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Elecciones 2016

Visitamos uno de esos lugares donde más se siente la falta de entusiasmo juvenil por Hillary Clinton

¿Puede ganar la demócrata en Carolina del Norte sin la movilización masiva de jóvenes negros que le dieron la victoria a Obama en 2008? La apatía es un problema contra el que trata de luchar Clinton en otros rincones del país.
23 Sep 2016 – 1:13 PM EDT

FAYETTEVILLE y RALEIGH, Carolina del Norte. Un buen punto de partida para encontrar señales de la falta de entusiasmo juvenil que aqueja a la campaña de Hillary Clinton son los campus de tradición negra de Carolina del Norte, esos mismos que fueron un terreno fertil para Barack Obama en sus campañas de 2008 y 2012.

A la hora del almuerzo en el comedor del centro de estudiantes de Fayetteville State University es difícil encontrar una mesa libre. Hay cinco televisiones encendidas pero ninguna está conectada a un canal de noticias. Aquí la única contienda que hace que algunos levanten la cabeza de sus platos o detengan sus conversaciones parece ser el torneo de la NFL, la liga de fútbol americano, sintonizado en el canal de deportes ESPN y NFL Network.

Buena suerte si desean encontrar por el campus a un estudiante mostrando su apoyo a Clinton en una camiseta, un adhesivo en sus carpetas o el paragolpes de sus autos. Tampoco hay grupos estudiantiles de apoyo a la candidata demócrata, aunque según la dirección de la universidad eso se debe al carácter neutral que inspira la filosofía de este centro público.

Por supuesto esto no significa que nadie vaya a votar por la candidata presidencial demócrata, pero pocos dicen hacerlo por convencimiento. Una explicación común es que ella es "el mal menor" (the lesser of two evils), una frase tan recurrente en conversaciones con ellos que parece el apodo de la candidata . El mal mayor, Donald Trump, es visto como "racista", "fascista" o "supremacista blanco".


"En el campus decimos en broma que Trump nos va a mandar de vuelta a África", dice Tyrone McCoy Jr., un estudiante de ciencias políticas.

"Hillary representa el antiguo régimen", dice una estudiante de historia, Breanna Washington.

Pero no hace falta remontarse mucho tiempo para encontrar a estudiantes motivados para votar en ésta y otras universidades de mayoría negra surgidas durante la Segregación. Si Obama no hubiera contado con el apoyo masivo de los estudiantes negros de Carolina del Norte, no habría podido dar la gran sorpresa de 2008 cuando ganó por poco más de 13,000 votos este estado que no había ido para un demócrata desde 1976 con Jimmy Carter.


Para apreciar mejor la revolución que supuso aquella victoria, ayuda saber que en 2004 el republicano George W. Bush había ganado este estado con un 13% de margen.

Sin embargo, en 2012 el apoyo a Obama disminuyó y no pudo repetir su triunfo quedando a menos de 100,000 votos (un 2%) del republicano Mitt Romney.

Traer a los Obama

Las encuestas muestran una apretada pugna entre Clinton y Trump por este crucial estado péndulo. La demócrata lideró aquí claramente durante agosto, tras el impulso de la convención, pero ha perdido fuelle en septiembre. Ahora, el promedio de las encuestas recientes hecho por el sitio Real Clear Politics le da una ventaja de 1.8 puntos a Trump.

Si Clinton consigue los 15 votos electorales de Carolina del Norte, las cuentas de Trump para llegar a los 270 votos que dan la victoria serían muy complicadas.

El dilema de Clinton es que si no convence a esos votantes jóvenes negros sus posibilidades de ganar en Carolina del Norte se verán muy disminuidas. No solo porque fue un grupo clave que impulsó a Obama (junto con los jóvenes de otras razas y las mujeres urbanas), sino también porque su peso como votantes ha crecido desde entonces. Los millennials acaban de sobrepasar a los baby boomers como el mayor grupo de edad entre los registrados para votar de raza negra en Carolina del Norte (352,000 frente a 347,000), según un análisis hecho por el politólogo de Catawba University Michael Bitzer.

¿Un remedio para espolear a estos votantes? El veterano estratega demócrata Gary Pearce no tiene dudas. "Si yo estuviera a cargo de la campaña de Clinton en Carolina del Norte, estaría llamando al cuartel general de Brooklyn a diario para pedir que Obama y Michelle pasen aquí el mayor tiempo posible", diagnostica en conversación con Univision Noticias, "supondrían una gran mejora".

Por ahora no hay visitas anunciadas del presidente o la primera dama, pero por el estado han venido a menudo la candidata y sus lugartenientes. Clinton habló hace dos semanas en Johnson C Smith University en Charlotte ante unos 1,500 estudiantes sobre su compromiso para derribar barreras.

Machismo

Un factor que puede influir en su motivación son las protestas de esta semana en Charlotte contra el abuso policial, después de la muerte el martes de un afroamericano por disparos de la policía en circunstancias aún confusas.

Clinton y Trump han tomado posiciones muy diferentes sobre estos casos de muertes por disparos de policías. La demócrata ha pedido acabar con el "racismo sistémico" y la "parcialidad" en los cuerpos de policía; el republicano se ha mostrado por lo general indulgente con los agentes a los que quiere otorgar más poderes.

Este jueves, después de dos días de protestas que desembocaron en violencia en Charlotte, no había acciones organizadas ni en Fayetteville State University ni en el campus de Shaw University, una universidad de tradición negra en la ciudad de Raleigh que es el alma mater de la líder de los derechos civiles Ella Baker.

En ambas universidades líderes estudiantiles decían que preferían esperar a que se aclarase lo sucedido antes de convocar protestas.

Entre los jóvenes más conservadores de este estado sureño el género podría ser un lastre para Clinton, aunque parezca difícil creerlo en boca de universitarios en pleno siglo XXI.

"Si acabo votando lo haré por Trump. No quiero a una mujer en la Casa Blanca", decía Janee Fye, una joven estudiante de ciencias políticas de Fayetteville State University, durante una clase en la que los estudiantes charlaron sobre las elecciones a la que fue invitada Univision Noticias.

En ese grupo de 11 estudiantes, cinco (dos negros, dos hispanos y un blanco) dijeron que seguro o probablemente votarán por Trump. La muestra es sin duda muy pequeña y la universidad se encuentra en Fayetteville, una ciudad muy tradicionalista cuya economía gira en torno a la cercana base militar de Fort Bragg (la mayor del mundo en términos de personal activo), pero sin duda es una señal de alarma para Clinton.


"Llevamos votando por los demócratas por décadas y no hemos visto ningún cambio", dice Donald Luckett, un estudiante afroamericano que votó por Obama en 2008, se abstuvo en 2012 y ahora asegura que votará por Trump.

El profesor Kofi Johnson no se sorprende por estas preferencias. Dice que sin Obama en las papeletas, muchos afroamericanos de Carolina del Norte se abstendrán o votarán por la opción conservadora, como habían hecho hasta 2004: "Bush era visto como más religioso que Kerry y eso le gustaba a los votantes negros más conservadores".

Según Johnson, algunos de sus estudiantes ven el choque entre Clinton y Trump como una "elección entre blancos" que no despierta su interés.

Brecha de entusiasmo

En realidad el problema de Clinton no es que Trump le robe el voto negro (sus esfuerzos recientes no están dando resultado por mucho que él asegura que sus números se han "disparado como un cohete"), sino más bien solucionar la relativa apatía que puede hacer que muchos se queden en el sofá el 8 de noviembre.

Los votantes negros de cualquier edad apoyan a Clinton de manera casi unánime, según las encuestas. Un 86% opta por la demócrata frente a un 3% por Trump, según un sondeo de New York Times Upshot/Siena College publicado este jueves.

La brecha de entusiasmo entre Clinton y Trump es un problema que afecta a la demócrata en todo el país. Una encuesta de Washigton Post-ABC News de este mes mostraba que mientras el 46% de los simpatizantes de Trump están "muy entusiasmados" por votar, solo el 33% de los que respaldan a Clinton dijeron sentir lo mismo. Además, el 93% de los que prefieren a Trump dijeron estar seguros de votar en noviembre, frente a un 80% que aseguran lo mismo respecto a su rival.

El desinterés entre los jóvenes de Carolina del Norte ha hecho que los demócratas locales tengan que hacer un esfuerzo mayor para promocionar a la candidata y su plan para ayudar a las universidades históricamente negras.

"Desafortunadamente, esta campaña está siendo más difícil movilizar a los jóvenes afroamericanos", dice Karla Icaza, vicepresidenta de los jóvenes demócratas del Condado de Cumberland. "Lo de Obama era de fuera de serie", recuerda y atribuye la brecha de entusiasmo con Clinton al color de la piel: "Uno tiende a jalar para los suyos. Los hispanos también votarían en masa por un candidato de su misma raza".


Por ahora Clinton cuenta con un gran despliegue que trata de seguir el ejemplo de la organización extraordinaria de Obama en las dos últimas campañas. Ha abierto 33 oficinas, tiene más de 300 empleados en este estado y es difícil pasar media hora viendo la televisión sin ver un anuncio suyo.

Trump no tiene apenas estructura en el terreno, un déficit que se observa en todos los estados en batalla, pero el republicano confía en su heterodoxa estrategia de movilizar a los votantes a base de mítines masivos. Esta semana dejó de emitir anuncios de televisión en este y otros estados de batalla lo que ha causado sorpresa.

El experimentado consultor republicano Carter Wrenn resta importancia a estas carencias. "Hay un 12% de indecisos a estas alturas pero ya conocen bien a Clinton y Trump a quienes han estado viendo en televisión desde hace décadas. ¿Cuál es la probabilidad de que cambien de opinión porque alguien les llame a la puerta y les entregue un folleto?", se pregunta.

Más allá de la disputa entre Clinton y Trump, en Carolina del Norte hay dos polémicas leyes estatales impulsadas por republicanos que pueden ser cruciales en una contienda tan reñida.

Una es la "ley de baños" HB2, que obliga a las personas transgénero a usar los baños públicos de acuerdo al género que aparece en su acta de nacimiento, que es vista como intolerante y ha motivado un boicot de empresas de fuera del estado.

La otra es la ley de 2013 que exige identificación para votar y otras restricciones. El grueso de la norma fue derogado en julio por una corte federal por limitar el voto de las minorías, pero ahora los 100 condados del estado pueden determinar las fechas de votación temprana, lo que podría tener también un efecto negativo sobre esos votantes.


Estos son dos asuntos que están en la mente de votantes como Deman Isan, un estudiante de Shaw University de 18 años, que dice que votará por Clinton a pesar de que no está seguro de si su discurso sobre la comunidad negra es sincero por el peligro que ve en el republicano: "Pienso que Trump está en el borde del fascismo".

En su universidad al igual que en otras los estudiantes se reunirán para "marchas a las urnas", una réplica del "almas a las urnas" típico de los organizados por las iglesias sureñas los domingos durante el período de votación temprana.

Una de las estudiantes involucradas en esa actividad, Justice Lang, de 21 años, dice que hay mucho en juego. "La verdad es que no creo que haya la misma emoción que cuando Obama era candidato pero a mí me emociona que una mujer esté corriendo por la presidencia".

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