null: nullpx
Elecciones México 2018

El largo viaje de México hacia la izquierda de López Obrador

Tras 12 años de hacer política y en su tercera campaña, AMLO logró una votación histórica de 53%. La más alta registrada en las últimas décadas en México.
2 Jul 2018 – 8:40 AM EDT

CIUDAD DE MÉXICO.- La madrugada del 2 de julio de 2018 comenzó muchos años antes en México. Algunos creen que empezó 50 años atrás, el 2 de octubre de 1968, con la matanza de estudiantes de Tlatelolco. Otros aseguran que inició el 6 de julio de 1988, con el denunciado fraude electoral en contra de Cuauhtémoc Cárdenas. Pero el recuerdo más cercano es el 1 de julio de 2006, cuando Andrés Manuel López Obrador perdió por primera vez la presidencia en una elección tan cerrada que polarizó al país.

Sin importar cuál sea su origen preciso, todas las fechas desembocaron en este 1 de julio: López Obrador, de la alianza Morena-PT-PES, se ha convertido en el primer candidato surgido de los movimientos de izquierda en ganar la presidencia de México. Tras 12 años de hacer política y en su tercera campaña, logró una votación histórica de 53%. La más alta registrada en las últimas décadas en México.

“Este es un día histórico y será una noche memorable”, aseguró ayer en un hotel en el centro de la Ciudad de México, al dar su primer discurso como candidato ganador.


Él, famoso por su hablar lento, dio un discurso presidencial: “Llamo a todos los mexicanos a la reconciliación y a poner por encima de los intereses personales, por legítimos que sean, el interés general”.

En 2006, a López Obrador el triunfo se le fue de las manos por una pizca de votos y en 2012 su derrota fue de varios puntos. Pero este 2018 su triunfo fue tan contundente que, cinco minutos después de que cerraron las casillas, el candidato del partido en el gobierno, José Antonio Meade, salió a reconocer que los números no le eran favorables.

Unos minutos después, el panista Ricardo Anaya tuvo que admitir su derrota. Las felicitaciones se fueron sumando: ex presidentes mexicanos, políticos de oposición, mandatarios extranjeros, incluido el estadounidense Donald Trump. Nadie podía regatear su triunfo.


López Obrador convirtió el tema de la corrupción en el eje de su campaña: la corrupción es el origen de la pobreza, de la desigualdad, de la violencia. Y con ese discurso se dedicó a señalar al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y su partido, el PRI, cubiertos de acusaciones de corrupción y con una aprobación mínima por parte de los ciudadanos.

“La transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país. El pueblo de México es (...) inteligente, honrado y trabajador”, dijo.

Hace unos años, el presidente Peña Nieto aseguró que en México la corrupción es cultural, como si fuera algo inherente a los mexicanos. López Obrador, por el contrario, aseguró que no es “un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia”. Esas dos formas de entender al país fueron puestas a votación en esta elección.

Ese discurso y 12 años de violencia en México, que han dejado miles de muertos y desaparecidos en el país, fueron parte de las razones que lo llevaron a ganar.

“Bajo ninguna circunstancia, el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares. Un buen juez por la casa empieza”, aseguró.

Mientras daba su discurso, a su lado estaba su esposa, Beatriz Gutiérrez, y detrás de él sus tres hijos mayores, que parecían escoltarlo. En las primeras filas del salón, políticos de izquierda, centro y derecha que se sumaron a su proyecto.

Si los viejos movimientos de izquierda confluyen en López Obrador, también es cierto que hubo personajes modernos, contemporáneos, que le dieron frescura a su campaña: su coordinadora Tatiana Clouthier, heredera de la tradición democrática de Manuel J. Clouthier, uno de los personajes más importantes del PAN, y los jóvenes del movimiento #YoSoy132, surgido en 2012, que fueron pieza clave en su estrategia de redes sociales y comunicación.


Dar voz a los de abajo, a los menos favorecidos, ha sido siempre parte del discurso de López Obrador, y a ellos les dedicó palabras: “El Estado dejará de ser un comité al servicio de una minoría y representará a todos los mexicanos: a ricos y pobres; a pobladores del campo y de la ciudad; a migrantes, a creyentes y no creyentes, a seres humanos de todas las corrientes de pensamiento y de todas las preferencias sexuales”.

Y agregó: “Atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres”.

Él, que se ha empeñado en mostrar que es honesto y no tiene ambiciones, se jactó de tener una ambición particular: “Quiero pasar a la historia como un buen Presidente de México. Deseo con toda mi alma poner en alto la grandeza de nuestra patria, ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de todos los mexicanos”.


Los aplausos no se hicieron esperar. Pero fueron apenas el inicio de un festejo. Cuando salió del hotel, López Obrador se dirigió a la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, la principal plaza del país, a donde decenas de miles de personas se dieron cita casi a la medianoche para celebrar el triunfo.

La escena era inaudita: ríos de personas cantaban “Cielito Lindo”, una de las canciones vernáculas más populares de México, o gritaban “¡Es un honor estar con Obrador!”.

En 2006 y 2012, con los triunfos electorales del panista Felipe Calderón y del priista Peña Nieto, no se vieron festejos populares como este en el país. Quizá, la celebración más similar fue la derrota del PRI en 2000, tras 70 años de gobierno continúo, con la victoria del panista Vicente Fox.

En el Zócalo, montado en un enorme escenario, López Obrador dijo que habrá una transición tersa y que este martes 4 de julio se reunirá con el presidente Peña Nieto.

“Amor con amor se paga. Y así como me quieren ustedes a mí, así los quiero yo a ustedes. Un poquito más todavía. No les voy a fallar...”, gritó desde el escenario, antes de desaparecer en una lluvia de papeles blancos.

El largo viaje de López Obrador tendrá otros 6 años más.

Largas filas y votantes impacientes: así transcurrió la elección presidencial en México

Loading
Cargando galería

Más contenido de tu interés