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En la era ‘postfactual’ no importa la verdad: la idea de “cambio” ganó por la forma, no por el contenido

“Adiós, un largo adiós a la convivencia democrática, moderna, pacífica, entre culturas, razas, religiones, en el país del sueño americano”.
Opinión
Escritor, profesor en Tufts University. Su última novela es Tierra Roja. La novela de Lázaro Cárdenas (Planeta, 2016).
2016-11-09T09:40:44-05:00

Adiós, adios. No fuimos un muro. Los latinos no lo logramos.

Adiós Affordable Care Act, que para insultar llaman ‘Obamacare’. Adiós seguridad social y médica. Adiós matrimonio igualitario. Adiós dreamers y la posibilidad de una reforma migratoria. Adiós una Suprema Corte del siglo XXI, para el siglo XXI. Adiós tratados de libre comercio, adiós derechos civiles, adiós a una policía cercana a su comunidad y que no se base en la discriminación racial y étnica.

Adiós apertura religiosa verdadera —no falsa tolerancia—, y por ende adiós a la posibilidad de que un musulmán, por ejemplo, pueda vestir, practicar, orar y vivir como tal en Estados Unidos. Adiós a la posibilidad de pago igualitario a mujeres. Adiós quizá incluso a mujeres en el sector militar: algo en lo que no solo Trump, sino Pence, piensan igual. Adiós, un largo adiós a la convivencia democrática, moderna, pacífica, entre culturas, razas, religiones en el país del sueño americano. Adiós a los derechos de las minorías, a la educación pública y a la posibilidad de revertir la locura en la que se han convertido las deudas universitarias de cientos de miles de jóvenes norteamericanos. Adiós a la utopía –si es que quedaba algo en estas tierras antes de la elección. Adiós, adiós.

¿Esto es una pesadilla? ¿Nos despertaremos de ella en cuatro años, durará ocho o incluso cambiará para siempre el panorama de la autodenominada mayor democracia del mundo? No me quedan palabras, solo interjecciones. Pronunció la menos peligrosa: ¡Uf!

Los mercados en la tarde y la noche fluctuaron de la misma manera que en el Brexit. El peso llegó a 18.20. Hoy caerá a 20 o más. Los mercados y los especuladores definen muchas cosas. Pero la definición en realidad, parece que la hizo el director del FBI. Comey no solo participó, sino que definió esta elección.

¿Y nosotros? ¿Qué significa esta elección? Muchas cosas. Primero el problema grave, ¿qué será de nosotros en la vida cotidiana? El odio se levanta de tal manera que lo destruido por Trump nos llevará décadas recuperar. ¿Por qué no salimos en cantidades suficientes en Florida, o en Texas e incluso en Carolina del Norte? ¿Será que creímos que nuestro voto no contaría? Cada voto que no hicimos cuenta ahora. Cuenta porque nuestros hijos irán a las escuelas donde cada vez que hablen español o digan que son mexicanos serán terriblemente discriminados. ¿Hablaremos español en la calle o en el supermercado? ¿Nos atreveremos? ¿Nos dirán que nos regresemos a nuestro jodido país? Por supuesto que siempre recordaremos Nevada en ese contexto como el lugar en el que los latinos defendieron a los latinos.

Los “blancos con licenciatura” apoyaron a Trump 48%, ¿creyeron en que este país debería volver a ser blanco? ¿Deberíamos irnos de aquí?

Pero sigamos pensando, pensándonos. ¿Qué lugar nos queda en la América de Trump? El de esclavos económicos, como empleados de sus empresas de construcción? ¿El de enemigos? Está por verse qué tanto, pero ninguno de los escenarios, claramente, nos favorece. El partido republicano controlará el senado, la cámara y la presidencia. ¿Qué pasará?

México en particular tiene uno de los lugares más difíciles en este nuevo escenario geopolítico en el cual, por cierto, Rusia volverá a ser el líder y China en segundo lugar. Perdónenme por decírselos, pero en esta nueva época habrá que aceptar que una de las consecuencias será el declinar de los Estados Unidos en el liderazgo internacional.

En fin. Esta es una jornada oscura para los latinos, me queda claro. Es una jornada oscura para la idea de democracia que teníamos. Y este es el tema que más me interesa en esta contribución. El nuevo tiempo en que vivimos que podemos llamar “postfactual”. No importa la verdad, no importa la realidad. Importan las palabras, el nuevo populismo de derecha. Aquí igual que en el Brexit o en la Colombia del “No”. No importa la “verdad”, no importa que muchas de esas de las cosas que el candidato republicano ha dicho no son realidad, o son mentiras a medias en su discurso. Lo que importa es la solución mesiánica a los problemas reales que todos sabemos y detectamos. La realidad es que el neoliberalismo ha fallado como modelo económico. Los tratados, la relación con el mundo.

Vivimos un tiempo de exacerbado nacionalismo, de cierre, y aislamiento. La prueba del ácido del modelo económico fallido es esta elección. En el rustbelt, y en todo el país los blancos han salido a decir que el “sistema” los ha olvidado, que no existieron oportunidades y que creen en la salvación mesiánica del vendedor de propiedades inmobiliarias que leyó al revés el manual de Dale Carnegie: “Ganar enemigos” es ahora lo que está de moda, lo que funciona. En esta nueva época tribal, donde todos estamos contra todos, este es el resultado lógico de la elección. La América profunda ganó hoy de la misma manera en que ganó una nueva geopolítica en la que no sabemos aún el papel de cada uno.

La ‘mexicanofobia’, sin embargo, la cacería de brujas y el racismo, serán inevitables. La única enseñanza de este momento, para mí, será escucharnos de nuevo, entender qué demonios pasó, a quiénes se olvidó, el “forgotten man” de Roosvelt, se ha vuelto el olvidado ser que el neoliberalismo destruyó. Hoy, como inmigrantes en este país, nos toca vivir otra época. Una constructiva en la que demostremos diariamente que somos necesarios, esenciales, en este país y que, eso es lo más complejo, que no venimos a robarnos los trabajos de nadie, que simplemente estamos aquí como otros migrantes en el pasado, italianos, irlandeses, judíos, polacos, rusos, asiáticos. Este es el país del famoso “melting pot”. No nos olvidemos de ese sueño de unidad. Estamos en absoluta inferioridad pero, es la verdad, somos parte de este país. ¿La América de Trump lo reconocerá?

No lo creo. Pero aun así me queda la utopía, el sueño de que todavía hay un futuro posible, un sueño colectivo en el cual tenemos algún lugar. Menor, marginal, pero lugar al fin. Hoy, sin embargo, pienso que ese sueño es imposible. Que en la Norteamérica blanca de Trump somos, es duro aceptarlo, los otros, los indeseables, los desechables. Es una jornada triste por la esperanza. Pero no solo fue el FBI sino el país entero el que intervino. En 2008 dije que este país estaba preparado para un presidente afroestadounidense, pero no para una mujer. Anoche se ratificó esa horrible condición. Los hombres blancos —con o sin college— en este país no confían en una mujer. Es triste. No importó siquiera la supuesta popularidad de Obama —mayor a la de Reagan—, porque la idea de “cambio” (como la de Fox en México) ganó por la pura forma, sin preocuparnos por el contenido. Lo dije hace tiempo: este es un mundo en el que no creíamos, no pensábamos, pero que ya llegó.

Esta es nuestra jornada triste. La noche triste de los latinos en este país.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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