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Huracán Dorian

La paradoja de Las Bahamas: seguir poniendo buena cara al turismo mientras supera la tragedia que dejó Dorian

Esta meca vacacional de enormes cruceros y hoteles de lujo que fue parcialmente arrasada días atrás por el huracán categoría 5, atraviesa un momento bipolar: un luto por el desastre y la muerte pero vestido fiesta para que los visitantes tengan sus vacaciones de ensueño.
6 Sep 2019 – 6:06 AM EDT

NASSAU, Las Bahamas.- La primera imagen al salir del avión en el aeropuerto Lynden Pindling en Nassau, la capital de Las Bahamas, es un hombre bailando, vestido con un traje de plumas y un tambor con la bandera bahamesa. “Welcome to Bahamas”, dice sonriente mientras de fondo se escucha una banda de tres músicos tocando en vivo en la zona de migraciones, una segunda bienvenida musical en apenas 40 metros.

La recepción festiva a este olimpo vacacional poco tiene que ver con el duelo y el espanto dejado por el huracán Dorian, que siendo categoría 5 se cebó por dos días sobre islas más al norte, la Gran Bahama y Abaco, donde arrasó con todo y dejó, hasta el momento, 30 muertos. (Se da por descontado que cuando el agua comience a ceder en las islas anegadas, el número de víctimas seguirá aumentando).



Pero es en otro aeropuerto de Nassau donde sí se palpa la angustia de la tragedia. En la terminal de Odissey (Odisea) despegan y aterrizan los pequeños aviones y helicópteros que van y vienen de las zonas del desastre. En una esquina, bajo la sombra de una carpa blanca colocada para mitigar el sol y el calor, hay personas que tres días después del paso del huracán todavía no saben nada de sus familiares que viven en las zonas devastadas.

A esta pista es a la que llegan los heridos, y vienen a ver si alguien sabe algo de sus abuelos, sus padres, sus hijos. Una de ellas es Lashanda Mckinney. Tiene 19 años y se mudó a Nassau para estudiar educación en la Universidad de Bahamas, por lo que está sola aquí. Toda su familia vive en las islas arrasadas por el huracán.

“Suelo volver a casa de visita”, contó a Univision Noticias. Dijo que pudo comprobar que algunos de sus seres queridos en Gran Bahama están vivos. “Estuve en contacto con ellos durante el huracán” pero luego “perdí comunicación”.

De quienes no tiene noticias es de sus familiares en Abaco. “Allí vive mi abuela, mi papi, mis tías”, cuenta. Es el segundo día de esta joven sentada a la sombra de la carpa blanca en el aeropuerto Odisea. Y afirma que seguirá viniendo hasta tener noticias.

“Vi imágenes de Abaco. No hay nada allí. No hay comida, no hay qué beber, no quedó nada”, dice y añade: “Mantengo mi fe”, sacudiéndose el desánimo que salen de sus propias palabras.


Sin información para dar

El personal en la terminal poco sabe de lo que está pasando en las islas destruidas y no es mucho lo que pueden hacer para mitigar la angustia de quienes, como Lashanda, aguardan datos sobre sus familias.

Anthony Hinsey, quien trabaja en comunicaciones del aeropuerto Odisea, explica a Univision Noticias que ellos prácticamente no tienen comunicación con los sobrevivientes. Señala que las personas rescatadas tienen acceso a una línea telefónica en las islas Abaco.

“Lo que se hace es que cuando se rescata a una persona en Abaco, antes de abordar el avión o el helicóptero rumbo a aquí, esas personas pueden hacer una llamada a sus familias”, dice Hinsey.

“Al llegar los que necesitan atención médica son trasladados en ambulancia al hospital. Pero los que están bien, son reunidos con sus familias aquí”.

Dice que son decenas de personas las que le piden información. “Pero en la mayoría de los casos no la tenemos”, lamenta.

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Un hospital, poco espacio

Los lesionados que llegan a Nassau de las islas arrasadas por Dorian llegan al Princess Margaret, el único hospital público de la isla.

Los rescatados de la zona de desastre se acumulan en camillas en los pasillos. No hay espacio suficiente y los responsables del centro asistencial creen que no han visto aún lo peor porque temen (y saben) que a medida que bajen las aguas aparezca más gente con necesidad de ser llevada a Nassau.

En ese hospital, hasta este jueves se habían atendido a más de 85 personas. La jefa médica del centro, Caroline Burnett, indicó a Univision Noticias que tres personas murieron.

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Una dinámica bipolar

Mientras tanto Nassau vive una dinámica escindida que empieza en el aeropuerto y se esparce por sus calles.

En los hoteles de la ciudad, que suelen estar llenos de gente vacacionando, con sus sombreros y camisas con palmeras, ahora se entremezclan decenas de personas uniformadas de distintas organizaciones de asistencia venidas de diferentes partes del mundo que llegaron a hacer labores de rescate en una de las peores catástrofes sufridas por este país.

Henry Smith es taxista en un hotel de Nassau, y vive de ese flujo de extranjeros que llegan a su ciudad. Él contó a Univision Noticias que uno de sus hijos vive en Gran Bahama, y pudo comprobar que sobrevivió y que está bien.

Smith explica que ha pasado toda su vida aquí y cree que la catástrofe causada por Dorian “es la peor” que ha visto. La compara con el paso del huracán Floyd que en 1999 también causó un desastre en Las Bahamas, pero cree que esto superará aquella calamidad.

El taxista señala que por el nivel de destrucción, “definitivamente va a afectar el turismo en Gran Bahama y Abaco”. Pero cree que el problema no se verá tanto en Nassau. Algo que parece una referencia involuntaria a la bienvenida musical, por donde llegan periodistas y rescatistas, pero también turistas.

Es la paradoja que vive este archipiélago paradisíaco en uno de sus momentos más duros: mantener su mejor cara ante los visitantes para que el turismo no decaiga y seguramente usar los ingresos para financiar la dura reconstrucción que se viene.


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