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La crisis mental de Caracas: 7 de 10 personas presentan ansiedad

La Federación de Psicólogos de Venezuela alerta sobre la necesidad de atender un problema de salud pública, que tendría su origen en la sensación de inseguridad económica y delincuencia.
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18 Nov 2016 – 12:38 PM EST

Apenas el año pasado, Venezuela fue calificado como uno de los países más felices del mundo. En el Informe Mundial de la Felicidad 2015 esta nación quedó en la posición número 23 de un total de 158, de acuerdo con una evaluación de bienestar. Pero este año, ese mismo estudio reveló una caída estrepitosa al puesto número 40. Variables como el PIB per cápita, la esperanza de vida sana y la percepción de libertad para tomar decisiones vitales justificaron el descenso. Para 2017, los pronósticos apuntan a una caída aún mayor, como reflejo de la crisis económica, el desabastecimiento y la inseguridad.

Los expertos dicen que este fenómeno ha venido acompañado por una especie de cuadro clínico de depresión a nivel nacional. De acuerdo con Juan Santiago Gavidia, presidente del Colegio de Psicólogos del Distrito Capital, 7 de cada 10 caraqueños manifiesta signos de ansiedad. De ese grupo, un 15% se debe a problemas personales. El resto, siente constante angustia como consecuencia de la crisis humanitaria y por el duelo migratorio, que padecen tras la partida al exterior de algún miembro de la familia. Los datos corresponden al análisis de 576 casos atendidos entre septiembre y octubre de este año en seis centros públicos de atención psicológica del Distrito Capital.

Gavidia asegura que esta situación también ha originado en los caraqueños ataques de pánico. 8 de cada 10 personas que lo manifiestan se lo atribuyen a la inseguridad. Esas intensas crisis de miedo, añade, ahora están sucediendo por las colas en los supermercados, donde se han presentado peleas y hasta robos entre quienes aguardan horas para adquirir los productos regulados de la cesta básica.

“Los ataques de pánico te llevan a paralizarte, a no querer tener contacto con nadie, a desconfiar, a sentir que siempre hay alguien que te está mirando, porque sabes que tienes 80% de probabilidad de ser víctima de la inseguridad cuando sales a la calle”, dice Gavidia. “Y ahora frente a la violencia que se vive en las colas de los supermercados, hay quienes prefieren comprar insumos más caros por miedo a afrontarse a alguna situación extrema”.

A juicio de la psicóloga Mary Carmen Rivas, el venezolano padece un estado de descomposición emocional, porque siente que se encuentra inmerso en un país donde reina la anomia y donde todo el tiempo está sobreviviendo. “Estamos en presencia de un venezolano desesperanzado, que siente quebrada su motivación al logro, porque ve que haga lo que haga no consigue resolver sus problemas”, dice Rivas. “Tenemos a personas que verbalizan ‘no puedo más’ y que viven un ‘duelo permanente’ por su descenso de escala social o por la distancia forzada de sus seres queridos”.

Lo que se observa a diario es a un ciudadano que está inmerso en una “dinámica de queja social”, como lo califica la psicóloga social Yorelis Acosta, que invade todos los espacios de socialización. Reuniones de trabajo, cumpleaños o cualquier conversación termina siendo un espacio de catarsis para hablar sobre el desabastecimiento, la inflación o la crisis política. Incluso, las redes sociales se han convertido en una especie de muro de los lamentos, donde se refleja la angustia y la preocupación excesiva de quienes se sienten viviendo en , lo que Acosta denomina, una “caja negra”.


El mapa emocional de Venezuela

Eva Uzcátegui escribe en su Facebook, a modo de descarga: “Un policía me amenazó frente a un supermercado. Perdí los papeles, porque hasta groserías dije. Qué desgracia de país. Yo lo único que quería era hacer mercado (…) Me tiembla todo y para más remate, como buena idiota que soy, entonces lloro… por rabia y por injusticia”. Laura Rojas también hace lo propio, tras un nuevo apagón de luz: “Me perdonan el léxico pero esta mierda de ‘robolucion’ nos está dejando a oscuras cada vez que le da la gana. Estoy cansada de tener todo desenchufado por temor a que se nos dañen nuestras cosas que compramos con mucho sacrificio. De verdad, hacen que salga lo peor de mi personalidad”.

En la calle, se evidencian por doquier expresiones de preocupación, gente llorando o hablando sola, porque no les alcanza el presupuesto o no consiguen los insumos básicos para comer. Tales manifestaciones de angustia motivaron a Acosta a realizar un primer estudio entre 2014-2015 sobre las emociones que embargan a los venezolanos. Entrevistó a 2,534 personas en 10 estados del país, para construir un diagnóstico que evidencia que al venezolano lo invade la tristeza, el miedo, seguido de la rabia y la expectativa.

El predominio de emociones negativas influye directamente en nuestra salud, en el bienestar psicológico, la creatividad, la resiliencia, en nuestras cogniciones y en las estrategias, que diseñamos para enfrentar las diferentes situaciones”, dice Acosta. “Cuando esa sensación se instaura en el cuerpo, ponemos en riesgo nuestra salud”.

Por su parte, la Federación de Psicólogos de Venezuela lo viene advirtiendo. La última alerta la hizo el pasado 10 de octubre, cuando emitió un comunicado expresando su preocupación por el deterioro de la salud psicológica del venezolano. Esta repercute sobre las tasas de enfermedades gastrointestinales, cardiovasculares, así como el incremento de la violencia, consumo de sustancias prohibidas, migraciones e incluso suicidios.

El gremio asegura que los trastornos que manifiestan los venezolanos constituyen un asunto de salud pública, que tiende a agravarse por las fallas en el suministro de medicamentos. Wadalberto Rodríguez, presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, aseguró en una entrevista que la escasez de antidrepresivos supera a un 85% y que están atendiendo a los pacientes de forma genérica con las dos marcas que aún quedan en el mercado. Incluso, alertó que algunos centros de salud se ven obligados a dar de alta a pacientes antes de tiempo, por no poder cubrir con los requerimientos.

¿Ante este cuadro clínico, cómo se puede restablecer la salud mental? Recuperar ese estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades y puede afrontar las tensiones normales de la vida, llevará su tiempo. En opinión de Acosta, el venezolano ha afrontado más de seis años de desgaste físico y emocional, lo cual es demasiado. Ahora, deberá volver a trazar la línea entre el bien y el mal, alterado por la urgencia de sobrevivir. Así como recuperar la civilidad. Rivas, por su parte, asegura que la crisis ha tallado tanto el estado de ánimo del venezolano, que la especialista considera que será más fácil salir de la crisis económica que de la emocional.

María Elena Garassini, presidenta de la Asociación Venezolana de Psicología Positiva, ofrece un panorama más alentador. La última investigación sobre las fortalezas del venezolano, que realiza la organización que preside, reveló que la perseverancia y la esperanza se asoman como parte de la personalidad del ciudadano que ha surgido con la crisis, destronando a las fortalezas de la gratitud y la amabilidad que aparecían en el estudio de 2011. “Hemos tenido que desarrollar fortalezas que pensábamos que no teníamos”, dice Garassini. “Esa avance en perseverar y en la solidaridad ha sido muy importante, porque estos nuevos rasgos serán muy útiles para la reconstrucción del país. Así que dentro de todo lo malo, hay que rescatar que esta crisis nos ha hecho más resilientes y creativos”.

La tarea ahora será trabajar en restablecer la calidad de vida, para que el venezolano pueda proyectar las energías en otros temas como fomentar buenas relaciones y lograr la autorealización personal. Garassini asegura que en la medida que el ciudadanos sea capaz de formar redes de apoyo dentro de la familia y la comunidad para cubrir las necesidades básicas (alimentación, descanso, agua, luz) podrá cosechar las otras escalas del desarrollo humano. Mientras tanto, es necesario apoyar a quienes no tienen las herramientas para lograrlo porque, a largo plazo, lo que surgirá será una población con poca capacidad de logro y de socialización, porque toda su energía se enfocó en sobrevivir.

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