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CityLab Vida Urbana

¿Podrán estas cabras hambrientas restaurar los bosques urbanos?

En Brooklyn, Prospect Park está alistando una manada de cabras para comerse las especies invasivas que han proliferado desde el ciclón Sandy.
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24 May 2016 – 11:52 AM EDT

BROOKLYN, NUEVA YORK—Son o más menos las 11:30 de la mañana y las cabras están dormitando. Cerca de ellas el sol de mediodía de a poco, atravesando el follaje de los árboles. Pero donde están las cabras, en una pendiente en la parte noreste de Prospect Park, no hay tantos árboles para cubrir la luz del sol.

A lo largo de los últimos años, esta parte del parque, conocida como el Vale of Cashmere, ha sido golpeada por una serie de tormentas. Cuando el Ciclón Sandy irrumpió en el área neoyorquina en otoño 2012, el viento y la lluvia azotó a la hierba y los arbustos. El ciclón destrozó las ramas y arrancó a plantas desde la raíz. Sólo en esta parte 50 árboles maduros fueron destruidos. El parque aún está tratando de recuperarse de este hecho. Los troncos y árboles caídos fueron utilizados para construir área de juegos cercana, al lado del arenero y de una casita en un árbol. Pero la ausencia de los árboles se ha sentido fuertemente, particularmente en forma de las especies invasivas que han proliferado desde entonces. Las autoridades del parque esperan que las cabras —y particularmente sus estómagos insaciables de múltiples cámaras— quizás ofrezcan una solución.

Donde antes estaban los árboles ahora hay un espacio en forma de círculo. Debajo de ese círculo, especies forasteras como la hiedra inglesa y la podagragia han ido ganando terreno. Sin los árboles, el área está “abierta y expuesta a luz solar y más aire y [ofrece] un territorio más fértil para que crezcan otras cosas”, dice Sue Donoghue, presidente del Prospect Park Alliance. Sin no se controla, la hiedra inglesa puede ir subiendo los troncos de los árboles y hasta sobrepasar ramas y corteza para entonces matar hojas al interponerse entre ellas y la luz que necesitan para sobrevivir.

Las especies invasivas pueden ser rápidas y difíciles de matar. Un reporte del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos calculó que un 79% de las tierras en EEUU podría ser susceptible a una invasión, la que a su vez podría matar las plantas indígenas que son tan cruciales para sostener las poblaciones de polinizadores. Donaghue dice que Prospect Park ha probado varias tácticas para frenar el crecimiento de las especies invasivas: han arrancado las plantas a mano y han acudido a sustancias químicas y pesticidas en “algunas áreas difíciles o remotas”. Otras ciudades han probado lanzallamas e incendios controlados. Y ahora Prospect Park está probando usar cabras o chivos para resolver el problema.

La manada de ocho cabras recientemente llegó al parque para ayudar en esfuerzos en cuanto a la mejoría y la restauración. Se calcula que su costo fue 15,000 dólares. Proyectos de restauración en esta área están financiados por una subvención de 727,970 dólares del Servicio Nacional de Parques, mediante el Programa de Subvenciones para Propiedades Históricas Afectadas por el ciclón Sandy. Los chivos estarán trabajando durante todo el verano. Detrás sencillos alambrados se irán comiendo las especies invasivas que han sido difíciles de erradicar.

Cuando los conocí, parecían somnolientos. “Parecen quedarse acostados bastante tiempo”, dice Larry Cihanek, quien suministró la manada de su granja de cabras en Rhinebeck, Nueva York. Se cansan con todo lo que se comen. Dicen que los chivos van picando por unos treinta minutos a la vez, y entonces se retiran para masticar y digerir su comida. Dos o tres horas después estarán listos para seguir comiendo. Las cabras pesan entre 120 y 180 libras y comen casi un cuarto de su peso corporal cada día (pero, según agrega Larry, “no es como 20 libras de bistec”). Según dice Cihanek, durante ocho meses del año viven en una granja en el norte del estado de Nueva York. Mayormente comen heno, ya que no hay vegetación para pastar. Luego, en cuanto se les asigna un “proyecto”, vorazmente se consumen prácticamente todo lo que sea verde. “Hasta les gusta la hiedra venenosa o cosas con espinas”, dice Ann Cihanek, la esposa de Larry. El parque les provee cubetas de agua a los chivos. Poco después de que llegué, una chiva llamada Zoya y sus dos hijos —Reese y Olivia— estaban escalando el pendiente y extendiendo sus cuellos para alcanzar ramas.

Debido a sus apetitos voraces, con frecuencia se alistan a los chivos para proyectos de paisajismo. Han cortado el pasto del Cementerio Nacional Arlington, junto con parques en Boston y Pittsburgh. Anteriormente la granja de Cihanek ha prestado chivos para realizar proyectos parecidos en Staten Island y en el Área Recreativa Nacional Gateway.

Los grupos de chivos ofrecen varias ventajas: pueden subirse por terreno disparejo que es difícil para los humanos con herramientas. También tienen una huella ecológica neutra en comparación con otros tipos de intervención. Por ejemplo, arrancar las malas hierbas a mano puede dispersar las semillas sin querer y éstas pueden terminar brotando en otra parte. Por su parte, los herbicidas pueden hacer que algunas áreas terminen siendo restringidas. En una rueda de prensa el miércoles pasado, Leslie Wright —directora regional de la Oficina Estatal Neoyorquina de Parques, Recreación y Preservación Histórica— felicitó al parque por su nueva “fuerza laboral con una huella pequeña de carbono”.


Por su parte, las cabras parecen estar felices de ayudar. “Comer para ganarse la vida es el trabajo ideal para un chivo. A mí sí me encantaría [este tipo de trabajo]”, le dijo Ann Cihanek hace poco al periódico The New York Post.

Sin embargo, a veces estos experimentos en paisajismo salen mal. En febrero se “despidió” a una manada de 75 chivos en Salem, Oregón, después de que se comieron las plantas indígenas junto con las invasivas que les tocaba eliminar. Su propósito era comerse hiedra inglesa y zarza armeniana, pero también disfrutaron de corteza de árboles y arbustos nativos, explicó el Guardian. Un reporte preparado por el departamento de obras públicas de la ciudad también se quejó de un “olor a corral”. En una entrevista con el Statesman Journal, Mark Becktel —el gerente de operaciones de obras públicas de la ciudad— fue aún más sincero sobre el problema. Describió al sitio como “un área sumamente fertilizada… si entiendes lo que quiero decir”.

En Prospect Park los chivos son parte de un enfoque de múltiples vías para promover la resiliencia ante tormentas futuras. Donoghue dice que en cuanto se hayan removido las especies invasivas, el parque está considerando estrategias para fortalecer la tierra contra daños futuros al agregar barro y plantas para fortalecer el terreno. Al replantar especies nativas y estabilizar el pendiente, el parque hará “que lo que sembremos sea más tolerante de lluvias fuertes”, dice.

Como una cerca separará a las cabras de otras especies nativas vulnerables, Donoghue no está preocupada de que estas se coman lo que no deben. Tampoco le preocupa que transeúntes distraigan a estas trabajadores peludos de su trabajo ni que el parque termine siendo un zoológico interactivo. “Los chivos están haciendo lo que les interesa”, dice. “Creo que podrán mantenerse ocupados”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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