La vida en la frontera de California: "El miedo a ser deportada nunca desaparece por completo"

Como dreamers que somos, enfrentamos una constante incertidumbre sobre nuestro destino. Pero también tenemos fe en que las personas conscientes vencerán las peores propuestas de Trump.
Opinión
Dreamer y gerente de integración de inmigrantes de Alianza San Diego.
2017-12-17T11:25:00-05:00

Nací en Ciudad de México, y he vivido en San Diego, a pocos kilómetros al norte de la frontera con México, durante casi 20 años. Pero el área entre la parte de la ciudad donde crecí y el país en el que nací está casi fuera de mi alcance y el de familia debido a nuestro estatus migratorio.

Manejar hasta el centro comercial en San Ysidro, en la parte más sureña de San Diego, o visitar la cercana ciudad de Chula Vista para el trabajo de mi madre siempre fue un riesgo debido a la presencia de la Patrulla Fronteriza.

Sus agentes están en todas partes a lo largo de la frontera sur de California. Se pueden ver en las estaciones de tranvía, en las autopistas, en los estacionamientos de las tiendas de víveres. Su presencia es un recordatorio físico de la constante amenaza de deportación que sienten mi familia y mi comunidad.

Tengo más protección que mi madre, mis tías, tíos y otros parientes y amigos debido al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que de 2012 a septiembre de este año nos protegió a mí y a 800,000 personas más de la deportación mientras no cometiéramos ningún crimen

Pero nuestro futuro está en peligro porque el presidente Trump decidió ponerle fin a DACA. Trump dice que quiere llegar a un acuerdo que les dé protección a los dreamers, pero también está ejerciendo presión para reforzar la seguridad fronteriza y la aplicación de la ley de inmigración.

Están utilizando nuestras vidas como instrumentos de negociación política para militarizar aún más nuestras comunidades.


El hecho es que los estados fronterizos se han militarizado enormemente a lo largo de los años, con miles de agentes que no rinden cuentas y que pueden detener, registrar e interrogar a cualquier miembro de la comunidad sin una causa probable. Los agentes fronterizos que han cometido un asesinato no han rendido cuentas de sus acciones y continúan trabajando para la patrulla fronteriza actualmente.

La iniciativa de Trump de buscar más agentes fronterizos nos hace sentir que somos el blanco, ya que se estima que uno de cada cinco beneficiarios de DACA vive en la región fronteriza, y la mitad de los dreamers vive en los cuatro estados fronterizos del sur: California, Arizona, Nuevo México y Texas.

Aumentar la seguridad fronteriza a cambio de un acuerdo sobre DACA, presumiblemente a través del Dream Act, promovida por los demócratas, podría significar exponer a nuestros padres y familiares a la ya enorme máquina de deportación de Trump en la frontera donde vivo.

El miedo a ser deportada nunca desaparece por completo, pero gracias a DACA he podido hacer cosas que nunca pensé que podría: estudiar la educación superior, tener una carrera satisfactoria y obtener una licencia de conducir — todo eso sin la aplastante preocupación de ser detenida o deportada.

La incertidumbre sobre nuestro destino como residentes inmigrantes de este país es enorme. Pero también lo es nuestra fe en nosotros mismos y en la capacidad de las personas conscientes para vencer las peores propuestas de Trump.

Aunque podría haberme sentido impotente el 5 de septiembre, cuando se anunció el fin de DACA, en lugar de eso me subí al escenario con otro activista y compañero dreamer en un mitin para demostrarle a la Casa Blanca que no tomaríamos esa decisión cruzados de brazos.

Sentí mucha energía de las personas que nos observaban. Se podía ver la esperanza en sus ojos mientras cantaban y gritaban con nosotros. Fue entonces cuando supe que teníamos más amor que odio.

A medida que el congreso continúa debatiendo sobre nuestro futuro, el tiempo se nos sigue acabando. Nuestra capacidad para hacer el bien a nuestras comunidades se agota más cada día. Es inaceptable que nuestras comunidades y nuestros jóvenes inmigrantes retrocedan ahora.

Tenemos la oportunidad y el deber de defender las vidas y los derechos de las personas de nuestras comunidades que se ven amenazadas por las políticas opresivas e inmorales en una nueva era de odio y división. Retroceder ya no es una opción.

Este es el momento de pedir a gritos liderazgo moral. Los estadounidenses deben hacer lo correcto y escuchar a millones de jóvenes inmigrantes y a nuestros aliados que piden la aprobación inmediata de un Dream Act limpio.

Ahora es el momento.

Esta columna, publicada originalmente en The Guardian en inglés, forma parte de un proyecto del diario anglosajón en que invitó a cuatro dreamers como editores durante tres días.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Ver también: