenlace de crueldad y violencia, de destrucción y muerte.

Quisiera concluir, como en otras ocasiones y en otras columnas sobre el mismo tema, con un mensaje de aliento y optimismo, con la sugerencia esperanzadora de que aún estamos a tiempo de corregir el rumbo torcido por el que vamos. Pero, francamente, la triple matanza de estos últimos días apenas deja espacio para el optimismo. Invocarlo sería intelectualmente deshonesto, profundamente inmoral.

En lugar de ello, prefiero expresar escepticismo ante las palabras con que hoy el presidente Trump ha condenado por fin el “supremacismo blanco”, al que tanto provecho político ha sacado, y prometido esfuerzos, en los campos de la salud y la justicia criminal, para enfrentar la violencia.

Mi escepticismo no solo se basa en los hechos trágicos que hemos vivido, sino en la ausencia total de contrición o arrepentimiento en el discurso de Trump, de una admisión de responsabilidad, de reconocimiento de la tirria divisiva que él mismo ha generado o agravado; y de cualquier referencia seria al rol de las armas en la carnicería humana.

Mi escepticismo se basa, además, en que dudo que el presidente y sus facilitadores acepten medidas significativas contra la violencia armamentista y el terrorismo doméstico porque saben que tales medidas irían contra mucho de lo que el presidente representa, incluyendo a esa famosa “base” a la que tantos comentaristas atribuyen grandes inseguridades y creencias alucinantes, sin atreverse a juzgarla.

Trump achacará su responsabilidad a otros – los demócratas, los periodistas, los inmigrantes - y probablemente acabará imponiendo condiciones onerosas a cualquier posible concesión en materia de armas, condiciones que ninguna persona decente aceptaría.

No, después de los hechos sangrientos de Gilroy, El Paso y Dayton – y después del odio cerval que los inspiró - no hay motivos para ser optimistas, sino para comenzar a pensar en cómo nos ganamos de nuevo, como colectividad humana, el derecho a volver a ser optimistas y a tener esperanza.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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