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Muere Diego Armando Maradona

Maradona, las adicciones y complicaciones de una salud que no pudo más

El 'Pelusa' murió este miércoles a causa de un paro respiratorio, pero este fue solo el desenlace de un largo historial de problemas de salud física y mental causados por el fútbol, la casualidad y también por él mismo. Repasamos los padecimientos que enfrentó a lo largo de sus 60 años.
25 Nov 2020 – 06:24 PM EST
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Durante la mañana del miércoles 25 de noviembre de 2020 la noticia comenzó a correr: Diego Armando Maradona, para muchos el mejor futbolista de la historia, murió de un paro cardiorrespiratorio en su casa en Tigre, Argentina. La complicación derivó de una operación en la cabeza que le practicaron al detectarle un hematoma subdural, pero esta fue solo una de las muchísimas afecciones de salud que enfrentó a lo largo de sus 60 años de vida.

Nacido el 30 de octubre de 1960 en Villa Fiorito, un humilde barrio ubicado en el sur de la provincia de Buenos Aires, entre 1976 y 1997, el 'Pelusa' protagonizó una carrera futbolística vertiginosa que deslumbró al mundo. Y en ese idilio de goles, hazañas y contratos millonarios, su salud se llevó la peor parte.

En el FC Barcelona fue donde comenzó todo. En 1982, después de su participación en el Mundial de España con la selección argentina, Maradona consiguió su pase del Boca Juniors al popular club, pero su actuación no estuvo en su mejor nivel porque tenía hepatitis A, una enfermedad de origen viral. En 1983, a las lesiones de rodillas y pies comunes en futbolistas —y las respectivas infiltraciones para recuperarlas— se sumó la fractura de su tobillo izquierdo y el desgarre de su ligamento interno, producto de un encontronazo con Andoni Goikoetxea, defensa del Athletic Club. Fue la lesión más grave de su carrera.

También en su temporada en el Barça llegó la cocaína. “Un golpe y me sentí como Superman”, diría Maradona sobre este primer encuentro en el documental que le dedicó el cineasta británico Asif Kapadia, presentado en el Festival de Cannes de 2019.

En 1984, el argentino fue contratado por el Nápoles, comenzó su etapa de oro y también el auge de su adicción. Maradona le regaló dos scudettos de la serie A, una Copa Italia y una Copa Uefa al club italiano, que para ese entonces era uno de los más modestos del país. Fuera de la cancha, el argentino celebraba sus hazañas con fiestas interminables donde no faltaban la cocaína y otros excesos.

En ese período ocurrió el evento que dejaría su nombre grabado en oro en la historia del fútbol: el Mundial de México 86. En el recorrido que llevó a Argentina al primer lugar, Diego brilló como nunca y, durante un partido de octavos de final contra Inglaterra, marcó el gol más polémico del siglo, “la mano de Dios”.

La racha de triunfos de la estrella del Nápoles terminó el 17 de marzo de 1991, después de un partido en el que venció al Bari: como parte del control antidoping le pidieron una muestra de orina en la que encontraron restos de cocaína y fue suspendido por 15 meses. Así se despidió del club italiano y probó suerte en el Sevilla, donde no destacó.

En el Mundial de Estados Unidos 94, después de que Argentina venciera a la selección de Nigeria, volvió a dar positivo, esta vez, por efedrina, una sustancia que estaba prohibida por la FIFA. Fue expulsado del torneo. Tras la suspensión, la etapa de Maradona en la selección llegó a su fin, así como su ilusión de volver a alzar la copa.

En 1996 regresó al Boca Juniors y protagonizó una campaña antidrogas promovida por el gobierno argentino: “La droga existe en todos lados y yo no quiero que la agarren los pibes (niños). Tengo dos nenas y me pareció que era bueno decir todo esto, una obligación de padre. Fui, soy y seré drogadicto”, dijo en aquella oportunidad e ingresó a una clínica de rehabilitación en Suiza para tratar su adicción a la cocaína. En 1997, tras un breve período en el Boca, se retiró.

Fuera de la cancha continuaron los daños

Ya retirado, en enero del año 2000, Diego Armando tuvo una sobredosis de cocaína que le causó una crisis cardíaca, mientras estaba de vacaciones en Punta del Este, Uruguay. Tras este episodio, los médicos detectaron que tenía una cardiopatía severa y Maradona decidió irse durante meses a una clínica de rehabilitación en Cuba. En 2004, todavía adicto, tuvo una severa crisis cardiorrespiratoria en su país y regresó a la isla para tratarse de nuevo.

Su sobrepeso también fue motivo de titulares de prensa, aun antes de retirarse. Con 165 centímetros de estatura y 120 kilos de peso (5.41 pies y 264.5 libras), su índice de masa corporal era de 30, es decir, llegó a niveles de obesidad. En 2005 le practicaron un bypass gástrico en Colombia, operación que le permitió reducir el tamaño de su estómago y bajar 50 kilos (110 libras).

Las complicaciones de salud continuaron. En 2007 tuvo un cuadro de hepatitis tóxica aguda, producto del consumo excesivo de alcohol y, después de tratarla, fue internado en un hospital psiquiátrico de Buenos Aires. En 2010 le hicieron una operación para reconstruir su labio superior, luego de que uno de sus perros le mordiera el rostro. Y en 2012, cuando era entrenador del club Al Wasl, de Emiratos Árabes, lo operaron por cálculos renales.

Artrosis severa en ambas rodillas fue otro de los problemas que tuvo que enfrentar en años recientes. Esta forma de artritis le impedía caminar bien: como ya no tenía cartílagos, el fémur rozaba directamente la tibia y el peroné, provocándole dolor e inflamación, explicó a la agencia EFE en 2018 uno de los médicos que le trataba, Germán Ochoa. Finalmente, se le practicó una operación para ponerle prótesis.

Durante el Mundial de Rusia 2018, los rumores sobre su mal estado de salud cobraron fuerza. En un partido celebrado en San Petersburgo en el que Argentina pasó a octavos de final al ganar a Nigeria, el 'Pelusa' llamó la atención del público y los medios por su manera exagerada —y obscena— de celebrar y porque tuvo que recibir atención médica en pleno encuentro. En ese momento se especuló que tenía problemas cardiorrespiratorios de nuevo, pero él lo desmintió y dijo que solo le dolía la nuca y sufrió una descompensación.

El 2 de noviembre de este año, ahora trabajando como director técnico del equipo de Gimnasia y Esgrima de la Primera División de Argentina, padeció un cuadro de anemia y deshidratación y fue internado. Es durante esta estadía en el hospital que le descubren el hematoma subdural, una acumulación de sangre entre la duramadre y la superficie del cerebro que bien podría ser consecuencia de un traumatismo de cráneo ocurrido durante su carrera o de su excesivo consumo de alcohol.

Diego entró al quirófano, una vez más, para drenar el coágulo en la Clínica Olivos, Argentina, donde sus seguidores se reunieron por varios días para manifestarle su apoyo con oraciones y cánticos futboleros. Su hospitalización se extendió hasta el 11 de noviembre por presentar un cuadro de abstinencia por su adicción al alcohol, señaló el diario argentino La Nación. Algunos también reseñaron que tenía problemas de insomnio y que fuentes de su círculo cercano aseguraron que abusaba de ciertos fármacos y sufría de cuadros depresivos.

Lo cierto es que, una vez en casa, su salud golpeada no pudo más. Se descompensó, y aunque trataron de reanimarlo, el corazón del genio de Villa Fiorito se detuvo y ya no volvió a latir.

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