Inmigración

La imparable cultura de la migración en México: "hacerse hombre pasa por cruzar la frontera"

La profesora Ana Miniam hizo 200 entrevistas entre mexicanos que migraron a EEUU y sus familiares que se habían quedado en México. El resultado es una recolección de anécdotas que muestran cómo los niños allá sueñan con migrar y cómo los padres acá anhelan ir a los quinceañeros de sus hijas.

La mexicana Ana Minian, una profesora de historia de la Universidad de Stanford, se comprometió a hacer de su tesis de doctorado un documento pertinente para estos tiempos. Por eso se dio a la tarea de hacer 200 entrevistas de migrantes mexicanos que habían cruzado la frontera para venir a Estados Unidos y de sus familiares que se habían quedado en su tierra natal.

¿Por qué se marchaban? ¿Qué pasaba con las familias? ¿Vivían mejor? A Minian se le revelaron muchas reflexiones luego de intensas lecturas y de viajes en los que cargaba recaditos y regalos que algunos mexicanos enviaban de un lado de la frontera a familiares lejanos que solo ella podía ver.

En la antesala de la publicación de su libro, y en momentos que demandan una comprensión particular del fenómeno de la inmigración, algunas de sus ideas resultan esclarecedoras.

El que migra es un héroe

La profesora recuerda su encuentro en México con un niño de 10 años, que le confesaba con anhelo que a sus 13 años migraría a Estados Unidos. "No sé si voy a sobrevivir, pero lo voy a hacer". Esta fue la frase que quedó consignada en sus registros, y que da cuenta de cómo el pequeño ya había naturalizado la idea de que en esa proeza se puede perder la vida.

Cuenta Minian con sorpresa: "Todos los hombres de su pueblo se habían ido al norte".

En su exhaustivo trabajo de entrevistas, esta académica fue descubriendo que desde la infancia se siembra un anhelo y una convicción por migrar en muchos de los pueblos de Michoacán, Jalisco, Zacatecas y Guanajuato, históricamente los estados con mayor migración a Estados Unidos.

"La cultura de la migración es el único modelo que conocen y está tan arraigado que se considera que hacerse hombre pasa por cruzar la frontera. Es como un acto de iniciación. Solo así te vuelves el héroe que puede salvar y ayudar a tu familia de la evidente premura económica". Una vez cruzan la frontera y consiguen quedarse en Estados Unidos, "no existe reproche hacia el que se ha ido, no al menos si no desatiende su responsabilidad de enviar remesas", explica Minian.

La militarización de la frontera solo ayudó a que la migración aumentara

En su recolección de relatos, de historias reales, parece ser obvio para la académica señalar cómo las familias reconocen que las cosas cambiaron radicalmente en 1986 con la ley migratoria de Ronald Reagan, que entre otras cosas militarizó fuertemente la frontera.

Los mexicanos solían venir por cortos periodos de tiempo a trabajar a Estados Unidos y luego se devolvían, en lo que se conoce como una migración circular. No venían con la intención de quedarse, por lo que quienes migraban eran prioritariamente hombres que no traían a sus mujeres ni a sus hijos.

Pero "al militarizar la frontera, los hombres ya no pudieron ir y venir tan fácil; se quedaron entonces en Estados Unidos por periodos larguísimos, o no regresaron, y con eso el tipo de separación familiar cambió. Muchos quisieron ir a las celebraciones de quince de sus hijas pero no pudieron, o dejaron hijos pequeños que no volvieron a ver. Los relatos se llenaron de historias de padres a punto de morir que querían volver a ver a sus hijos e hijos que no podían despedirse de sus padres antes de su sepultura porque no podían regresar a México".

La militarización de la frontera además alentó a que muchos nuevos migrantes trajeran a sus mujeres e hijos, porque si bien era muy peligroso, era lo único que podían hacer: tomar ese riesgo solo una vez y así asentar a toda la familia en "la tierra de las oportunidades".

"El endurecimiento de las fronteras no ha servido nunca para desalentar la inmigración", explica Minian. "Después de 1930, tras la Gran Depresión, el único otro momento en el que la inmigración mexicana ha decaído ha sido en 2008 ante la crisis económica de Estados Unidos, una que no solo hizo que muchos desistieran de su ideal de migrar sino que además provocó que muchos que ya vivían en Estados Unidos se devolvieran".

Los que migran no necesariamente están mejor económicamente

En estos años de trabajo, de encuentros con familias mexicanas divididas por una frontera, Ana se convirtió en una emisaria que llevaba cartas y fotografías de un lado a otro, objetos que eran recibidos como verdaderos tesoros, vestigios de esas manos, de esos rostros que no se volvieron a encontrar. La académica se convirtió así en una testigo privilegiada de la realidad de la parte de la familia que se quedaba en México y de la que se había ido al norte.

"Es difícil pensar quién está mejor. Los que estaban en Estados Unidos sí tenían mejores casas pero igual vivían en situaciones muy complejas. En México tienen sus propias viviendas y no tienen que trabajar tanto, pero si no tuvieran las remesas de Estados Unidos, las familias estarían mucho más empobrecidas. La vida del que está en Estados Unidos solo cambia realmente si logra regularizar su situación y consigue que sus hijos vayan a la universidad, eso sí crea una posibilidad de vida radicalmente diferente. De resto solo se trata de poder mandar plata a México para que los que se quedaron sobrevivan".

Más allá de lo económico, muchas de las historias de los migrantes –tanto de los que se quedaron como de los que se fueron– eran también historias de encierros. "En mis entrevistas me topé con muchas historias de mujeres que en México, a pesar de la prolongada ausencia de su esposo, trataban de evitar salir de la casa para que las malas lenguas no hablaran y no fueran a llevarle malos recados a su esposo que mandaba dinero del norte. Por el otro lado, me topé también con historias de los que habían migrado que daban cuenta de cómo habían organizado sus horarios de vida dependiendo de los horarios de la 'migra'. Así solo salían después de las 7:00 pm o los domingos cuando los agentes no trabajaban".

Entre relatos fraccionados y vidas familiares incompletas, para la profesora muchas otras realidades salieron a flote, dejando en evidencia que quien piense que un fenómeno tan complejo y arraigado en la cultura como la migración puede solucionarse con un muro... debe estar equivocado.

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