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Convención Demócrata

Hillary Clinton se ofrece como el antídoto contra el miedo de Trump

"No construiremos un muro. En su lugar, construiremos un camino a la ciudadanía para millones de inmigrantes que ya están contribuyendo a nuestra economía", dijo Hillary Clinton en su discurso de aceptación de la nominación a la candidatura presidencial del Partido Demócrata.
29 Jul 2016 – 12:28 AM EDT

Hubo globos, fuegos artificiales, ovación y frases inspiradoras. Pero también inusuales abucheos y una lista de promesas difíciles de cumplir para todos.

Hillary Clinton aceptó la candidatura demócrata a la Casa Blanca con un discurso de contrastes con Donald Trump. Sus palabras fueron la culminación de un camino largo y difícil en una convención que la aplaudía con fervor pero donde también fue interrumpida por gritos en contra, algo muy inusual.

La candidata defendía la unión contra el miedo de Trump. “Seré una presidenta para los demócratas, para los republicanos, para los independientes… para los que votaron por mí y para los que no”, dijo.


El discurso más difícil

Clinton dio uno de los discursos más difíciles de su carrera y tal vez uno de los más delicados para cualquier candidato presidencial. Quiso resaltar el simbolismo de poder ser la primera mujer presidenta, pero temía darse demasiada importancia. Le convenía parecer vulnerable para empatizar con los votantes, pero fuerte para presentarse como la candidata segura contra Donald Trump. Tenía que inspirar a los seguidores de Obama o a los de Sanders, y a la vez coquetear con los republicanos desencantados.

A última hora de la tarde, ni los portavoces de su campaña tenían el discurso, que la candidata siguió retocando hasta el final.

La impopular Clinton, que ha despertado pasiones a favor y en contra durante tres décadas, intentó acercarse a los votantes con detalles personales sobre lo que significa para ella la contienda. A la vez, se presentó como la opción razonable, con credenciales en política exterior y de seguridad, frente a un candidato impredecible y sin experiencia de Gobierno.

La preparación era impecable.

Su discurso estuvo precedido por un vídeo de homenaje dirigido por Shonda Rhimes, productora y guionista de la serie Scandal, un relato de sexo y violencia en la Casa Blanca. El documental, en cambio, mostró una imagen idílica de la candidata, como una luchadora desde que tenía cuatro años y su madre le dijo que no se dejara intimidar por otro niño. Lo narraba Morgan Freeman.

Pero los abucheos no estaban en el guión.

Clinton recibió una ovación al principio y al final de su discurso y fue interrumpida continuamente por aplausos y coros de “Hillary”, pero también por algún grito aislado de invitados y pitidos de parte de los delegados de Sanders.

Nada más empezar ella dio las gracias a Sanders por “inspirar a millones de estadounidenses”. “Tu causa es nuestra causa”, le dijo. El senador de Vermont aplaudió a regañadientes.

A los bernianos les sugirió que miraran el ejemplo de los fundadores de Estados Unidos, que hicieron la revolución en Filadelfia basándose en “buscar el terreno común”.

Contra el miedo

Como hizo el presidente Obama la noche anterior, Clinton insistió en la imagen del país valiente. “Tenemos claro lo que afronta nuestro país. Pero no tenemos miedo. Estaremos a la altura del reto, como siempre hemos estado”, dijo la candidata.

Trump aseguró en su discurso de aceptación de la candidatura que él “solo” podía resolver los problemas de Estados Unidos. Clinton le opuso el mensaje de la comunidad. Contra la llamada a la división de Trump y a la confianza plena en él, Clinton ofreció un discurso más positivo y tradicional: “Cada generación de americanos se ha unido para hacer a nuestro país más libre, más justo y más fuerte. Ninguno de nosotros puede hacerlo solo”.

“Lo arreglaremos juntos”, proclamó la candidata.

Clinton reivindicó su It Takes a Village, el libro que publicó en 1996 sobre cómo el desarrollo de los niños no sólo depende de los padres, sino también de tener acceso a la buena educación o la buena sanidad. El libro fue entonces muy criticado por los conservadores. “Ninguno de nosotros podemos educar a una familia, construir un negocio o sanar una comunidad completamente solos”, dijo.

Pero la principal arma de Clinton contra Trump es la impredecible personalidad del candidato republicano. “Imaginadlo en el despacho oval afrontando una crisis real. Un hombre al puedes provocar con un tuit no es un hombre del que te puedas fiar con armas nucleares”, dijo.

El símbolo

La noche del jueves era lo que esperaban de Hillary Rodham sus compañeras de universidad. Las mismas que se decepcionaron en los años 70 cuando vieron cómo la amiga que pensaban destinada para la alta política dejó sus planes para seguir a su marido en Arkansas. Era la culminación de una carrera que no pudo despegar hasta que Bill Clinton dejó de ser presidente.

Hillary quiso rodearse de mujeres en esta convención. La presentó Chelsea, que habló de las notas que le dejaba su madre en un cajón para que abriera cuando ella no estaba o de las películas que le gustaba ver ( Orgullo y prejuicio). “Es mi modelo”, dijo Chelsea.

Clinton citó varias veces a su madre, Dorothy, una inspiración constante en su vida y que murió en 2011.

Dorothy nació el 4 de junio de 1919, el día en que el Congreso de Estados Unidos aprobó la enmienda de la Constitución que permitió el voto de las mujeres. Sus padres la abandonaron y tuvo que cruzar con ocho años el país con una hermana más pequeña para vivir con unos abuelos que la maltrataron. Gracias a la familia de los niños que empezó a cuidar, Dorothy salió adelante, pero nunca tuvo recursos para estudiar. “La salvó la generosidad de otros”, contó Clinton. “Nadie pasa por la vida solo”.

“Como la madre de mi hija y la hija de mi madre, estoy tan feliz de que haya llegado este día”, dijo Hillary Rodham Clinton. “Estoy feliz por los niños y los hombres también. Cuando cualquier barrera cae en Estados Unidos se abre un camino para todos, se abre la vía para cualquiera. Después de todo, cuando no hay techos, el cielo es el limite”.

El listón

El listón estaba alto para Clinton después de discursos estelares de Barack y Michelle Obama, Bill Clinton y Joe Biden.

“Hillary ya ha reconocido que no es muy buena oradora. Puede que esté más cualificada que otros pero como oradora no es la mejor”, dice Carol Jenkins, activista de una organización llamada ERA que trata de aprobar una enmienda a la Constitución contra la discriminación de las mujeres. Jenkins respaldó a Clinton en las primarias de 2008. “Aunque soy afroamericana apoyé a Hillary hasta el final. Éramos como la gente de Bernie Sanders”.

Clinton tiene el obstáculo de su mala imagen entre los republicanos y parte de su partido, algo difícil de superar después de tres décadas en la escena pública. Su impopularidad es inusual para un candidato presidencial, pero su ventaja es que Donald Trump es aún menos querido, según los sondeos.

Tanto ella como sus seguidores insisten en que se la mide por otro “estándar”.

“Espero que los americanos la vean con los ojos con los que mirarían a un hombre. Que no le pongan a ella un estándar de imposibilidad. Nadie es perfecto”, dice Sheila Jackson Lee, congresista por Texas.

El doble objetivo

La candidata tenía con el discurso la difícil doble tarea que deberá afrontar en esta campaña: movilizar a la base que encumbró a Obama -la coalición de votantes negros, hispanos, mujeres y jóvenes- y apelar a los independientes, e incluso republicanos, en particular de estados como Ohio.

“La coalición se debe movilizar para ella. Porque estamos ahí. Hemos oído de nuestro comandante en jefe lo buena que es. La apoya, va a estar fuera haciendo campaña por ella, pero ademas de la coalición tenemos que abrir la puerta a republicanos decepcionados y a los independientes”, dice la congresista Sheila Jackson Lee.

Pensando en los hispanos, Clinton se puso en el lado contrario de Trump. "No construiremos un muro. En su lugar, construiremos un camino a la ciudadanía para millones de inmigrantes que ya están contribuyendo a nuestra economía", prometió la candidata. Aunque no dio detalles de cómo conseguirlo mientras los demócratas no tengan la mayoría en el Congreso.

Para los republicanos desencantados, la candidata se refirió a lugares donde el voto masculino blanco se le escapa a los demócratas. Hizo una promesa a los que siguen sufriendo los salarios estancados o el cierre de fábricas por la competencia exterior.

“Mi principal misión como presidenta será crear más oportunidades y más puestos de trabajo con salarios más altos aquí en Estados Unidos. Desde mi primer día en el cargo hasta el último”, dijo Clinton. “Especialmente en lugares que desde hace demasiado tiempo se han quedado atrás… Desde el Medio Oeste industrial hasta el delta del Misisipi y el Río Grande”.

La sombra de Bill

Clinton hizo un esfuerzo por acercarse a los votantes e intentar romper una vez más con la imagen robótica o distante que a menudo la ha perjudicado. Volvió a contar su historia resaltando sus orígenes de clase trabajadora y su fe metodista.

Sus seguidores creen que también la sigue dañando la sombra de su marido.

“La mayoría todavía la identifica con una esposa de un presidente. Pese a sus logros, su primera presentación fue como una persona secundaria en la familia. Creo por eso que no le dan crédito por sus logros de la misma manera”, dice Christopher Babbidge, delegado de Maine y que apoya a Hillary desde que la vio luchando por la reforma sanitaria.

Reconoce que la primera vez que la vio, presentando a su marido en New Hampshire en las primarias de 1992, le pareció que “hablaba demasiado en el micrófono”. Desde entonces, dice que le ha conquistado con sus logros.

Los rebeldes

Clinton se enfrentaba a una convención inusualmente hostil para un candidato presidencial. Más de 1,800 delegados representaban a Sanders, y aunque la mayoría, según las encuestas, la van a votar, en Filadelfia también estaban los que nunca lo harán.

Para la noche de Clinton, los irreductibles llevaban camisetas de color neón que ponía “ enough is enough. Muchos no la aplaudieron ni cuando llegó. Algunos pitaron contra ella y gritaron “ no more war”.

Los más desilusionados de Bernie Sanders abuchearon hasta a su propio candidato cuando les pidió que votaran por Clinton. Hicieron lo mismo con la senadora Elizabeth Warren. Y alguno gritó también contra el presidente Obama.

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