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A esta tierna bodega solo le falta su gato (bueno, y que los productos sean reales).

Esta es la bodega más adorable (e inútil) de todo Nueva York

Esta es la bodega más adorable (e inútil) de todo Nueva York

La tienda vende coloridos productos como papel higiénico, latas de pescado y potes de helado, todos hechos de fieltro.

A esta tierna bodega solo le falta su gato (bueno, y que los productos s...
A esta tierna bodega solo le falta su gato (bueno, y que los productos sean reales).

En 1961, el artista Claes Oldenburg evadió el mundo de las galerías y estableció su propio estudio en el East Village de Nueva York. Su performance, que comunicaba directamente con el público, fue llamada ' The Store'. Él vendía versiones modificadas de los bienes en oferta en los establecimientos cercanos, dispuestos de forma tal que evocaban esos puestos tradicionales. Había, por ejemplo, una rebanada de pastel de arándano azul moldeado con yeso y colocado en una vitrina próxima a una sección de bananas a medio camino del negocio de los productos derretidos. Si lo proyectáramos 50 años hacia el futuro, el espectáculo habría sido uno de los favoritos en los instagrameros.

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Pero ' The Store' ya tiene un descendiente espiritual: '8 ‘Till Late', actualmente a la vista en una vidriera prestada por el Hotel Standard en Chelsea, Nueva York. En esta ocasión, la artista británica Lucy Sparrowtiene Instagram a su disposición. La instalación descansa en un artilugio similar: se trata de una bodega con 9,000 productos básicos en existencia, todos de fieltro.

Los estantes están flanqueados por enormes pomos de mayonesa, paquetes de caramelos, rollos de papel higiénico y botellas de detergente y champú. En las esquinas del piso ajedrezado, hay cajeros automáticos y una nevera repleta de sándwiches de helado y enyesada con señales de advertencias de CCTV (Circuito Cerrado de Televisión).

Hay incluso una fiambrería, donde los visitantes pueden armar sus propios (e incomestibles) sándwiches a partir de embutidos rebanados de tela.

Toda una bodega de felpa

La instalación simula una tienda de vida efímera ( pop-up store): todo está a la venta. Los visitantes que quieran, por ejemplo, dos paquetes de toallitas de papel abonarán 60 dólares. En Internet, específicamente en el sitio de la artista, una bolsa de afelpados Fritos sale en 45 libras esterlinas; una lata de café instantáneo, en unas 40 libras y un lote de tabletas de Benadryl te cuesta 35. Pero Sparrow dijo al New York Times que ella está trabajando por lograr algo aún más importante, destacar a las “comunidades que se van perdiendo a medida que los barrios se transforman”.

Para constatarlo, simplemente dese un salto por la aledaña Bleecker Street. Este enclave ha pasado del auge a la debacle económicos. En los primeros años del presente siglo, era el epicentro azucarado del frenesí por los dulces de Magnolia Bakery. Esa repostería, que pasara a la fama por la serie Sex and the City, contribuyó a desarrollar otra franja de las tiendas de ultra-lujo en los alrededores. “ Los viejos negocios se opusieron a las renovaciones de la renta que pedían 45,000 dólares al mes y el lugar lo fue perdiendo todo, desde las librerías hasta los restaurantes de comida tailandesa, pasando por las tiendas de antigüedades”, según reporta Curbed.

Básicamente, ese radio de pocas cuadras fue incapaz de sostener tal volumen de tiendas de gama alta que vendían artículos similares. Sin embargo, los arrendadores no parece que quieran bajar las rentas, por lo que muchas fachadas están aún vacías. En un informe que reuniera sobre este asunto el pasado mes, el senador estatal Brad Hoylman citó a Tim Wu, economista de la Facultad de Derecho de Columbia: “Eso sugiere esperar por Marc Jacobs en lugar de alquilar a Jane Jacobs”.

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En abril, la oficina de Hoylman sondeó los corredores del distrito 27 del Senado de la ciudad, contando los negocios cerrados. En núcleos de West Village y Chelsea –donde se exhibe la instalación de Sparrow– escrutaron índices de vacantes de un 18% y un 6.5%, respectivamente. A su vez, rastrearon el cambio año tras año en los arrendatarios y hallaron que cerca de un 11% de las fachadas variaba de un año al siguiente.

Entretanto, los dueños de tiendas locales también están presionados por la presencia de grandes franquicias comerciales, las cuales continúan ganando espacio a lo largo de los cinco distritos de la ciudad. Marcas de Dunkin Donuts y Subway consumen la mayor parte de los bienes raíces, según el más reciente informe de State of the Chains, realizado por el Centro por un Futuro Urbano. Dicho informe encontró que si bien Manhattan aún dispone de la mayor cantidad de tiendas de accesorios de ropa en el país, el total en todo el distrito ha decrecido cerca de un 1% pese a estar subiendo en el Bronx, Brooklyn, Queens y Staten Island.

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Aunque el superobjetivo de Sparrow es llamar la atención sobre la crítica situación de las tiendas minoristas familiares, su instalación no es un bálsamo. Uno no podría, aunque quisiera, salir con ninguno de los artículos de primera necesidad gracias a los cuales vivimos a diario, pues apenas llevaríamos una pieza de fieltro que significa su ausencia.

Conceptualmente, su proyecto no plantea nuevos caminos. Más bien está habitando un territorio en que esas preguntas sobre lo que pertenece, y a dónde pertenece, están vigentes.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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