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Escuelas Públicas

Buffalo demostró que las escuelas urbanas pueden mejorar, y mucho, pero no todo es cuestión de dinero

Esta ciudad encontró soluciones inesperadas a un problema que aflige a estudiantes negros y latinos en todos los Estados Unidos y redujeron a un nivel históricamente bajo la brecha de graduación con sus compañeros blancos. Ahora Buffalo trata de responder una pregunta: ¿podrán replicarse estas soluciones?
6 Ago 2017 – 12:48 PM EDT

BUFFALO, N.Y. - Cuando Karolina Espinosa, de 18 años, se acuerda de su primer año en Buffalo Hutchinson Central Technical High School, la graduación le parecía muy lejana.

"En ese momento", dijo, "mis padres estaban en la carcel. Tenía problemas con la lectura y con la asistencia". Pero en mayo, sentada en la oficina de la especialista en apoyo familiar de su escuela, Joell Stubbe, Karolina habló emocionada de ir a Buffalo State, donde fue aceptada para la clase de 2021.

Karolina atribuye el cambio a su relación con Stubbe. "Ella es como mi hermana mayor", dijo Karolina. "No me gusta hablar de mis problemas… o lidiar con mis emociones hacia la gente. Yo ni siquiera hablo con mi hermana [real] sobre eso, ni lloro delante de ella. Pero sí lo hago con [Stubbe]. Sin ella, ni siquiera estaría en la escuela, honestamente. Ya me hubiera salido".

Como especialista en apoyo familiar en la escuela, Stubbe sirve de enlace entre los estudiantes, las familias y varios servicios legales, de salud y de apoyo académico proporcionados por organizaciones comunitarias locales. Stubbe tiene un colega en todas las escuelas públicas de la ciudad, pero ni ella ni sus colegas son empleados del sistema de Escuelas Públicas de Buffalo. Sus puestos se crearon y se financian a través de ‘Say Yes to Education Buffalo’, una sucursal local de una organización sin fines de lucro de Nueva York.


La historia del cambio

En Buffalo, una ciudad del Cinturón de Óxido que sigue lidiando con altos niveles de pobreza y una población subeducada, los resultados del programa Say Yes han superado todas las expectativas. Desde su lanzamiento en 2012, la tasa de graduación de la escuela secundaria de la ciudad subió 15 puntos al 64%, según cifras del departamento de educación del Estado de Nueva York, la tasa más alta que la ciudad ha logrado en más de una década.

Y los estudiantes negros y latinos han experimentado la mayoría de las grandes mejoras, reduciendo significativamente la brecha de graduación con sus compañeros blancos. Según Say Yes, ha otorgado aproximadamente 4,000 becas de matrícula y el número de escuelas de Buffalo clasificadas como "en regla" por el departamento de educación del estado casi se ha duplicado desde 2012, pasando de 11 a 20.

La promesa de Say Yes de matrícula universitaria universal gratuita para todos los graduados de las escuelas públicas de Buffalo ha llamado la atención del público. Pero Say Yes también proporciona a los estudiantes especialistas en apoyo como Stubbe, acceso a cuidados médicos y dentales, asesoramiento sobre salud mental y clínicas legales, actividades extraescolares de enriquecimiento, programas de preparación para la universidad y tutoría o talleres de preparación para el trabajo y remisiones a servicios de vivienda para los padres de los estudiantes.

"No es solo una beca", dijo Clotilde Dedecker, presidenta de la Community Foundation for Greater Buffalo, una organización sin fines de lucro. "Es un cambio de cultura. Estamos finalmente abordando los retos sistémicos del éxito… en lugar de simplemente los síntomas".

Es comprensible que Say Yes Buffalo esté despertando el interés de los distritos escolares y los gobiernos locales de todo el país, ansiosos de ver si su éxito se puede replicar.

Sin embargo, los escépticos cuestionan si las intervenciones al estilo de Say Yes pueden tener éxito en otros lugares, teniendo en cuenta que sus soluciones no sólo son difíciles de aplicar, sino que, al menos a corto plazo, cuestan más de lo que muchas comunidades están dispuestas o pueden pagar.

También podría argumentarse que coincidieron varios factores positivos y personalidades en Buffalo para poner a Say Yes en el centro de una tormenta perfecta de oportunidades: su llegada en 2012 coincidió con la creación, por parte del gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, de un proyecto de inversión en infraestructura y empleos de mil millones de dólares.

Say Yes lanzó su sucursal de Buffalo aportando 15 millones de dólares en financiación inicial para crear el fondo de becas de matrícula. Pero, tratando de mejorar la transparencia y la sostenibilidad a nivel local, el programa exigía que el grueso del trabajo pesado, tanto financiero como estratégico, se hiciera a través de una colaboración entre las autoridades de la ciudad y los funcionarios de educación, organizaciones comunitarias, grupos cívicos y la filantropía local.

Fue esta demanda de cooperación, según los funcionarios locales, la que creó el beneficio clave de Say Yes: la nueva capacidad de los actores clave de la oficina del alcalde, el distrito escolar, el sindicato de maestros, los grupos de padres de familia, la comunidad empresarial y las instituciones de educación superior para trabajar juntos hacia el objetivo común de aumentar la educación postsecundaria para los estudiantes de Buffalo.

Este enfoque en las relaciones entre diferentes programas es un trabajo difícil, reconocen los participantes, pero dicen que es precisamente lo que hace de Say Yes un modelo sostenible, que se ocupa realmente de las necesidades de una comunidad de escasos recursos.


Los que dudaban

Aunque el encanto de la matrícula universitaria gratis de Say Yes era inmediatamente obvio en una ciudad donde el 54% de los niños viven en la pobreza, muchos veían el programa con escepticismo inicialmente. Dedecker, quien fue esencial en llevar el programa a Buffalo, recordó las bajas expectativas al comienzo por parte de casi todos.

"Una de las frases más comunes que escuchaba cuando me reunía con las partes interesadas era 'esto nunca funcionará aquí'", dijo Dedecker. "La gente no se llevaba bien. Había tanta acritud y tanta historia de desconfianza y de errores".

Entre quienes tenían pocas esperanzas de éxito estaba Samuel Radford, presidente del Consejo Coordinador de Padres del Distrito de Escuelas de Buffalo.

"Llegué a Say Yes como un escéptico", dice, recordando las promesas rotas de arreglar las escuelas de la ciudad. "En Buffalo, teníamos un índice de graduación del 25% para los hombres negros durante los últimos 50 años. ¿Se puede imaginar la devastación (que le trae eso) a una comunidad … año tras año?".

Y al enterarse de que como miembro del comité de operaciones de Say Yes debía trabajar en estrecha colaboración con Philip Rumore, su antiguo adversario y jefe del sindicato de profesores de la ciudad, Radford recuerda: "No veía cómo iba a funcionar. Phil y yo nos peleábamos en la primera plana del [Buffalo News]. No nos dirigíamos la palabra".

Algo que alentó a Radford fue que las becas de Say Yes iban a estar disponibles independientemente de los ingresos, proporcionando una ruta para alentar a las familias de clase media a volver a un sistema escolar en el que, en 2010-11, casi ocho de cada 10 estudiantes calificaban para almuerzos gratuitos o a precios reducidos.


"Lo que hizo esta oportunidad especial", dijo Radford, "es que era para todo el mundo. Usualmente lo que provoca la desunión en la comunidad son las diferencias de clase, las diferencias raciales, las diferencias socioeconómicas. Así que ahora de repente tienes algo que no nos separa porque realmente es para todo el mundo … lo cual es un cambio radical".

También hubo que superar obstáculos dentro del departamento de educación de Buffalo. Will Keresztes, jefe de asuntos intergubernamentales y ex superintendente interino, recuerda los desafíos, tanto prácticos como filosóficos.

"Los sistemas escolares públicos", dijo Keresztes, "ven la educación de los niños como una propiedad. Cuando involucras a otras personas, crees, erróneamente, que estás cediendo un poder necesario. Así que los distritos escolares públicos dudan al tomar decisiones en colaboración con instituciones fuera de su órbita. Ésa es su mentalidad".

En particular, señaló, la disposición de Say Yes de compartir los datos de los alumnos iba en contra de la mentalidad de sistema cerrado de la oficina del superintendente.

"Una de las cosas que nos resultó más difícil entregar", dijo Keresztes, "fue los datos de nuestros alumnos. Ésa fue nuestra primera prueba… tienes que compartir datos con tus socios. Ellos tienen que saber cómo les va a los niños si van a ser parte de la solución".

En 2012, la tarea de negociar y facilitar el diálogo en medio de décadas de desconfianza institucional y personal recayó principalmente sobre David Rust, director ejecutivo de la sucursal de Say Yes de la ciudad y residente nativo de Buffalo.

"Al principio la asociación era frágil porque no habíamos estado en la misma habitación juntos antes", dijo Rust. Él creó el comité operativo de Say Yes con la estricta condición de que los responsables clave de tomar decisiones de cada entidad asociada se reunieran cara a cara cada dos semanas, sin fallar.

"Es más fácil criticar a alguien que no se sienta junto a ti regularmente", dijo. "Cuando llegas a oir la perspectiva de alguien y realmente lo escuchas … creo que rompió muchas barreras mentales para nuestros socios".

Radford coincide: "Obliga a las personas con opiniones políticas muy diferentes a encontrar un terreno común. Si estás buscando algo fácil, esto no es para ti ".

Esa cooperación se convirtió en un beneficio inesperado para un sistema caótico, recordó Radford. "Con el tiempo, Phil y yo pasamos de ser adversarios a … ser una fuerza estable en el campo de la educación", dijo. "En un momento la ciudad tuvo siete superintendentes distintos en cinco años. Ésas son condiciones que practicamente garantizan el fracaso de nuestros hijos. El hecho de que tuviéramos este comité operativo de Say Yes fue lo que salvó el progreso que estabamos logrando".

Dedecker y Radford le atribuyen a Rust y su equipo el énfasis en los datos y el análisis para garantizar que los recursos fueran a donde podían tener el mayor impacto.


La salud mental, la clave

Al principio, se realizó una encuesta para evaluar las necesidades de las familias, las escuelas y las comunidades. Dedecker dice que la solicitud nº 1 no era académica, sino el acceso a los servicios de salud mental.

Danielle Galenski, una especialista en apoyo familiar en el Stanley Makowski Early Childhood Center, ve esa necesidad a diario.

"La salud mental es una gran pieza del rompecabezas aquí", dijo de su escuela, que va desde el prescolar hasta el cuarto grado. Refiriéndose al consejero de salud mental en la escuela que está allí todos los días mediante una asociación con Say Yes, Galenski señaló, "a lo largo de los años le he remitido muchos niños semanalmente. Tener la clínica aquí en la escuela es muy bueno porque hay muchísimos obstáculos para llevar a los niños a terapias".

Las necesidades de salud mental pueden ir desde la hiperactividad hasta la agresión, dice Galenski, pero en un vecindario en el que casi un tercio de los residentes son desempleados, los efectos de la pobreza generacional de por sí pueden desencadenar acciones que fácilmente se confunden con trastornos de conducta.

"Los traumas pueden parecerse al TDAH", o Trastorno por Deficit de Atención e Hiperactividad, dijo ella. "Entonces nos preguntamos, ¿realmente este niño tiene TDAH o podría ser que su familia ha sufrido muchos traumas, y no come antes de venir a la escuela, no recibe ninguna atención en casa o quizá ha sufrido la muerte de varios miembros de su familia en el último año? Esos síntomas pueden realmente tener un aspecto muy similar al TDAH".

Como resultado de las asociaciones de Say Yes Buffalo, 11 escuelas de distrito tienen actualmente clínicas de salud de servicio completo en sus instalaciones; el próximo otoño comenzará un programa de dispensario móvil. Y 52 de los 59 edificios del distrito proporcionan acceso escolar a los servicios de salud mental. Say Yes también reconoce a sus asociaciones por un programa de campamento de verano para primaria que atendió a 2,500 estudiantes en 2016.

Ese mismo año, según Say Yes, el distrito escolar de la ciudad presupuestó 8.3 millones de dólares para financiar programas de enriquecimiento extraescolar en cada uno de sus edificios, convertir 13 escuelas de bajo rendimiento en escuelas comunitarias y abrir cuatro centros de adultos en toda la ciudad para proporcionar empleo y asistencia jurídica a los padres de las escuelas públicas.

Los socios de Say Yes Buffalo asignaron otros 10 millones de dólares en financiación ese año a otros programas clave de servicio de apoyo a los estudiantes.

Además, los esfuerzos locales de recaudación de fondos han obtenido más de 24 millones de los 33 millones de dólares requeridos para lograr la sostenibilidad del programa de becas por más de 10 años, y se han recaudado 12 millones de dólares más en camino a una dotación prevista de 100 millones de dólares, que según Say Yes, financiarán el programa de becas permanentemente.

Sin embargo, Buffalo está todavía lejos de donde debe estar, dicen los defensores, y en muchos aspectos, los desafíos aumentarán.


Los retos en el horizonte

Demario Strickland lleva un año como director de Harvey Austin, una escuela de prescolar a octavo grado en el este de la ciudad que el Estado de Nueva York ha marcado como "escuela prioridad" tras años de bajos rendimientos académicos.

La escuela, como el vecindario, es abrumadoramente afroestadounidense y pobre; más del 90% de sus estudiantes califican para un almuerzo gratuito o a precios reducidos. En un esfuerzo por construir lazos más fuertes con la comunidad y aumentar la participación de las familias, Strickland y su personal han establecido programas los sábados que ofrecen de todo, desde sesiones académicas y de aptitud física hasta proyectos de embellecimiento de la comunidad y excursiones a granjas de calabazas.

Aunque Strickland dice que regularmente llegan más de 100 personas estos sábados, y resalta resaltando la necesidad de oportunidades de recreación en seguras la comunidad, también sabe que todavía hay demasiados padres y familias a las que no está llegando, lo cual conlleva serias ramificaciones.

"Puede ser que yo esté ayudando a 3 de cada 10 niños", dijo como ejemplo. "Ésos son los niños a cuyos padres conozco. Al otro 70% no los conozco. Necesitamos encontrar formas de involucrar a los padres reacios".

Señalando desde la ventana de su oficina las casas tapiadas y los terrenos baldíos que salpican las cuadras que rodean la escuela, Strickland, quien creció cerca, dijo, "dese un paseo y échele un vistazo al vecindario. Es doloroso”.

"Tenemos un largo camino por recorrer", reconoció Rust. "Creo que estamos a punto de llegar a la meta y la verdadera historia de Say Yes se contará en 20 años. ¿Nuestros estudiantes terminarán la educación postsecundaria? ¿Sus hijos irán a la universidad? Éste debe ser un cambio generacional, y no existen respuestas rápidas. Say Yes es un enfoque a largo plazo a un desafío para toda la comunidad".


La prueba del éxito ¿se puede replicar el experimento?

Con una propuesta en marcha para abrir una sucursal de Say Yes en Cleveland, Buffalo ha puesto muy alta la barra de resultados rápidos.

En Syracuse, donde se abrió la primera sucursal de Say Yes en 2008, ha tomado casi el doble de tiempo alcanzar beneficios similares a la tasa de graduación de Buffalo, y en 2016 la entrega de becas requirió una contribución de 20 millones de dólares de los funcionarios del condado para cubrir un déficit de recaudación de fondos.

La sucursal más reciente de Say Yes, en Carolina del Norte, se vio obligada a sustituir las becas de matrícula universal con restricciones de ingreso después de que un número mayor de lo estimado de familias adineradas pidieron la ayuda para la matrícula, resultando en pagos de becas de más de 6 millones de dólares para la primera promoción de graduados del programa, una suma que los funcionarios de Say Yes admiten que es sencillamente insostenible.

Aunque subraya que Buffalo comparte los mismos desafíos que innumerables comunidades urbanas, Rust es optimista en cuanto a que el éxito de su ciudad es replicable. "Es un modelo basado en el impacto colectivo", dijo, "así que no depende de ninguna institución".

Replicar el espíritu de colaboración al tomar decisiones y el éxito de recaudación de fondos de Buffalo podría resultar difícil, pero los partidarios señalan el enorme potencial a largo plazo.

"Veo esto como una inversión en la infraestructura intelectual de nuestra ciudad", dijo Rust, quien ve las asociaciones de Say Yes como un camino hacia el desarrollo económico al mejorar el sistema de educación pública.

Y en Buffalo, el enfoque de Say Yes está ahora tan arraigado que, en este punto, dijo Keresztes, "No podemos imaginar que Buffalo no sea un distrito escolar de Say Yes".

Este artículo fue producido por The Hechinger Report, el sitio web de noticias independiente sin fines de lucro, enfocado en la desigualdad y la innovación en la educación.

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