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Diez frases de Jane Jacobs para amar a nuestras ciudades

En su aniversario, te explicamos por qué esta mujer influenció nuestras ciudades como pocos lo han hecho.
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25 Abr 2016 – 11:41 AM EDT

Llegó a Nueva York con 18 años y el asombro que le causó la gran ciudad le duró el resto de la vida.

Jane Jacobs (1906-2006), periodista y urbanista autodidacta, ha sido una de las personas más influyentes en la forma como vemos las ciudades. Logró detener megaproyectos que intentaban cambiar la faz de su querida Nueva York y terminó escribiendo uno de los libros más influyentes del urbanismo contemporáneo, Muerte y vida de las grandes ciudades .

Defendía las manzanas pequeñas y las calles transitadas y la mezcla de edificios residenciales y comerciales. Con sus escritos y sus actos, se opuso a la megalomanía y a la planificación urbana moderna, que había encumbrado el automóvil por encima de las personas. Según ella, burócratas como Robert Moses, el gran planificador urbano de Nueva York en el siglo XX, consideraban la ciudad un ente enfermo que debía higienizarse.

En un enfrentamiento sobre el que se han escrito hasta óperas, Jacobs encabezó el movimiento que consiguió detener uno de las mayores iniciativas de Moses: la autopista que cruzaría Manhattan transversalmente y que hubiera guillotinado barrios como Greenwich Village, Nolita y su querido Washington Square Park.

Sus detractores dicen que su visión de la ciudad es inocentona, que no está basada en evidencia científica y la señalan como precursora de la gentrificación. Sus partidarios, en cambio, valoran su capacidad de observación y deducción y su apuesta por un modelo humano de la ciudad.

En su aniversario, recordamos algunos de las enseñanzas básicas de esta autora.

La ciudad es de todos. "Las ciudades tienen la capacidad de proporcionar algo para todo el mundo, sólo porque, y sólo cuando, se crean para todo el mundo".


El elogio de la calle. "Las calles y sus aceras, los principales lugares públicos de una ciudad, son sus órganos más vitales. ¿Qué es lo primero que nos viene a la mente al pensar en una ciudad? Sus calles. Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste".


Calles frecuentadas, calles seguras. "Una calle muy frecuentada tiene posibilidades de ser una calle segura. Una calle poco concurrida es probablemente una calle insegura (...) Ha de haber siempre ojos que miren a la calle, ojos pertenecientes a personas que podríamos considerar propietarios naturales de la calle (...) La seguridad de la calle es mayor, más relajada y con menores tintes de hostilidad o sospecha precisamente allí donde la gente usa y disfruta voluntariamente las calles de la ciudad y son menos conscientes, por lo general, de que están vigilando".


El ballet de la acera. “Pero no una danza de precisión y uniforme en la que todo el mundo levante la pierna al mismo tiempo, gire al unísono y haga la reverencia en masa, sino a la manera de un enredado ballet en el cual cada uno de los bailarines y los conjuntos manifiestan claramente sus elementos distintivos, que, como milagrosamente, se dan vigor y densidad mutuamente, componiendo entre todos un conjunto armónico y ordenado. El ballet de las aceras de una ciudad nunca se repite a sí mismo en ningún lugar, es decir, no repite la representación como en una gira; incluso en un mismo y único lugar, la representación está llena de improvisaciones”.


Confianza. "La confianza en las calles de una ciudad se construye a lo largo del tiempo a través de muchos, muchos, pequeños contactos públicos en las aceras... la mayor parte de ellos son ostensiblemente triviales, pero su suma no es en absoluto trivial".


La belleza del caos. "La intrincada mezcla de usos diversos (urbanos) en las ciudades no son una forma de caos. Por el contrario, representan una forma compleja y altamente desarrollada de orden".


... Y la fealdad del orden. “Superficialmente, esta monotonía podría considerarse una especie de orden, aunque sosa. Pero estéticamente, por desgracia, también trae consigo un tipo de desorden, el de no tener dirección. En un lugar marcado por la monotonía y la repetición de la similitud uno se mueve, pero no parece llegar a ninguna parte. Para orientarnos necesitamos diferencias”.


Contra la planificación urbana. "No hay ninguna lógica que pueda ser impuesta a la ciudad; la gente la hace, y es a ella, no a los edificios, a la que hay que adaptar nuestros planes ".


Sobre los autos. "Los automóviles son a menudo etiquetados de forma conveniente como los villanos responsables de los males de las ciudades y las desilusiones y las futilidades de planificación urbana. Pero el efecto destructivo de los automóviles es mucho menos una causa que un síntoma de nuestra incompetencia al construir la ciudad".


Precursora del “people watching”. "Nadie disfruta sentándose en un banco o mirando por la ventana para contemplar una calle vacía. Creo que casi nadie hace una cosa semejante. Pero sí hay muchísima gente que se entretiene contemplando la actividad de una calle, de tanto en tanto, desde una ventana o en la acera."

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