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La prioridad de los inmigrantes es seguir luchando

“La elección plasmó el elitismo demócrata y de los sectores liberales, así como dar por sentado el apoyo de ciertos segmentos electorales. La arrogancia no es buena consejera”.
Opinión
Asesora ejecutiva de America's Voice.
2016-11-14T09:54:37-05:00

Aquello de ya ni llorar es bueno aplica perfectamente a la realidad de que Donald J. Trump es el presidente electo de Estados Unidos.

Hay que arar con los bueyes que nos han tocado y hay mucha tarea por delante.

Por ejemplo, hay temor e incertidumbre entre la comunidad inmigrante y sus aliados sobre qué pasos tomará Trump cuando asuma la presidencia, considerando que como candidato prometió deportaciones, levantar un muro en la frontera con México y revocar acciones ejecutivas como DACA, que ha amparado de la deportación y provisto permisos de trabajo a cientos de miles de jóvenes sin documentos que fueron traídos de niños por sus padres.

Trump dijo en la cadena CBS que deportará a 2 o 3 millones de indocumentados con historial delictivo, y que una vez asegurada la frontera se determinará qué hacer con el resto. El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, aseguró en CNN que en el gobierno de Trump no habrá deportaciones masivas.

Pero la presencia de figuras antiinmigrantes en el equipo de transición de Trump no alivia los temores de la comunidad inmigrante y sus aliados. Kris Kobach, el secretario de Estado de Kansas, asesora al presidente electo en materia migratoria. Kobach es el impulsor del concepto de autodeportación, es decir, de hacer la vida de los indocumentados tan complicada, que opten por salir de Estados Unidos voluntariamente.

La preocupación más inmediata es qué pasará con el programa DACA si Trump lo revoca.

La batalla que se avecina no será sencilla.

Pero, dicho esto, no hay que desaprovechar la ocasión para aprender de los errores.

Elección tras elección se habla de la importancia de movilizar el voto latino que, hasta ahora, se inclina hacia el Partido Demócrata en parte porque el Partido Republicano, ciclo tras ciclo, ha endurecido su discurso y sus propuestas migratorias.

No obstante, el Partido Demócrata y las campañas demócratas no invierten lo suficiente en cortejar este voto en forma constante y estratégica, y no meses o semanas antes de la elección.

En este ciclo electoral se cometió el error de pensar que la retórica y las propuestas antiinmigrantes de Trump, y el haberse referido a los inmigrantes y a los mexicanos como criminales, serían suficientes para que ese voto hispano se volcara en las cifras requeridas para que Clinton ganara la presidencia. Sí, el voto latino aumentó; sí ayudó a Clinton a ganar estados como Nevada y Colorado. Incluso en la Florida, la participación latina fue histórica, pero no pudo equiparar la fuerza del voto anglosajón pro-Trump.

Y es aquí cuando cobran importancia la constancia y la inversión en registrar y motivar latinos porque recordemos que en esta comunidad hay fatiga, al menos cuando del tema migratorio se trata. Los casi ocho años de la presidencia de Obama no han sido sencillos para los indocumentados y sus familiares ciudadanos y residentes permanentes. Obama rompió récords de deportaciones y aunque se han tomado medidas para centrar esas remociones en verdaderas amenazas a la seguridad nacional, la realidad es que no siempre es así y miles de familias han sido separadas.

Además de la fatiga, los demócratas tienen que aprender de una vez por todas que la comunidad hispana no es homogénea, que tiene diversos intereses, puntos de vista e ideologías; y aplicarles una sola estrategia pensando que apelará a todos, no tiene sentido.

Claro está, sin duda muchos votantes optaron por quedarse en casa o emitir un voto de protesta por terceros candidatos o incluso por Trump y ahora parecen entender que las elecciones tienen consecuencias.

Esta elección también echó por tierra el argumento de que no hay suficientes votantes anglosajones para catapultar a un republicano a la Casa Blanca. Se ha dicho que sin el voto latino los republicanos no ganan la Casa Blanca, pero Trump lo logró ofendiendo a los latinos, presentando medidas antiinmigrantes y con el voto latino en contra.

Eso implica que los demócratas subestimaron al voto anglosajón no solo en zonas rurales, sino en áreas donde este sector ha visto los trabajos desaparecer para establecerse en otros países. Entre esos votantes blancos hay muchos demócratas que optaron por Trump y no por Clinton.

En otras palabras, la elección plasmó el elitismo demócrata y de los sectores liberales, así como dar por sentado el apoyo de ciertos segmentos electorales. La arrogancia no es buena consejera. Y sin lugar a dudas plasmó el descontento del voto anglosajón sumado al racismo de un sector republicano temeroso de la realidad del cambio demográfico en Estados Unidos.

Pero mientras los republicanos celebran y los demócratas preparan su autopsia, la comunidad inmigrante no tiene tiempo para cálculos políticos porque su futuro inmediato está en juego. Para esos inmigrantes, sus familias y quienes abogan por ellos, la pelea continúa.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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