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“Hasta el último aliento”: llega un nuevo grupo de más de 1,200 migrantes de la caravana a Tijuana

Cientos de migrantes centroamericanos llegaron entre la tarde y la noche del martes a Tijuana procedentes de Mexicali. Aunque son muchos y saben que tanto los albergues como el proceso para solicitar asilo en Estados Unidos están saturados, no pierden la fe en poder ingresar al país después de más de un mes de caminata.
21 Nov 2018 – 11:57 AM EST

TIJUANA, México. - Jaeli James, originario de San Pedro Sula, Honduras, estuvo durante tres días en el albergue Alfa y Omega en Mexicali, la capital del estado mexicano Baja California, junto con su pareja y un hermano, pero la mañana del pasado martes decidió salir junto con un millar de connacionales más con destino a Tijuana.

No estaba contento en el albergue, “tan lejos de la gran frontera”, como se refiere a Tijuana, y muy temprano se despertó, tomó sus cosas y, junto con su pareja y hermano, comenzó a hacer el mismo trayecto a pie que desde las cinco de la mañana ya habían emprendido algunos de sus compañeros de la caravana de migrantes centroamericanos que desde hace más de un mes avanza con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

Sabía que la travesía hasta Tijuana sería larga y pesada por las inclementes temperaturas que suelen arreciar en estas fechas; por un lado el clima seco y caluroso y, por otro, el frío que se presenta por las tardes, muy típico en esta región desértica bajacaliforniana.

A pesar de que contaban con todos los recursos y atenciones en el albergue en Mexicali, decidieron salir por la incertidumbre que les estaba causando el estar lejos del otro grueso de la caravana que desde el pasado miércoles 14 de noviembre se había instalado en el refugio temporal acondicionado en la unidad deportiva Benito Juárez, ubicado en la Zona Norte de Tijuana, a unos cuantos metros de la garita de San Ysidro.

En contacto con otros de sus paisanos, le mencionaron que habían asistido unos asesores legales que les hablaron sobre el tema de la solicitud de asilo, que se estaban generando ya los registros ante el Instituto Nacional de Migración para establecer su cita con las autoridades de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) y que, además, se había realizado una feria de empleo para migrantes y que había la posibilidad de sacar un permiso para poder trabajar, lo cual le llamó la atención y emprendieron la huida.

Así como Jaeli, el joven Jesús Dimas, originario de Honduras, también tomó sus pocas pertenencias –una cobija, una chamarra y una botella con agua- y emprendió el viaje a Tijuana, él estaba albergado en el Hotel del Migrante, junto a dos amigos más, quienes hicieron lo mismo cuando se enteraron que se emprendería la retirada hacia Tijuana.

Aumenta la presión sobre Tijuana y Mexicali con la llegada de migrantes centroamericanos (fotos)

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El trayecto en un principio fue caminando, durante varios kilómetros, hasta que se encontraron con el paisaje de La Rumorosa, lugar en donde la carretera se torna peligrosa y complicada por la angostura de sus carriles, las constantes curvas y el hecho de estar al límite de los cerros.

Al principio no tenían idea de cuántos migrantes eran los que se habían unido a la caravana en dirección a Tijuana, en un principio se hablaba de 500, 800 y hasta de mil personas, pero al final terminaron llegando a la ciudad un total de 1,276 personas, quienes en el tramo de La Rumorosa comenzaron a pedir ayuda a los automovilistas y “traileros” que circulaban por la carretera.

Tanto Jaeli como Jesús encontraron en el camino a una persona que detuvo su camioneta, les abrió la puerta y los llevó hasta el municipio de Tecate, donde los grupos se comenzaron a concentrar para hacer prolongados descansos que se tornaron en fatiga emocional y cansancio físico y mental.

Hubo quienes comenzaban a desistir de la idea de llegar hasta Tijuana, pero había que tomar “hasta el último aliento”, como comentó la señora Hera Urbina, quien en Tecate tuvo que pagar 25 pesos por cada uno de los 15 integrantes de su familia para poder arribar en el autobús de ruta que los dejaría en la terminal del centro.


Ella viaja desde Tegucigalpa, Honduras, con su marido, dos hermanas, un cuñado, varios hijos y sobrinos, quizá la familia más extensa en cuanto a elementos que la integran de toda la caravana, quienes al igual que muchos de sus compatriotas, salieron de su país a raíz de las amenazas que varios de los hijos recibieron por parte de las Mara Salvatrucha por “no haberse integrado a sus filas”, dijo la señora.

Todos ellos fueron parte del primer grupo de 200 integrantes que arribó a Tijuana alrededor de las 6:30 de la tarde, quienes pudieron ingresar sin mayores complicaciones al refugio, donde ya se encontraban 3,133 migrantes, en su mayoría hondureños, aunque también lo habitan –en menores proporciones- salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses.

"Somos una familia honrada y queremos vivir en paz"

Un par de horas después arribó un contingente de 10 camiones de transporte con 596 migrantes a bordo, quienes comenzaron a saturar al albergue que cuenta con capacidad solamente para 2,000 personas; casi a la media noche hubo un tercer arribo de 10 camiones más, con 480 personas a bordo, completando así un total de 4,409 migrantes en Tijuana.


La gran mayoría, aunque cansados por la larga caminata y la falta de bebidas hidratantes, se dijeron contentos por haber arribado a esta parte de la frontera. Aunque son muchos aquí y saben que será saturado el proceso para la presentación de los casos, confían en que puedan lograr el asilo debido a que se dieron cuenta que por aquí obtuvo el éxito la caravana migrante que pasó por aquí en mayo pasado.

Queremos darle una mejor vida a nuestros hijos, queremos alejarlos de la Mara y el crimen organizado, no queremos fastidiar a las personas de Tijuana, no somos animales como nos dicen en la calle, somos una familia honrada y queremos vivir en paz”, señaló la señora Hera Urbina, mientras ingresaba al albergue con los menores.

Los hombres adultos tuvieron que hacer filas que se prolongaron por más de dos cuadras por la cantidad de personas que arribó en la tarde-noche del martess, lo que generó que el proceso de registro fuera demorado, propiciando que varias de las personas se instalaran en calles y banquetas aledañas para pernoctar, debido que hasta altas horas de la madrugada el ingreso no fluía.

Los pocos que pudieron ingresar tuvieron que hacerse de un espacio en la cancha de béisbol que tiene la unidad deportiva, debido a que el refugio ha sido ya totalmente rebasado en su capacidad, establecida para 2,000 migrantes, cantidad que ya se supera al doble de personas con el arribo de estos contingentes y que se verá todavía más compleja la situación por los otros mil que se espera lleguen en próximos días a la ciudad.

Algunos migrantes solicitan retorno asistido

Así como estos más de 1,200 también llegaron cargados con sueños y emociones de poder ingresar a Estados Unidos, otros cuantos han estado desistiendo del “Sueño Americano” argumentando cansancio físico y emocional, además de desesperación por la larga espera en una ciudad en la que han encontrado ciertas hostilidades, tan solo la noche del lunes, 41 personas se entregaron a las autoridades de inmigración mexicana para solicitar el retorno asistido hacia sus países de origen.


Pero la gran mayoría de los integrantes de la caravana no piensan en rendirse. Dicen que después de más de 30 días de dolor y sufrimiento durante el trayecto, darse por vencidos así tan fácil no debe ponderar entre los pensamientos de todos. Por eso, aunque sea amontonados en un solo albergue, prefieren estar unidos y no perder la fe y el propósito que se trazaron el día que decidieron salir de sus casas.

“La fuerza catracha debe ponderar”, terminó mencionando eufórico el hondureño James Antoni Rodríguez, quien se dijo contento de que hubieran arribado sus paisanos y el contingente se estuviera reuniendo nuevamente como en un principio.

Migrantes llenan las calles de Tijuana y la Patrulla Fronteriza refuerza la valla (fotos)

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