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Cartel de Juarez

La historia de la estadounidense que se enamoró de un narco mexicano y aún paga las consecuencias

Una mujer estadounidense que fue pareja sentimental del narcotraficante Pablo Acosta Villarreal, alias ‘El Zorro de Ojinaga’, recuerda en una entrevista con Univision Noticias los días en que conoció a los capos que crearon un imperio de drogas en México en los años 80 y los traumas que aún la persiguen.
27 Feb 2021 – 11:18 AM EST
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Mimi Webb Miller recuerda muy bien el día que conoció a Amado Carillo Fuentes, entonces un narco de bajo nivel que estaba lejos de ser apodado ‘El Señor de los Cielos’ por la flotilla de aviones que usó para traficar cocaína hacia Estados Unidos. Ella aún tiene grabada su mirada retadora, su apatía.

“No le caía bien. Era bastante astuto. Yo estaba en el lugar incorrecto, era una rubia de ojos azules (en un pueblo mexicano) y él pensaría: ‘¿qué carajos hace ella aquí? Lo podías ver en su cara cada vez que me veía”, recuerda Webb Miller en una entrevista con Univision Noticias.

Aquel encuentro ocurrió a finales de la década de 1980. Carrillo Fuentes visitó Ojinaga, en la frontera entre Chihuahua (México) y Texas, para aprender más sobre el narcotráfico. Su mentor era la pareja sentimental de Webb Miller, Pablo Acosta Villarreal, ‘El Zorro de Ojinaga’, un criminal con cara de pocos amigos que controlaba esa región. Eran los inicios de lo que se convirtió en el Cartel de Juárez.

“Lo que te puedo decir es que no le caía bien”, continúa su relato sobre Carrillo Fuentes. Quizás temía que ella fuese informante del gobierno de Estados Unidos, que tenía en la mira a varios traficantes mexicanos por el secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA Enrique ‘Kiki’ Camarena en 1985. A la fecha, ningún capo señalado por ese crimen ha enfrentado a la justicia estadounidense.

“Nunca me dirigió la palabra. Sabía que estaba relacionado con el cartel en Baja California (…) Pablo me dijo: ‘él vino para aprender sobre el negocio’. Tiempo después supe que Amado pagó un millón de dólares para que asesinaran a Pablo”, contó ella.

Su llegada a México

¿Qué hacía una estadounidense conviviendo en esos años con capos mexicanos? Esta es la historia de Mimi Webb Miller, que fue retratada en la segunda temporada de la serie ‘Narcos: México’ de Netflix.

Webb Miller nació en Texas hace 71 años. Su tío era el senador estatal John Tower, un vínculo por el cual fue identificada exageradamente por Netflix como miembro de “la realeza gringa”. Es, para ser precisos, la hija de un paisajista que quedó viudo cuando ella tenía cinco años. Por ese trabajo él estaba a cargo de 80 mexicanos que le ayudaban a embellecer los jardines de una enfermería en el norte de Texas. Su familia solía convivir con esos migrantes comiendo tamales y así nació su amor por México, relata.

De ese interés por conocer el país al sur del Río Grande, Webb Miller, quien estudió una licenciatura en arte de la Southern Methodist University, aceptó emprender un programa de residencia de artistas en Lajitas, México. Esa comunidad se encuentra en el parque nacional Big Bend, que se extiende por el sureste de Texas y por una zona del desierto de Chihuahua.

Cuando visitó por primera vez el lado mexicano en enero de 1976 conoció al mafioso que le cambiaría la vida. “Crucé el río y conocí a Pablo esa noche”, recuerda.


Tenía 27 años. Decidió quedarse en México y compró un terreno de 3,000 acres en un lugar remoto a 11 millas de la frontera. Lo llamó ´Rancho El Milagro’. Allí criaba ganado, sembraba maíz y guiaba recorridos a caballo. Acosta, a quien no catalogaba en ese tiempo como un mafioso de alto perfil, le ayudó a tramitar los permisos.

“Yo vivía en un pequeño poblado, en medio de un parque nacional. No sabía cómo era la conexión entre mafias. Recuerdo haberle preguntado a Pablo qué era y el me dijo que significaba ‘hermandad’”, dice.

El romance con ‘El Zorro’

Nueve años después de haber conocido al ‘Zorro de Ojinaga’, Webb Miller comenzó una relación sentimental que duró un año, hasta abril de 1987, cuando el narcotraficante murió abatido en un enfrentamiento con policías federales en el poblado Santa Elena, México. Una noche antes lo visitó, cenaron y se despidieron la mañana siguiente. Jamás lo volvió a ver. Por miedo no fue al funeral.

Lo recuerda como un hombre fuerte y con mucho carisma. Era bilingüe y hablaban sobre todo en inglés. Le enseñó “lo más lindo” de un lugar donde la gente la llamaba afectuosamente ‘La gringa’. “Creo que me sentía más cómoda en México. Pablo me amaba porque yo amaba a México”, comenta.

Paralelo a ese romance que duró poco, Pablo Acosta y sus socios robustecían una poderosa organización criminal que terminó envolviendo a México en el sangriento negocio de la droga. El Cartel de Juárez, cuyos cimientos construyeron ‘El Zorro de Ojinaga’ y Carrillo Fuentes, es ahora uno de los grupos de tráfico de narcóticos más poderosos del mundo y sigue protagonizando una terrible guerra territorial.

Webb Miller supo que en los 80´s estaban alimentando a un monstruo y asegura que policías texanos estuvieron en la nómina de su novio. “En aquella época Amado traía grandes cantidades de cocaína”, afirma. “Pablo me dijo: ‘él me va a matar un día, solo que no sé cuándo’”.

“No me arrepiento de lo que hice”


Hay discrepancias entre ‘La Gringa’ real y la que personificó la actriz Sosie Bacon en ‘Narcos: México’. Dice que jamás vio a Acosta en Texas, que nunca le disparó a Carrillo Fuentes en aquel primer encuentro y desmiente que tenga un hijo del capo (asegura que sí estuvo embarazada de él, pero abortó después de que un niño de un rancho vecino en México le disparó con un rifle).

También es falso que Acosta cooperó con las autoridades estadounidenses buscando ser testigo protegido, subraya. “Le ofrecieron un acuerdo, pero en el último minuto dijo que no lo necesitaba”, afirma.

Un corrido del grupo musical Los Tigres del Norte sobre ‘El Zorro de Ojinaga’ cuenta otra versión:

Él cuidaba la frontera por órdenes del Tío Sam/ Y casaba terroristas, de esos que saben matar…

Ver la serie de Netflix fue un proceso “doloroso” que revivió sus traumas y debió tomar pausas entre capítulos, relata Webb Miller. “No me arrepiento de lo que hice, ni me avergüenza”, sentencia añorando esa época en el desierto de Chihuahua. “Recordar a Pablo me hace mantenerlo vivo”.

Al observar detenidamente al personaje principal de la serie, Miguel Ángel Félix Gallardo, alias ‘El Padrino’, interpretado por el actor Diego Luna, recordó que una vez lo vio en Ojinaga.

“Félix vestía de traje y estaba en la casa del sobrino de Pablo. Y Pablo me dijo: ‘Hay un hombre ahí, quiero que vayas conmigo, pero no digas nada’. Fue algo extraño”, apunta.

Escapando a California

Tras la muerte de Acosta, Webb Miller estuvo en la mira de los narcos temiendo que supiera mucho sobre sus operaciones. Recibió amenazas de muerte y huyó de México con la ayuda del Buró Federal de Investigaciones (FBI). Pero los tentáculos de la mafia la alcanzaron hasta Texas, según su relato.

“Me siguieron en una camioneta del Sheriff todo el camino por la interestatal 10 hasta que llegué a El Paso. Llamé aterrada al FBI y me dijeron: ‘Ellos no se levantan todos los días pensando en ti, pero si te ven eso no será algo bueno’”, cuenta.

Llevaba un año intentando pasar desapercibida como mesera, cuando la reconoció un policía corrupto en el restaurante de El Paso donde trabajaba, dice. “Seguí huyendo hasta que llegué a Los Ángeles”.

Su vida cambió en el sur de California, donde comenzó a trabajar como directora de casting en 1989. Encontró un refugio en Hollywood y para 1991 ya tenía su propio negocio: Mimi Webb Miller Casting.

“Hice muchas cosas de Michael Jackson, Britney Spears y Madonna. Hice muchos comerciales para el Súper Bowl. Tuve que comenzar de nuevo, tuve una vida muy distinta”, describe.

En 2005 decidió volver a la frontera. En Terlingua (Texas), a unas 12 millas del lugar donde conoció al ‘Zorro de Ojinaga', ella abrió un pequeño hotel llamado ‘Pensión La Posada Milagro’ y la cafetería ‘Espresso y Poco Más’. Su negocio fue impactado por la caída del turismo debido a la pandemia.

El año pasado dejó su casa en Los Ángeles y volvió a Terlingua para reducir el riesgo de contagio del covid-19.

Ahora cuenta los días que faltan para reactivar su vieja ocupación: los recorridos a caballo por los áridos caminos del parque Big Bend. Reconoce que el lado mexicano se tornó muy peligroso para sus clientes por las batallas entre carteles. Disputan la lucrativa actividad ilícita que dejaron Pablo Acosta y otros narcos.

“Comencé los recorridos en 1978 y aún los hago. Pero hay problemas con el Cartel de Sinaloa, La Línea y Los Zetas, que están en el área de Coahuila. Los Zetas no son muy amigables”, advierte.

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