Desastres Naturales

Perdí mi casa en un desastre natural y no puedo volver a ella: ¿cómo me repongo de esto?

Miles de personas se quedaron sin hogar en las últimas semanas por culpa de los incendios de California, los huracanes en Puerto Rico, Florida y Texas o el terremoto de México. La casa representa seguridad, cobijo, familia, recuerdos y puede llegar a constituir, incluso, una extensión de uno mismo. ¿Cómo afrontar su pérdida?
22 Oct 2017 – 9:40 AM EDT

Si estuvieras ante una calamidad inminente, ¿qué objetos rescatarías de tu casa? ¿tus documentos personales? ¿el dinero? ¿quizá los álbumes de fotos, o las manualidades de tus hijos? Este ejercicio de imaginación con el que casi todos hemos jugado alguna vez nos traslada a la realidad de decenas de miles de personas que han perdido sus hogares -en algunos casos sin siquiera poder llevarse recuerdos como esos- en los desastres naturales recientes en el sur de Estados Unidos y México.

“Un hogar es una extensión de uno mismo y refleja quiénes somos. Es un lugar que está lleno de recuerdos atesorados de risas, cumpleaños, vacaciones, reuniones familiares… Cuando pierdes tu hogar, también pierdes una parte de ti mismo y es difícil reconstruirlo”, dice el psiquiatra de Florida Francisco Cruz. ¿Cómo nos afecta su pérdida? ¿Lo sufren todos los grupos étnicos por igual, o hay diferencias? Y, lo que es más importante, ¿cómo afrontarlo? Los expertos consultados por Univisión responden a estas y otras preguntas.

1. El hogar va mucho más allá de lo material

“Es como si nos quitasen, de repente, la alfombra de debajo de los pies”, dice Rosa Dinelia, profesora de psicología de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y especialista en el estudio de la pérdida y su afrontamiento. Junto a la material y la emocional, indica Dinelia, se encuentra la pérdida social. “Cuando uno se queda sin vivienda en un desastre natural también pierde la tienda de la esquina, el colegio de los niños… Todo lo que le da al ser humano apoyo para mantener un ego estable se pierde”, señala Dinelia. La profesora, cuya familia todavía sufre los efectos del huracán María en Puerto Rico, señala que esta vivencia marca de por vida. “ Son heridas emocionales que se parecen a las físicas. Uno aprende a vivir con esa pérdida, pero no se resuelve”.

Dinelia, por otra parte, señala que nos encontramos ante una pérdida que no se puede planear. “La persona no se puede preparar, y es un golpe duro. En el caso de los incendios o huracanes, lo saben con unos días de antelación pero no sirve de mucho porque no hay forma de escapar de ello”. Cuando una persona se siente con control, apunta, está empoderada y busca alternativas. En estos casos ocurre justo lo contrario.

El profesor de psicología en Fordham University (Nueva York) Andrew Rasmussen, especializado en traumas tras los desastres humanitarios, coincide con Dinelia, y añade que la pérdida de hogar es más fácil de superar que la de un ser querido. “Es normal tener mucha ansiedad durante las primeras dos o tres semanas, pero después de seis semanas la mayoría de las personas que disponen de un lugar donde dormir y pueden retomar su vida, sus trabajos, van a estar bien sin tratamientos psicológicos”. El problema llega cuando los recursos materiales son escasos, como continúa ocurriendo en Puerto Rico. “Cuando nada funciona en la vida, el riesgo de caer en una depresión es muy alto”, sostiene Rasmussen.

Desde un punto de vista más espiritual merece la pena recordar que hay tradiciones, como la china, en las cuales el modo de acomodar la vivienda determina el destino. En este sentido, el sanador y autor mexicano de la tradición tolteca Sergio Magaña, que tuvo que evacuar su casa en D.F. tras el terremoto, señala que nuestra estructura interna y espiritualidad están ligadas a nuestra casa. “Perder tu casa es un trauma ya que nuestro mundo, relaciones, valores se ven sacudidos”, señala.

2. El duelo tras la pérdida es diferente para cada uno

Cada uno se enfrenta a la pérdida de forma diferente, señala Dinelia. Hay personas que lloran constantemente, mientras que otros se activan y se lanzan a ayudar a los demás para canalizar el duelo. “El segmento de población que se siente paralizado, que no tiene recursos, es el que necesita más apoyo”, sostiene la experta, que advierte que aquellos muy activos también tienen que procesar su duelo, porque de otra forma les pasará factura antes o después.

Cruz, el psiquiatra de Florida, cree que, después de un evento traumático de este tipo, se puede desarrollar un trastorno de estrés agudo. “Es como perder a alguien que quieres, comienzas a sentir fuertes emociones. No es solo la pérdida de un hogar, sino valiosas posesiones como álbumes, cartas, y recuerdos familiares. Estas cosas son insustituibles. Lo que es importante durante estos tiempos difíciles es permanecer cerca de los seres queridos, y convertirse en un sistema de apoyo fuerte y confiable para los demás”.

3. Afrontar la pérdida: la familia en la tradición latina

Dinelia, coautora de un libro que analiza aspectos culturales que ayudan a los latinos a manejar la pérdida, alude al concepto de familia extendida como un bastión fundamental en el que apoyarse.

“Nuestros recursos llegan con las conexiones sociales con nuestras familias, comunidades religiosas, clubes, vecindarios”, señala por su parte Rasmussen. Y, por supuesto, los recursos materiales son fundamentales. La velocidad a la que llega la ayuda del Gobierno tiene que ver con los resultados psicológicos a largo plazo. “Habrá una gran diferencia entre la gente de Houston y la de Puerto Rico, por ejemplo”, apunta el profesor.

Rasmussen recuerda la importancia de centrarse en las cosas que no se han perdido, y cree que, para aquellas personas que después de un tiempo continúan con gran ansiedad, es efectiva la terapia de exposición, una técnica corta (de entre seis a diez sesiones) que permite revivir el trauma pero en la seguridad de la consulta y de la mano de un terapeuta.

4. ¿Tiene algún aspecto positivo esta pérdida?

La respuesta es sí. Para empezar, a menudo surgen colectivos para ayudar a otros, comunidades que no existían antes de la crisis. “En la cultura latinoamericana el concepto de colectividad es bien fuerte”, sostiene Dinelia, que indica que este valor, que en el día a día queda aplastado bajo el individualismo norteamericano, puede resurgir en tragedias como estas.

Magaña cree que, además, esto puede convertirse en una oportunidad para cambiar y reinventarse. “Una nueva casa puede representar un cambio de destino y ayudarnos a dejar atrás patrones que nos detenían. Pero, por supuesto, estos beneficios se verán una vez el sobresalto haya sido superado”.

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