Masacre en Orlando

Un asesino de voz suave y sangre fría: así se comportó Omar Mateen durante el ataque en Orlando

Orlando Torres, uno de los rehenes que sobrevivió a la masacre de Orlando, ofrece nuevos detalles escalofriantes sobre lo que ocurrió dentro del bar Pulse durante las tres horas que duró el ataque.
16 Jun 2016 – 11:08 AM EDT

Minutos después de haber entrado disparando a la discoteca Pulse en Orlando y haber matado a decenas de personas, Omar Mateen, el asesino del tiroteo más mortífero de la historia de Estados Unidos, se mostró “calmado” y hasta cortés con sus víctimas, según asegura uno de los testigos.

“Tenía una voz suave, como de un muchachito joven… no gritó, no se alteró”, contó a Univision Noticias Orlando Torres, neoyorquino de 52 años y de origen puertorriqueño, quien presenció todo el ataque mientras se hacía el muerto junto a una amiga en una cabina de baño del bar.

Torres trabaja como promotor de shows para Pulse y aprendió esa estrategia durante el entrenamiento en la escuela de policía y guardia de seguridad. Tal vez por eso lo cuenta todo como si fuera una anécdota militar.

“(Yo) les decía (a los que estaban en la cabina contigua): shhh, shhh, calladitos, que si no vuelve (el asesino) a terminar su trabajo”, relató.

Mateen –neoyorquino, de 29 años e hijo de inmigrantes afganos– entró al popular club gay alrededor de las 2:00 am del sábado, y armado con un rifle semiautomático, un revólver y municiones, le disparó indiscriminadamente a los asistentes. 49 personas fallecieron esa noche, y otras 53 resultaron heridas.

Por lo menos 15 sobrevivientes se resguardaban entre las láminas de aluminio que encerraban la cabina del retrete contigua a la de Torres. La primera vez que el asesino entró al baño les disparó a matar, impactando a la mayoría.

Cuando pasaron los gritos de lamento, les dijo: "por favor, no manden mensajes de texto”, pero se desesperó al escuchar el tintineo de los teléfonos que reventaban en llamadas y mensajes de familiares.

“‘Les dije que no manden mensajes de texto. 'A ver, pásenme ya sus celulares'", ordenó el atacante en un tono "calmado", según cuenta Torres.

Los sobrevivientes deslizaron de inmediato los aparatos por debajo de la puerta del baño, pero algunos seguían vibrando o sonando, tal vez los de aquellos que no podían responder.

¿También llamó a un amigo?

La segunda vez que entró al baño, Mateen se lavó las manos, usó la secadora. Recorrió el lugar con pasos lentos, y por un rato forcejeó con su rifle que, según Torres, sonaba como si se hubiera atascado.


Infografia

Reconstrucción gráfica del ataque en Orlando

Detalles del ataque al club gay de Orlando en el que 49 personas fueron asesinadas por un asaltante de 29 años.

VEA EL GRÁFICO

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“Maldita sea”, susurró el asesino frustrado, pero sin turbarse.

“¡Está atascado!”, susurraron varias voces desde adentro en la cabina, donde algunos heridos se iban desangrando poco a poco. Nadie se movió.

"Cuando pudo arreglar (el arma), (Mateen) dijo: Ah, tengo muchas balas”, contó Torres, “yo creo que quería asustarnos más".

Luego, el asesino hizo dos llamadas.

Según Torres, la primera fue al 911.

“Les dijo que tenían que dejar de bombardear a ISIS, que Estados Unidos tenía que dejar de bombardear a su país”, recordó.

Luego “llamó a un amigo y le explicó todo lo que estaba haciendo”.

Aseguró que había otros tres pistoleros afuera, una mujer en el piso haciéndose la muerta con un chaleco de explosivos, y que él también estaba usando uno. "Le contaba detalles y la otra persona escuchaba sin responder mucho”, afirmó Torres.

La autoridades solo han confirmado la conversación con el despachador de la policía, en la que Mateen habla de sus supuestas conexiones con el autodenominado Estado Islámico y menciona su admiración por los hermanos Tsarnaev, quienes pusieron bombas en el maratón de Boston en 2013 inspirados por el extremismo islámico.

Mathew Gentilli, productor de la estación de televisión local Cable News 13, dijo este miércoles que la madrugada del sábado recibió una llamada de Mateen alrededor de las 2:45 am.

“¿Sabes sobre el tiroteo?”, le preguntó el asesino. "Sí, algo escuché", le respondió Gentilli.

“Yo soy el pistolero, soy yo, yo soy el pistolero… Lo hice por ISIS”, dijo Mateen.

En la llamada, que duró pocos minutos, Mateen comentó de nuevo sobre sus supuestas conexiones con Estado Islámico y habló en árabe, según Gentilli. Cuando el productor le preguntó si quería dar algún mensaje, Mateen le colgó.


Torres dijo que estaba “seguro” de que la segunda conversación telefónica de Mateen fue con un amigo, por su lenguaje y “tono de familiaridad”.

"Nada contra los negros"

Al terminar sus conversaciones telefónicas, el asesino se dirigió de nuevo a la gente que seguía escondida en una de las cabinas de baño.

–¿Algunos de ustedes son negros?– les preguntó.

–Sí, somos negros– respondió una voz nerviosa, tras varios segundos eternos de vacilación.

–Ah, ok, ustedes están bien, muchachos. Yo no tengo nada en contra de los negros.

Torres permaneció inmóvil por tres horas, rígido, petrificado, rezando para que sus nervios no lo traicionaran y el asesino no descubriera su engaño.

"Estaba como entumecido, me dolía todo el cuerpo por la posición", dijo.

No se movió ni siquiera cuando Mateen le pinchó un glúteo con la punta de su rifle para asegurarse de que estaba muerto.

Tampoco cambió su posición, ni se rindió a sus deseos de gritar o salir corriendo, cuando de nuevo escuchó los disparos, esta vez dirigidos a la cabina de al lado, ni cuando pudo escuchar la respiración sofocada de una persona que agonizaba a menos de un metro.

"Pensé en mis amigos, en mis nenes, mis dos chihuahuas. Quería poder usar el celular para escribir el último adiós a todos los que quiero", dijo Torres con la voz entrecortada, pero contuvo las lágrimas.

Aproximadamente a las 5:00 am, el equipo antimotines impactó un vehículo contra una de las paredes del Pulse abriendo varios boquetes de acceso. En ese momento, Torres pensó que era una de las bombas de las que hablaba el atacante, y un pedazo de concreto cayó sobre el inodoro que lo protegió de ser impactado.

Recuerda que un par de brazos lo jalaron fuera del lugar bruscamente, que lo levantaron por un brazo y lo metieron en una camioneta con otros heridos.

Huevos revueltos con papitas, el regreso a la vida

El lunes en la mañana, en el Orlando Regional Medical Center, a Torres lo despertó el dolor.

No podía mover su cuello, tenía la espalda magullada, morados en las brazos y piernas, y la cabeza le retumbaba con cada sonido. Un calambre intermitente le invadía la pierna derecha debido a la posición fetal en la que había estado la noche anterior. Pero estaba vivo.

"Este dolor me recuerda que pude sobrevivir”, dijo Torres.

Después de ser dado de alta fue inmediatamente a su restaurante preferido y pidió su comida favorita: huevos revueltos con queso y papitas.

"No me importó que todavía tenía la bata del hospital . Regresé de la muerte, merecía comer lo que se me diera la gana", explicó.

Pero es una sensación agridulce. Muchos de sus amigos murieron en la masacre.

"El dolor también me recuerda que yo fui uno de los pocos", se lamentó.

Torres sintió escalofríos cuando el martes entró por primera vez a un baño público. Era oscuro y silencioso, como el baño en el que estuvo atrapado tres horas haciéndose el muerto.

"Pero tengo que controlar mis pensamientos... Dentro de todo este trauma, solo quiero que la vida vuelva a la normalidad", afirmó.


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