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Internet

El reto es lograr que el cubano tenga acceso a la versión no oficial que circula en internet

Uno de los fundadores de El Estornudo, revista cubana digital independiente, analiza el problema de la falta de internet en la isla a la luz del informe del Comité para la Protección de Periodistas, CPJ.
29 Sep 2016 – 6:37 PM EDT

Cuando decidimos echar a andar la revista digital El Estornudo, éramos los mismos que somos: un grupo de periodistas cubanos con poco tiempo de graduados. Una generación de periodistas jóvenes en Cuba –o eso nos gusta pensar a quienes creemos pertenecer a tal cosa llamada generación–, que quería divorciarse de los históricos bandos debajo de los cuales el curso de la realidad cubana seguía fluyendo, intocada: el del recalcitrante oficialismo, y el de la obstinada oposición; cuál de los dos más descalabrados en sus narrativas.

Una revista digital no se hace sin una conexión a Internet más o menos decente. Si una revista de periodismo narrativo (con trabajos investigativos escritos largamente) no es de por sí algo de masas, los lectores que tendríamos serían muchos menos, considerando los bajos índices de conectividad en Cuba. Esto es: menos del 30 por ciento de la población.

Dispersos, un columnista en Londres, otro en Montreal, un periodista en el Distrito Federal y otro en La Habana, El Estornudo comenzó el pasado 8 de marzo su viaje. Un viaje más o menos difícil, motivado por la necesidad de narrar un país fracturado en el curso de su propia historia y fuertemente dañado por la polarizada opinión pública. Un viaje que aspira, desde el principio, a “la honestidad como posición política”.

Los textos, en el panorama de la precaria conexión a Internet, se comenzaron a publicar (aún se publican) unas veces desde Miami, otras desde México, otras desde La Habana, indistintamente respondiendo a la oportunidad. Uno de los precios que los periodistas independientes pagan en Cuba es, lógicamente, perder ese único privilegio que los medios oficiales les ofrecen hasta que se cansan y se marchan de sus oficinas: una computadora con conexión.

El Estornudo actualiza sus contenidos mayormente desde fuera de Cuba. Cuando se hace desde dentro, el Internet cuesta lo mismo que les cuesta a los demás (2 CUC una hora), a la intemperie, con una laptop sobre las rodillas.


Otros de los nuevos medios digitales hechos por periodistas independientes no actualizan sus contenidos de forma muy distinta: las crónicas y reportajes sobre la Cuba de 2016 se publican a cielo abierto, en cualquier parque o acera donde haya uno de los casi 200 puntos de acceso wifi que el gobierno cubano comenzó a instalar en 2014 y que son, para muchos reporteros “alternativos”, el equivalente más parecido a una sala de redacción.

Como la Constitución de la República de Cuba deja bastante claro en su Artículo 53 que “la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada”, los nuevos medios digitales cubanos como El Estornudo existen en un limbo legal. Los periodistas independientes, que no tienen un salario fijo, que no tienen un empleo estatal, no tienen nada que perder porque no tienen nada.

Hasta el momento ninguno de nosotros ha recibido una golpiza ni ha pasado una noche en la cárcel. No significa que a otros (sobre todo los activistas políticos convertidos en periodistas) no les suceda. Tampoco quiere decir que a las personas adecuadas les sea ajena una sola línea de las que se escribe sobre Cuba, desde un punto de vista que busca ser, al menos, más honesto. Significa, quizás, que aún no le somos demasiado molestos a nadie.

Casi siete meses después, hemos escrito sobre el negocio subterráneo de los juguetes sexuales en la prejuiciosa y casta Cuba. Hemos escrito sobre la travesti más famosa de la isla, que fue recientemente declarada “personaje costumbrista” por el historiador de La Habana, pero que en los 80 cumplió cárcel por su conducta homosexual.

Hemos escrito sobre las carpas improvisadas que algunos cubanos arman en el basurero más grande de la capital, donde viven de la basura y comen de la basura. Hemos escrito sobre la vida en El Fanguito, probablemente el barrio más marginal de La Habana.


Lo ideal (y lo justo) sería que estas historias llegaran a la gente con la misma facilidad con que llegan, por las mañanas, el Granma y el Juventud Rebelde a los estanquillos cubanos. Lo justo sería, para ser exactos, el derecho a coexistir en igualdad de condiciones. No tener que leer con resignación los largos artículos que la prensa oficial dedica a satanizar los medios independientes, en un territorio en que esos medios no tienen ni siquiera capacidad de respuesta. El reto es lograr que el cubano tenga acceso a la versión no oficial que circula en internet.

En esto piensa uno cuando lee el informe más reciente del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés), y que se acerca al tema de la libertad de expresión y prensa en Cuba en 2016: “Una vibrante blogosfera, una generación innovadora de periodistas independientes –más o menos críticos con los pilares del sistema socialista– han abierto nuevos espacios para la libertad de expresión, provocando la transformación del panorama de medios en la isla”, dijo a Univisión Carlos Lauría, coordinador principal de programas para las Américas del CPJ, una organización sin fines de lucro radicada en New York, con más de 30 años de trayectoria.

“El periodismo independiente cumple un papel importante para brindar una suerte de equilibrio de poderes. La independencia representa el cumplimiento de una de las principales misiones del periodismo: fiscalizar el poder”, también dijo Lauría a este diario.

Lauría habla de Cuba en 2016: 200 puntos de conexión wifi después, en un contexto en que poquísimos cubanos tienen un acceso medianamente estable a un servicio todavía caro, de pésima calidad y de privacidad dudosa, los cubanos parecemos estar destinados a ver esta nueva realidad como un puñado de signos esperanzadores.

¿Por qué no?

Aparentemente, los últimos cinco años han sido prometedores. Cuba reanudó las relaciones diplomáticas con el histórico enemigo del Norte; los cubanos pueden comprar y vender carros y viviendas, bajo el amparo legal; hay luz verde para los nuevos negocios privados, Chanel trajo su colección Cruceros al Paseo del Prado; vinieron Beyoncé, Paris Hilton y Katy Perry; algunas escenas de Fast and Furious 8 se filmaron en nuestro Malecón.

No hay razones –no en la superficie– que nos hagan pensar contrario a esto: Cuba, como reza el viejo refrán popular, avanza a paso lento, pero aplastante. Los síntomas así lo dicen.

Pero la mitad de los 11 millones de habitantes de la isla, que sumidos en un letargo de medio siglo suelen esperanzarse a estas alturas con lo más mínimo (o no suelen esperanzarse del todo, por contradictorio que esto parezca), probablemente no se haya enterado del informe de CPJ, ni sepa que hay en Cuba medios alternativos de información, ni sepa qué es la blogosfera ni qué es un blog, algo que no es, en lo absoluto, su culpa.


Aunque sea drástico, hay que pensar que esta nueva revolución de los medios, por muy románticos que seamos, no completa su sentido si no llega a la gente. ¿Para quién se escribe la realidad cubana si no es, en primera instancia, para los cubanos que se han tenido que acostumbrar a sobrevivir con la magra y uniforme dieta informativa de los medios oficiales cubanos, y su versión monolítica y altruista de la realidad?

Décadas de aislamiento tecnológico, ideológico (y de tantos tipos que sería tedioso compilar aquí) han hecho al pueblo de Cuba tener a la información como un lujo estéril, no como la necesidad de primer orden que es para cualquier ciudadano que haya crecido en un sistema político medianamente racional.

Aunque el futuro parece promisorio para el sistema de medios en Cuba y para la democratización en el acceso a la información y la pluralidad de voces (“A pesar de enfrentar numerosos obstáculos, los periodistas y blogueros cubanos han hallado innovadoras maneras de distribuir contenido, entre ellas usar memorias USB y redes informales de computadoras y enviar artículos mediante el sistema de correo electrónico estatal”, dice CPJ), una hora de conexión a Internet por wifi todavía representa una cantidad significativa para el bolsillo cuando se mira el salario promedio en Cuba, apenas unos 20 CUC mensuales.

No es sorpresa que la prioridad de los cubanos que acceden a este servicio de Etecsa, la única empresa de Telecomunicaciones en la isla, sea resolver trámites básicos de primera necesidad como la comunicación con esa cada vez más gruesa diáspora de Cuba en el exterior.

Aunque la constitución cubana prohíbe la propiedad privada sobre los medios de comunicación, y los llamados “alternativos” e “independientes” han fundado sus nuevas revistas y blogs bajo ninguna regulación legal que los ampare, las nuevas narrativas de la realidad cubana, sin embargo, parecen seguir estando destinadas al consumo de unos pocos.

Si antes el problema era la inexistencia de matrices de opinión diferentes de las versiones oficiales, ahora el asunto es cómo llevar esa información –casi eminentemente digital–, a uno de los países más “desconectados” del hemisferio

En lugar de la luz al final del túnel, más túnel

En 2003, el Comité para la Protección de los Periodistas documentó casi 30 arrestos de comunicadores independientes, durante la llamada Primavera Negra, cuando decenas de opositores y activistas políticos fueron declarados prisioneros de conciencia por Amnistía Internacional. En ese siniestro capítulo, que solo conocen unos pocos en Cuba, el gobierno aprovechó la distracción internacional con la invasión estadounidense a Irak para dar uno de los golpes más fuertes a quienes ejercían su derecho al librepensamiento.

Casi 15 años después, en el contexto de un nuevo panorama de medios, los agentes de la seguridad del estado en Cuba continúan decomisando los equipos de trabajo de los periodistas independientes y golpeando a los opositores políticos, y la Unión de Periodistas de Cuba destituyendo de sus medios oficiales a quienes desafían el orden de las cosas. Esto es: los que no se entregan a la fe ciega o los gestos hipnotizados de asentimiento.


El comunicado del CPJ (nobles intenciones mediante) pareciera mostrarnos que, en el caso cubano, están ocurriendo demasiados debates en el ciberespacio, un mundo paralelo al que la mayoría de nuestras familias, por ejemplo, le es tan ajeno como la televisión satelital o las compras online.

Aunque su utilidad no necesita mayores explicaciones, sería un sinsentido esperar que un informe de una organización extranjera viniera a resolver los problemas de la libertad de prensa y expresión en Cuba, como esperaron muchos cubanos que resolviera Barack Obama en su visita a la isla lo que nosotros mismos no hemos sido capaces de resolver.

A estas alturas, si algo queda claro, es que el gobierno cubano ha sido suficientemente listo al “guiar” a la población en el acto de dar prioridad a las actividades más simples de la vida diaria. Y como una tétrica derivación, tan aturdido con las preocupaciones triviales (la odisea del transporte público, la odisea de la comida, la odisea del déficit habitacional y todas las demás odiseas del lento día a día en la isla) el cubano pudo haber perdido en el camino la capacidad de ser curioso, de pensar diferente, de informarse diferente, como parece haber perdido la capacidad de hacer lo que hizo, por ejemplo, el pueblo venezolano a inicios de este septiembre.

Estos son algunos de los nuevos medios en Cuba, y la visión desde la que pretenden contar la realidad en la isla:


  • Periodismo de Barrio: Organización periodística sin fines de lucro centrada en la cobertura de las afectaciones provocadas por desastres naturales en barrios cubanos.
  • 14ymedio: Somos el primer diario digital independiente hecho desde Cuba. Reportajes, artículos, noticias, cartelera cultural y más. Todo narrado por voces cubanas.
  • El Estornudo: Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.
  • El Toque: Somos un equipo que cuenta historias de jóvenes toca'os, protagonistas de esta Cuba que está cambiando.
  • OnCuba Magazine: Publicación norteamericana con corresponsalía en Cuba. Su objetivo es ser puente de comunicación entre la Isla y EE. UU.
  • Vistar Magazine: Para los que piensan que la cultura cubana se mantiene en constante movimiento.
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