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"En realidad, sí nos importa, Melania"

Un proyecto de ley presentado ante el Congreso pretende reorientar los esfuerzos estadounidenses mediante la ayuda a los países de origen de la migración centroamericana para que creen las condiciones necesarias que hagan que sus ciudadanos quieran quedarse en sus propios países.
25 Jun 2018 – 6:03 PM EDT

Los vertiginosos vericuetos que tuvo el debate migratorio de nuestro país la semana pasada produjeron una mezcla comprensible de indignación, confusión y frustración entre muchos estadounidenses de todo el espectro político.

Horrorizados al ver a niños pequeños separados de sus padres que solicitaban asilo en nuestra frontera sur, pero al mismo tiempo insistiendo en que Estados Unidos tiene la capacidad para vigilar sus fronteras y determinar a través del debido proceso legal a quién admite, algunos pueden haberse hecho eco del mal elegido lema en la vestimenta de la Primera Dama, y pueden haberse resignado. "A mí no me importa. ¿Y a ti?".

Pero como exdiplomáticos y embajadores estadounidenses de carrera que sirvieron en América Latina, todavía nos importa. Y sabemos que a la mayoría de los estadounidenses también les importa, a pesar de la polarización y la politización del asunto.

Afortunadamente, parece que a algunos legisladores también les importa y están intentando hacer algo más que provocar mediante tuits o pavonearse en C-SPAN.

El viernes pasado, el miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes Eliot Engel (Demócrata de Nueva York), Norma Torres (Demócrata de California) y Adriano Espaillat (Demócrata de Nueva York) presentaron la Ley de Reunificación y Protección de las Familias Centroamericanas. La legislación propuesta busca una mejor comprensión y capacidad para abordar las causas de los factores migratorios que han llevado a muchos centroamericanos a solicitar el estatus de refugiados en Estados Unidos.

El proyecto de ley volvería a poner al Departamento de Estado en el ruedo de la política, algo que vendría muy bien después de que el ex Secretario Tillerson marginara de la discusión de forma unilateral a nuestros diplomáticos y embajadas. Se les encarga la tarea de investigar e informar sobre las condiciones de la violencia de pandillas, la violencia de género y el abuso doméstico, la impunidad judicial y estado de derecho en las naciones del Triángulo Norte de donde proceden los migrantes. Esto no es una "NOTICIA FALSA", sino un proceso de recopilación y análisis de información hecho de forma profesional, profunda e imparcial para el que los diplomáticos profesionales están excepcionalmente calificados.

El proyecto de ley también le da la tarea al Secretario de Estado de trabajar en coordinación con el Congreso, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) y la independiente Fundación Interamericana para diseñar estrategias que ayuden a Guatemala, Honduras y El Salvador a reducir todo tipo de violencia, fortalecer la respuesta estatal y tratar el trauma psicológico de los niños retornados que han sido doblemente abusados, primero por la violencia y la pobreza de sus países de origen, y luego por la experiencia de ser separados y aislados de sus padres en Estados Unidos.

El proyecto de ley no aboga por fronteras abiertas. No busca amnistía para los extranjeros indocumentados que viven actualmente en Estados Unidos. No aborda un camino hacia la ciudadanía o el estatus de los Dreamers. Todas estas cuestiones polémicas deberán tratarse en algún momento.

Pero para aquellos a quienes sí nos importa, y queremos arreglar nuestro dilema migratorio, esta legislación es una excelente iniciativa que intenta prevenir, en lugar de gritarle al otro partido que no estamos moralmente obligados a pagar por la cura con el dinero de los contribuyentes estadounidenses. Admitámoslo. Mientras el PBI per cápita en Estados Unidos sea más de veinte veces superior al de Honduras, los factores que motivan la migración se mantendrán.

Entonces, ¿cómo cambiamos la dinámica y dejamos de jugar a la defensiva todos los días en nuestra propia línea de la primera yarda?

Estos congresistas (dos de ellos nacidos en el extranjero, por cierto) lo entienden: ayudando a los países de origen de la migración a crear condiciones para que sus ciudadanos tengan futuro en esos países y no en Estados Unidos. Entienden que la confusión y el caos retórico creado por la política migratoria ad hoc de la Administración solo alimenta la inestabilidad en América Central y pone en peligro el importante progreso que se ha logrado allí en los últimos años al abordar estos factores impulsores. Esta legislación representa un importante paso adelante para reorientar nuestros esfuerzos hacia donde hacen más falta.

Una consideración importante que el proyecto de ley no aborda (y no puede abordar, pues se origina en un comité de autorizaciones), pero que deben ser asumida por los comités de apropiaciones, es la financiación para proveer de personal este ejercicio de ir tras las causas de la migración centroamericana.

Las embajadas ya tienen dificultades bajo el gran peso de los requisitos de presentación de informes ordenados por el Congreso. Sin embargo, pocos asuntos tienen la inmediatez y la relevancia directa para el bienestar del pueblo estadounidense como el asunto de la migración indocumentada. Este asunto es diferente. Este asunto tiene que ver con el alma y el espíritu de Estados Unidos como nación basada en generaciones emprendedoras de arriesgados y arduos trabajadores que buscaron y contribuyeron al Sueño Americano.

Por lo tanto, instamos al Congreso, conforme considera este importante proyecto de ley, a que considere también una pequeña inversión para revertir la congelación contraproducente implantada por el ex Secretario Tillerson sobre la contratación y capacitación de nuevos diplomáticos en el Departamento de Estado. Concédanle al Secretario Pompeo el personal adecuado y la fuente de recursos que necesitará para contribuir a soluciones prácticas, pragmáticas y no partidistas para el desastre migratorio en el que nos encontramos.

Después de todo, somos estadounidenses. Simplemente debemos preocuparnos si queremos vivir a la altura de nuestra envidiable herencia histórica como una nación fuerte pero compasiva, cimentada en el estado de derecho.


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*John Feeley fue embajador de Estados Unidos en Panamá de 2016 a 1818 y actualmente es consultor político de Univision y miembro de la junta de Inmigration Partnership and Coalition. James Nealon fue embajador de Estados Unidos en Honduras de 2014 a 2017 y ahora es Investigador en el Woodrow Wilson Center.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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