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Twitter en tiempos de Musk: nada fue lo que parecía

"La gran sorpresa ha sido el narcisismo desmedido con el que Musk trata su propia persona en público, el excentricismo sin descanso, el irrespeto por las personas con las que se topa, y la indiscreción con que se comunica en Twitter (es difícil imaginar que un individuo así tenga la sindéresis para manejar una plataforma que se ha vuelto tan importante para la opinión pública)".
Opinión
Periodista/especialista en narrativas de ficción y no ficción.
2022-11-18T15:40:26-05:00
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"Musk responde al público con ironías, se burla de senadores, distribuye información falsa". Crédito: Susan Walsh/AP

Prometía, para algunos, ser una liberación sin remilgos de cualquier norma editorial de la plataforma informativa. Otros esperaban una radicalización trumpista que pondría a la red del pajarito al servicio del extremismo republicano. Algunos aguardaban para observar una nueva gesta de uno de los más grandes emprendedores de nuestro tiempo.
Pero todo ha sido distinto de lo que nadie podía suponer.

Un esfuerzo necesario, primero, hay que hacerlo separando las impresiones que nos da Elon Musk (nos caigan de maravilla o pesadísimas) y los hechos. Así como identificar cuáles de sus comunicaciones nos dice, para bien o para mal, qué cosas.

No es posible no tomar en cuenta a la hora de hacer una evaluación, que Elon Musk es uno de los grandes inventores de nuestro tiempo. No es sólo un emprendedor y un empresario, sino un ambicioso generador de grandiosas novedades como los primeros carros eléctricos comerciales y uno de los primeros sistemas prácticos para conocer el espacio. Se dice rápido pero son empresas monstruosas que usualmente toman imperios enteros.

Una gran revolución de internet, tal como le conocemos, está en marcha también con Starlink.

Implica constancia, curiosidad enorme por el conocimiento, una inteligencia al menos extraordinaria. Una ambición ilimitada en todos los terrenos.

Pero hay más. En lo político, Elon Musk ha dado unas muestras de filantropía de las que pocos podrían jactarse: ha dado servicios de internet gratis a toda Ucrania y a Irán. Es un gesto que significa millones y millones de dólares, nada más y nada menos que por la causa de la libertad.

Así que despacharlo con la primera etiqueta que la agenda fanática liberal propone, es decir, como un millonario que lo que quiere es reponer a Trump en Twitter (desatino que perfectamente puede ocurrir), es mera flojera mental, conformismo de pensamiento.

Por lo demás, el mismo Musk ha contado que votó demócrata por mucho y que, por balance democrático, recomendaba votar republicano para balancear a la Casa Blanca, como suponen los contrapoderes en democracia.

Así que, nos gusten o no sus opiniones, es un hombre que, además de ser un visionario, tiene cabeza propia en el ámbito político.

Pero, en el caso de Twitter, todo empezó mal desde el principio: Musk hizo una apuesta colosal. Después de comprar una millonada en acciones, ofreció y firmó un acuerdo de compra por 44,000 millones de dólares. A contravía de como suelen ser estas negociaciones, todo era público: de dónde sacó el dinero, sus intenciones e inconformidades con la plataforma, cómo iba el proceso.

Pero en el camino parece haberse arrepentido, y exprofeso -o por pura imprudencia- comenzó a dinamitar el acuerdo de compra, exhibiendo información que en los documentos constaban data confidencial. De hecho, quiso arrepentirse de la transacción, pero un tribunal lo obligó a culminarla.

Arregañadientes y con una enorme deuda, Musk entró a su nueva compañía cargando un lavamanos. Lo que muchos esperaban, afortunadamente, no sucedió: respecto a las normas editoriales de Twitter, Musk no ha actuado improvisadamente.

A pesar de sus afirmaciones ramplonas que defendían "la libertad" sin responsabilidad alguna, apenas se confrontó con la realidad y se dio cuenta de que era tan compleja como cualquiera de sus retos tecnológicos, hizo lo que haría un individuo con su genio: nombró un comité con los más diversos puntos de vista, de manera que los temas álgidos para la plataforma, como diversidad, protección, responsabilidad, odio, desinformación, etcétera, fuesen normados por un consenso de profesionales variados, especialistas en el tema incluidos. Las transformaciones por venir aún no se conocen.

Hasta ahora no ha habido ningún cambio editorial. Ni siquiera Donald Trump ha reingresado a la plataforma.

La gran sorpresa ha sido el narcisismo desmedido con el que Musk trata su propia persona en público, el excentricismo sin descanso, el irrespeto por las personas con las que se topa, y la indiscreción con que se comunica en Twitter (es difícil imaginar que un individuo así tenga la sindéresis para manejar una plataforma que se ha vuelto tan importante para la opinión pública).

Musk responde al público con ironías, se burla de senadores, distribuye información falsa (como que el esposo de Nancy Pelosi estaba con un prostituto y borracho la noche en que lo atacaron), se mofa de la gente que ha despedido.

La molestia que ha producido en los empleados es tal, que entre despedidos y renunciantes, idas y regresos (Musk se toma fotos con la gente a la que, después de despedida, les ha pedido que regresen) se han gestado rumores de saboteo de la empresa -que nadie ha confirmado, ni siquiera él- y hasta que está en marcha un proyecto para un Twitter paralelo.

Entrar a Twitter se ha convertido en entrar a la plataforma de Elon Musk, su medio personal, desde el que juega, bromea, dispara y usa el poder de esa red para promover sus opiniones e intereses. Es un reality show en pleno desarrollo.

Recientemente ha dicho que la red pierde cuatro millones de dólares diarios, primero, pero luego que la plataforma de los trinos goza en la actualidad del mayor flujo de uso y usuarios de su historia.

Es una empresa que se ha desinstitucionalizado.

Un cambio ya anunciado -primero con un cobro de 8 dólares, pero esa medida fue suspendida luego de una avalancha de protestas y la aparición de numerosas cuentas falsas- es que a partir del 29 de noviembre, Twitter relanzará su mecanismo de verificación.

Mientras tanto, el mundo tiene una plataforma intacta, con su imagen más vulnerada que lo que ya estaba, primero por la cantidad de desinformación que distribuía, y luego por las arbitrariedades que supone censurar la desinformación.

Y, para colmo, ahora tiene al centro al innovador más audaz y reconocido de tiempos recientes, convertido en el protagonista de un circo vergonzante que ojalá terminara pronto.

Nada fue lo que parecía.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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