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América Latina

Fue adoptado en Texas cuando era un bebé, pero 26 años después lo deportaron a México

Michael Polinske pensó que era estadounidense hasta los 16 años, cuando se enteró que su adopción nunca se formalizó. Ahora, desde Puerto Vallarta, está luchando para reunirse con su madre adoptiva, Maria Polinske, y sus hijos. ( Read this story in English)
9 Jul 2019 – 4:50 PM EDT

MIDLAND, Texas.– Se consideran madre e hijo, pero la ley de Estados Unidos no coincide con esto.

Maria Polinske, a quienes sus amigos conocen como Toni, crió a su hijo adoptivo Michael Vito Polinske desde que tenía dos días de nacido, pero ahora, 33 años después, se ven obligados a vivir en países separados y no se han visto en seis años.

Nacido en Torreón, México, en 1985, Michael se crió en Midland, Texas, y tuvo una infancia bastante típica, hasta que descubrió que no era ciudadano estadounidense después de abandonar la escuela e intentar conseguir un empleo. "Ahí fue cuando descubrí que no tenía un número de seguro social", dijo, en una entrevista en Puerto Vallarta, México, donde ha vivido desde que fue deportado en octubre de 2012.

La deportación es parcialmente culpa de Michael: fue a la cárcel después de declararse culpable de un cargo menor por posesión de drogas, aunque dice que las drogas no eran suyas. La única razón por la que se declaró culpable fue para salir de la cárcel para poder ver a su padre que se estaba muriendo de cáncer, agregó.

Su madre, ahora de 73 años, también se siente culpable por el destino de Michael.

Después de adoptarlo, junto con otras dos niñas mexicanas recién nacidas, ella y su difunto esposo nunca pudieron finalizar la adopción. Su abogado mexicano trató de extorsionarlos reteniendo sus documentos de adopción y pasaportes mexicanos para los niños. Sólo años después, un juez de Texas reconoció las adopciones.

Su historia es una lección trágica sobre los trámites legales, especialmente ahora en la era de las leyes de inmigración más estrictas y la política de 'tolerancia cero' del presidente Donald Trump.

Aunque los Polinske aún tienen esperanzas de reunirse, enfrentan una batalla legal costosa e incierta, que está fuera de las posibilidades financieras de ambos.

" El caso de Michael es difícil porque tiene muchas complicaciones comunes, pero todas se agrupan en una sola. Todo lo que le pudo haber salido mal, le salió mal", dijo la abogada de inmigración Elizabeth Ricci, quien ha estudiado el caso, aunque no representa a la familia.

María Polinske aún vive en la casa familiar que su esposo construyó en las afueras de Midland, Texas, rodeada de un paisaje desolado de arbustos de mezquite y yacimientos petroleros salpicados de las omnipresentes bombas de varilla o bombas de petróleo que supuran alquitrán negro.


Pero su historia comienza en el pequeño poblado rural de La Laguna, en Zacatecas. Abandonó la escuela a los 13 años después de aprender a leer y escribir, y comenzó a arar la pequeña parcela de maíz y frijoles de la familia mientras su padre trabajaba como jornalero por temporadas en los campos de algodón de Pecos, al oeste de Texas. "Éramos tan pobres que ni siquiera teníamos cabras ni pollos", recordó durante una larga entrevista en su casa en una fría mañana invernal de enero.

A los 21 años, persuadió a su padre para que la dejara ir a la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez, donde trabajó como costurera, antes de aceptar un trabajo al otro lado de la frontera limpiando casas en El Paso. "Todo el pueblo se sorprendió cuando me fui. Yo era la mano derecha de mi padre, y en esos días los niños no iban a trabajar a Estados Unidos", dijo.

Después de seis años en El Paso, le ofrecieron un trabajo con una familia adinerada en Minneapolis, cuidando a tres niños. Tenía miedo de irse tan lejos y recuerda su temor en el aeropuerto de El Paso cuando se encontró con una fuerte seguridad. Resulta que su vuelo coincidió con la llegada del presidente Richard Nixon, quien estaba llegando de visita para un evento de su campaña de reelección.

Pero ella estaba contenta de ganar el suficiente dinero como para enviarles 30 dólares al mes a sus padres. Sus empleadores la trataban bien y ella se encariñó con los niños.

"Mi salvadora"

"Ella fue mi salvadora", dijo Alicia House, ahora de 57 años, quien recordó con cariño los años que pasó bajo el cuidado de Toni, su niñera. "Durante mi infancia ella fue básicamente toda mi vida. Mi propia madre no era muy cariñosa. Toni es muy maternal y fue mi madre desde los cuatro años hasta que fui a la universidad", dijo en una entrevista telefónica desde su casa en Kentucky. "Me lo hacía todo. Recuerdo cómo me cepillaba y me secaba el cabello. También me hacía trenzas. Eso me encantaba. Incluso me enseñó a hacer tortillas", añadió.

El padre de House, Cliff Whitehill, fue vicepresidente y abogado principal de General Mills, la multinacional estadounidense fabricante y comercializadora de alimentos de consumo, con sede en Golden Valley, un suburbio de Minneapolis. Era hijo de una madre mexicana, su esposa también era oriunda de Venezuela y Toni encajaba perfectamente.

Ella dejó el empleo con la familia luego de conocer a su esposo, John Polinske, en un baile. Se mudaron a Midland después del auge del petróleo de esquisto en la Cuenca Pérmica del oeste de Texas, uno de los yacimientos de petróleo y gas más grandes del país.

Pero ellos se dedicaron a arreglar y pintar casas para ganarse la vida.

Toni recuerda haberle puesto a su esposo una condición importante. "Dos niños, eso es lo que quiero", le dijo ella. "No me interesan las riquezas, sólo la felicidad", agregó.

1985: Michael, Michelle y Amanda

Él era 17 años mayor que ella y ya tenía tres hijos mayores y se había sometido a una vasectomía para evitar tener más. "Así que, dijimos, vamos a adoptar".

Viajaron a México a visitar orfanatos, pero como ambos tenían más de 40 años, todos los rechazaban. Entonces, buscaron otras opciones, a través de una iglesia. Aunque su idea originalmente era tener dos hijos, terminaron adoptando a tres, Michelle, Amanda y Michael, todos nacidos con unas pocas semanas de diferencia de madres diferentes.

Toni recordó que Michael era un bebé inquieto, que necesitaba atención. "Mi madre me decía: 'Acércatelo a la cara, dile que su madre está aquí, que su madre está aquí' ... eso es lo que más recuerdo, aunque ahora ya pasó tanto tiempo".

Después de seis meses de trámites y burocracia, y 8,000 dólares en honorarios, un día su abogado le notificó a Toni que todo estaba completo. Todo lo que quedaba era trámites para obtener pasaportes para los niños, le dijo.

"Dijo: 'Bueno, señora, si quiere irse, puede irse y yo la llamaré cuando todo esté listo'", recordó Toni.

En aquellos días, cruzar la frontera de México era muy fácil y los agentes de la frontera apenas revisaban el papeleo. "Así que vinimos a casa", dijo Toni, quien trajo a las dos niñas primero y luego regresó por Michael. "Mi esposo me estaba esperando en la estación de autobuses con boletos", dijo.

Pero los documentos de adopción y los pasaportes nunca llegaron. El abogado le dio un montón de excusas hasta que un día Toni lo confrontó y recibió una respuesta sorprendente. "Dijo que necesitaba empezar todo de nuevo. Necesitaba que le enviaran nuevamente a los niños, pero dijo que esta vez costaría otros 10,000 dólares", dijo.

Vida normal

Como no tenía dinero, inscribió sin muchos problemas a los niños en la escuela en Midland, Texas. La vida transcurrió normalmente, aunque a los padres les preocupaba haber dejado la situación legal de sus hijos sin resolver.

Cuando los niños tenían 10 años, los Polinske intentaron reclamar el crédito fiscal para sus hijos, pero el Departamento del Tesoro los rechazó porque no tenían un número de seguro social, según las cartas de los funcionarios que la familia compartió con Univision.

Michael se graduó de Travis Elementary, luego de Goddard Junior High antes de ingresar a Midland High. Estuvo en el equipo de fútbol. "Jugué todas las posiciones, lo que fuera. Prácticamente nunca salía del campo", dijo Michael, quien ahora tiene 33 años. Un anuario escolar lo muestra con una sonrisa en sus cachetes regordetes con los alumnos del 6º grado de la Sra. Johnson.

Tenía buena asistencia a la escuela, según los registros y certificados que guarda su madre. Los Polinske criaron pavos reales y gansos, así como carpas Koi en un estanque junto a la casa que ahora está vacía. Michael se salió de la escuela a los 16 años y comenzó a trabajar. Pero cuando pidió su seguridad social, descubrió que no tenía.

Secreto familiar

Siempre había sabido que fue adoptado, pues sus padres se lo dijeron a él y a sus hermanas a una edad temprana. Pero nadie mencionó que no eran estadounidenses.

Al principio estaba molesto con sus padres. ¿Cómo pudieron ser tan negligentes?

Con la ayuda de los Whitehill, los antiguos empleadores de Toni, a quienes ella siempre se mantuvo cercana, contrataron a un abogado y fueron a la corte. Los Whitehill consultaron a varios abogados y pagaron miles de dólares en honorarios.

Un estudio social de la familia encargado por la corte concluyó: "Ella (Toni) y John son personas de confianza, trabajadoras, laboriosas ... John y Toni Polinske les han dado un hogar amoroso y estable a Michelle, Michael y Amanda durante los últimos 17 años y continúan apoyándolos".

En fotos: la lucha de una madre y su hijo, desde la adopción hasta la deportación

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Orden de adopción en Texas

Finalmente, en abril de 2003, cuando los niños tenían 17 años, un juez de Texas, Jim Bobo, emitió una orden otorgando su adopción. El juez dictaminó que los Polinke "han tenido cuidado, posesión y control reales" de los niños y que "la adopción es en el mejor interés de los niños".

Su orden afirmó que "la relación padre-hijo se crea entre los niños y los [Polinske] a todos los efectos".

Michael recuerda ese día. El juez dijo: "¿Quieren ser parte de la familia Polinske?"

"Sí", respondieron los tres al unísono. "¿Quieren seguir viviendo con ellos?", preguntó el juez. Una vez más, respondieron "Sí".

Y eso fue el final, o así creía la familia. En julio llegaron sus certificados de nacimiento de Texas, reconociendo a John y Maria Polinske como sus padres legales.


La vida continuó. Michael ya era padre y se casó con su novia. No tuvo problemas para obtener una licencia de conducir y obtuvo un trabajo bien remunerado en bienes raíces que le pagaba en efectivo su empleador, quien nunca le solicitó documentos para el trabajo. Alquiló una bonita casa adosada y tenía dos coches. Incluso solicitó un número de identificación fiscal al IRS.

En septiembre de 2003, John Polinske presentó documentos de naturalización para su hijo. El documento señalaba que podía esperar una respuesta dentro de unos tres años.

Pero, a pesar de la orden de adopción, los niños nunca recibieron sus tarjetas de seguridad social o ciudadanía.

"El abogado me dijo que los certificados de nacimiento se enviarían por correo y, cuando llegaran, debíamos acudir a Seguridad Social y solicitar números para los tres niños", dijo Toni. "Estábamos muy felices, y luego, cuando fuimos, dijeron 'no'".

El certificado de nacimiento llego, pero nada más.

La familia hizo montones de trámites con la Administración de la Seguridad Social. "Siguieron pidiendo más formularios, y costaban 400 dólares cada vez", dijo Toni.

Estatus migratorio

Pasaron los años, Michael tuvo tres hijos más. Pero su estatus migratorio, y el de sus hermanas, se mantuvo sin cambios.

No está claro por qué nunca se naturalizaron en ese momento. Univision presentó varias solicitudes a las autoridades de inmigración bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) sobre su caso, pero sólo recibió un resumen de dos páginas de su proceso de deportación.

Ricci, el abogado de inmigración radicado en Florida, cree que nunca finalizaron adecuadamente la adopción a tiempo. "La ley de inmigración requiere que la adopción se finalice antes de los 14 años y la de Michael no se completó hasta que él tenía 17 años", agregó.

La adopción de Michael en México "nunca se completó legalmente. Nunca se finalizó". Como resultado, no tiene registro legal de entrada al país.

Según la Ley de Ciudadanía Infantil del año 2000, los niños adoptados en el extranjero adquieren automáticamente la ciudadanía estadounidense si al menos uno de sus padres es ciudadano estadounidense, el niño es menor de 18 años y fue admitido en Estados Unidos como inmigrante por residencia legal permanente, y la adopción es definitiva, según el sitio web del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés)

"En los últimos años, muchos adoptados han descubierto que, aunque fueron adoptados legalmente y han sido residentes en Estados Unidos durante la mayor parte de sus vidas, no tienen la ciudadanía estadounidense", afirma el sitio web.

"Muchos descubrieron esto siendo adultos jóvenes cuando solicitan empleo, se registran para votar, solicitan un pasaporte estadounidense o, desafortunadamente, cuando tienen problemas con la ley y enfrentan la deportación a un país que ya no es su hogar", agregó.

"Un problema con ICE"

Efectivamente, en 2007, cuando Michael tenía 21 años, fue detenido por la policía mientras conducía su automóvil con un amigo. La policía encontró dos gramos y medio de cocaína en la guantera del vehículo.

Como era su coche, el policía le preguntó quién iba a asumir la responsabilidad por la cocaína.

"Me dijo: 'Puedes aceptar la responsabilidad, o los arresto a los dos'", le dijo Michael a Univision. "Como no soy el tipo de persona que deja mal a sus amigos, dije 'Ok, vamos, sólo yo. Déjelo ir'', añadió, describiendo cómo dice que asumió la culpa por su amigo.

El día después de su arresto, su esposa pagó la fianza. Pero pasaron dos días y no lo liberaron.

"Me dijeron que tenía un problema con ICE", dijo. "'¿Qué es ICE?' Les pregunté".

Michael dice que fue la primera vez que escuchó hablar de la división de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que tiene la tarea de detener y deportar a los inmigrantes indocumentados.

Michael dijo que trató de explicarles su adopción a los agentes de ICE, quienes le preguntaron si era mexicano.

Cuando compareció ante el tribunal, un juez se negó a reconocer su adopción como un derecho a la ciudadanía.


En ese momento el padre de Michael estaba luchando contra un cáncer terminal. Michael dice que decidió declararse culpable de los cargos de posesión de drogas para pasar más tiempo con su padre. Añade que no se dio cuenta de que su declaración de culpabilidad automáticamente resultaría en su deportación.

Poco después de la muerte de su padre en noviembre de 2008, llegó una carta en la que se le informaba a Michael que si no se iba del país voluntariamente sería arrestado y deportado.

Desesperada, Toni le escribió a un miembro local del congreso en 2010. "Intentamos muchas veces de que se procesaran los trámites sin éxito en todos estos años. Hemos gastado miles de dólares en los últimos 25 años y no hemos llegado a ningún lado", escribió Toni.

"Se pueden imaginar nuestras frustraciones. Hemos adoptado a estos tres hermosos niños, los criamos hasta que se hicieron adultos, y ahora nos enfrentamos a la posibilidad de que los envíen a México", señalando que Michael no hablaba español y estaba "asustado por esa posibilidad".

Michael le dijo a su madre que se iba. Pero en lugar de irse a México, se subió en su camioneta y se dirigió a Minnesota.

Al evadir la deportación voluntaria, Michael se convirtió en un fugitivo hasta que otro control de tráfico provocó su arresto en 2011 y la policía revisó su identificación.

Recuerda haber llegado a la frontera para su deportación. "Nos dijeron: 'tienen unas dos horas antes de que se ponga el sol'", dijo. "Luego te quitan los grilletes, te dan una bolsa con un sándwich, papas fritas y un jugo", agregó.

A pesar del consejo de su madre de que tuviera paciencia mientras intentaba encontrar una solución legal para traerlo de regreso a casa, Michael volvió a tomar el asunto en sus propias manos y decidió regresar ilegalmente. Sin muchos problemas, pudo comprar un pasaporte estadounidense con un nombre falso, Pablo Salazar. Pero fue arrestado inmediatamente de nuevo, esta vez, por agentes fronterizos.

Pasó otro año en prisión con la esperanza de poder regresar con su esposa e hijos. Pero no era su destino. Su esposa le exigió el divorcio y le prohibió el contacto con los niños.

Fue deportado por segunda vez el 15 de octubre de 2012.


Huérfano en Puerto Vallarta

Michael ahora vive en un apartamento moderno y pequeño en una calle arenosa en Puerto Vallarta, un centro turístico en la costa oeste de México. Las autoridades mexicanas lo consideran huérfano y le dieron un nuevo certificado de nacimiento, bajo su nombre de nacimiento: Michael Vito Martínez Caldera.

Gracias a su fluidez en el idioma inglés, encontró trabajo en bienes raíces y centros de llamadas, pero se queja de la baja remuneración y la falta de prestaciones. Es partidario de Donald Trump, y dice que la crisis de los migrantes centroamericanos ha afectado sus perspectivas de regresar legalmente a Estados Unidos.

"Sólo han empeorado el problema de la inmigración", dijo. "No hay ninguna ley para mí", agregó.

¿Causa perdida?

Los expertos en inmigración dicen que el caso de Michael no es una causa perdida, aunque es legalmente complicado y podría llevar meses, o años, deshacer todo lo que sucedió.

"Creo que hay una solución para Michael", dijo Ricci, aunque ella cree que necesita un abogado de derecho familiar para que su adopción se reconozca de forma retroactiva, así como un abogado especialista en derecho penal para anular su condena.

"He hablado con Michael. Nos hemos comunicado por medios electrónicos. He revisado los documentos. Entiendo lo que ocurrió y en el camino se perdieron varias oportunidades para solucionar su caso. Y esa es la razón, lamentablemente, por la que está viviendo en México en este momento", dijo. La adopción de Michael en México "nunca se completó legalmente. Nuna se finalizó", dijo. Sus padres adoptivos no entendieron eso e inocentemente cruzaron la frontera.

Si el funcionario de aduanas de ese entonces hubiera pedido una prueba de la ciudadanía de los niños "entonces estaríamos en una situación diferente", dijo.

"La ley de inmigración requiere que la adopción se complete antes de los 14 años. En el camino, el padre adoptivo muere y a él lo acusan de un delito. Él acepta declararse culpable. No se le dice que esto provocará su deportación. Ni su abogado de defensa penal, ni el defensor público, ni el juez se lo dijeron. Aceptó la declaración de culpabilidad e inevitablemente fue deportado y en eso está", dijo.

Su situación solo se vio empeorada por el hecho de que volvió a ingresar al país después de una orden de deportación que se castiga con una prohibición de 20 años de reingreso.

Toni sobrevive haciendo trabajos ocasionales de pintura, pero su salud no es buena y el frío del pasado invierno la afectó mucho. "No sé cuánto más tiempo puedo seguir así sin mi hijo", dijo ella llorando durante una reciente llamada telefónica.

Toni recibe un estipendio mensual de la familia Whitehill con quien se mantiene en contacto. Vive con un perro y dos gatos y su nieto Josiah. Los vecinos la visitan de vez en cuando.

"Todos extrañamos a Michael. Ojalá estuviera aquí Su madre lo necesita", dijo Ray Randall, de 74 años, una amiga de la familia.

"Michael es de oro de 24 quilates. Él siempre me respetó mucho. Me trataba mejor que mi propio hijo.

Voto por Trump

Esta mujer, judía mesiánica, respalda enérgicamente el apoyo de Trump a Israel y votó por él en 2016, aunque ahora lo lamenta. "Se ha convertido en una especie de dictador", dijo.

El hijo menor de Michael recientemente llamó a Toni desde el cementerio donde está enterrado el esposo de ella. Sonaba como si tuviera pensamientos suicidas, y fue tratado por cortaduras en los brazos.

El hijo mayor de Michael, también llamado Michael, planea visitar pronto a su padre en México. Una de sus hermanas adoptadas, Michelle, obtuvo la ciudadanía con una visa especial debido al abuso físico de su pareja. Su otra hermana, Amanda, vive en Texas sin estatus legal.

Desde Puerto Vallarta, Michael expresa su frustración por no poder ofrecerle el apoyo paternal que necesita. "Sé que no he sido el mejor padre, pero me siento víctima de una conspiración contra mí", dijo. "Creo que nunca más podré regresar a mi casa".

En fotos: la lucha de una madre y su hijo, desde la adopción hasta la deportación

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