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La educación bilingüe no solo favorece a los latinos, sino a toda la clase.

Cómo los programas de lenguaje dual desnudan (e intentan resolver) las desigualdades sociales

Cómo los programas de lenguaje dual desnudan (e intentan resolver) las desigualdades sociales

En un rico suburbio de Chicago, cada vez más familias angloparlantes se están inscribiendo en clases simultáneas en inglés y en español, originalmente pensadas para integrar a los latinos. De paso, quedan en manifiesto las tensiones entre las distintas comunidades.

La educación bilingüe no solo favorece a los latinos, sino a toda la clase.
La educación bilingüe no solo favorece a los latinos, sino a toda la clase.

Hace seis años, después de mudarse a los suburbios de Chicago desde la Ciudad de México, Gabriela Leyva decidió apuntar a sus hijos Ricardo y Rodrigo en el distrito escolar 112 de North Shore, que incluye los suburbios Highland Park y Highwood, por su programa de lenguaje dual. La iniciativa, creada hace casi dos décadas, tiene buenísima reputación. En él, sus hijos pasaban la mitad del día aprendiendo en español y la otra mitad en inglés. Hoy ellos tienen 18 y 13 años, y hablan y leen en los dos idiomas con fluidez, aún cuando ella temía que perderían su español. Aunque prefiere comunicarse en inglés, Ricardo fue el mejor estudiante en su clase de historia estadounidense el año pasado. Esta clase fue en español.

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Pero el éxito del programa de lenguaje dual también ha traído tensiones, las que Leyva y su familia han experimentado de primera mano. Por tres años, ella fue consejera en el Education Foundation, un grupo que proporciona apoyo financiero a iniciativas en el distrito. En un momento dado, también dirigió un comité para desarrollar estrategias para apoyar la diversidad en esta zona, pero esta labor fue difícil. Leyva propuso diez estrategias, pero al final el comité, de miembros casi todos blancos, eliminó ocho. La que más la enojó fue una declaración que hay tres partes del éxito de un estudiante: la familia, la escuela y el distrito. Según Leyva, sin esto el distrito 112 no es culpable por el fracaso de un estudiante. “No tenía una voz. Me molestó mucho”, ella dice. “Dije, ‘No estoy de acuerdo, porque las familias hispanas no son invisibles’. Ellos sólo dijeron: ‘Dios mío, [ella] está gritando’. Pero nada pasó. Cortaron ocho estrategias”.

Las experiencias de Leyva muestran la complejidad de los programas de lenguaje dual, formados para ayudar a hispanohablantes a aprender inglés sin perder su idioma materna e integrar a la población hispanohablante y a la angloparlante. Pero en muchas de estas comunidades, las familias angloparlantes y en general más pudientes han empezado a considerar el programa como una oportunidad para que puedan mejorar sus calificaciones para la universidad, amenazando los objetivos originales.

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Esto marca una gran diferencia respecto a lo que pasaba hace unas décadas. Veinte años atrás, el público estadounidense desconfiaba de una sociedad multilingüe. Estados como California y Massachusetts prohibieron programas de educación bilingüe en las escuelas públicas. Pero desde el cambio de siglo la opinión pública se ha desplazado en la dirección opuesta: para 2015, siete estados crearon políticas de promoción de la educación bilingüe.

Hoy en día, la ley de Illinois y varios otros estados en EEUU obliga que las escuelas públicas ofrezcan programas de educación bilingüe para estudiantes que no hablan inglés fluido, y una de las opciones en ese sentido que más está creciendo es el modelo de lenguaje dual. Esta es una estrategia nueva que desplazó a formatos más antiguos con menos énfasis en la retención del idioma nativo. En teoría, una clase empieza con una mitad angloparlante y una mitad hispanohablante, y los dos grupos sirven como modelos lingüísticos para el otro. Entonces, ellos se mezclan para crear un grupo de estudiantes bilingües, bialfabetizados y biculturales. El modelo ofrece varios ventajas respecto a otros: los hispanohablantes aprenden inglés, los angloparlantes aprenden español y los dos grupos experimentan una ‘inmersión cultural’ también.

Este beneficio para los angloparlantes obviamente es apreciado por los educadores, pero lo fundamental de la educación bilingüe es mejorar el entendimiento del inglés en estudiantes sin fluidez en este.

“En realidad, los programas de lenguaje dual fueron desarrollados para hispanohablantes como un modelo efectivo para la educación bilingüe”, dice Nicole Bellini, la directora de Sherwood Elementary, una de las tres escuelas con clases de lenguaje dual en el distrito 112. “Algo extra es que podemos ofrecer este programa a estudiantes angloparlantes como idioma nativo”.

Esta priorización es la que puede estar en peligro. Muchos padres que no son latinos quieren que sus hijos estén en el programa de lenguaje dual en el distrito 112. De hecho, ahora hay más demanda de angloparlantes que de hispanohablantes, algo que es un fenómeno nacional ya. Por esto, el año que viene el distrito hará un sorteo entre las familias angloparlantes que estén postulando, limitando sus entradas para así mantener una matrícula equilibrada, porque el programa necesita que la mitad de los estudiantes sea de cada grupo lingüístico.

Los programas duales son cada vez más populares en todo Estados Unidos.
Los programas duales son cada vez más populares en todo Estados Unidos.


Sin embargo, mientras algunos buscan este tipo de escuelas, otros padres de habla inglesa no quieren que sus hijos asistan a escuelas con lenguaje dual, porque tienen más estudiantes latinos y de bajos recursos, y muchas veces consiguen notas peores. Como resultado, tensiones han surgido en una comunidad que se enorgullece de ser progresista (en este condado, Hillary Clinton ganó por 21 puntos en la elección de 2016).

Estos conflictos también se ven en cómo el distrito intenta defender el programa. Por un lado, necesita la participación de ambos grupos de estudiantes para que el programa funcione lo mejor posible, pero siempre está el riesgo que solo los padres angloparlantes pueden usar el programa como otro modo para mejorar las habilidades de sus hijos. La angloparlante Lucy Putlak, madre de tres egresados del programa de lenguaje dual, ve una disparidad entre cómo el distrito promociona el programa a los dos grupos. “El propósito del programa es que los hispanohablantes aprendan inglés”, dice Putlak. “Pero para venderlo a los angloparlantes, ellos dicen: ‘tu hijo puede aprender español si haces el programa’”.

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Janie Carnock investiga el tema de la educación bilingüe en New America, un centro de estudios no partidista. Dice que esta tensión entre las necesidades de los hispanohablantes y las de los angloparlantes es una tendencia nacional en los suburbios liberales y generalmente blancos con poblaciones hispanohablantes crecientes. “Hay una división entre ver programas de doble lenguaje como una solución para la equidad”, Carnock dice. “Pero también hay otro lente que es verlos como un modo de enriquecer poblaciones que ya tienen privilegios”.

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El distrito 112 no es la única comunidad que experimenta esta compleja tensión. En Kalamazoo, Michigan, las familias blancas son las que quieren que el programa de lenguaje dual se expanda a la secundaria. Recientemente, el distrito escolar de Portland, Oregon, se reorganizó para promover equidad en el diseño del programa, por ejemplo adoptando una política de equidad educativa racial. En Maryland, el programa del condado de Montgomery cambió sus directrices en parte por aumentar el número de clases de lenguaje dual, porque estaba sirviendo a angloparlantes principalmente. Tal como en el distrito 112, una zona rica de Seattle está considerando si sus organizaciones de padres y maestros deben ayudar a las escuelas de bajos recursos en el distrito. Y en una escuela de Evanston, una ciudad cerca del distrito 112, padres que no son latinos están luchando contra la implementación de un programa de lenguaje dual.

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Las tensiones de un distrito desigual

El distrito 112, que empezó con el programa de lenguaje dual hace casi dos décadas cuando el país no veía con buenos ojos la educación bilingüe, incluye varias comunidades. Highland Park es un suburbio progresista en la orilla de Lago Michigan, 20 millas al norte de Chicago. Tiene un ingreso promedio de 123,000 dólares y un índice de pobreza de 6.5%. Es famoso por su arquitectura de Frank Lloyd Wright, sus populares playas públicas y su papel como sede veraniega de la Orquesta Sinfónica de Chicago. John Hughes y otros cineastas han usado Highland Park como el escenario de un suburbio clásico. Esta comunidad es un 91% blanca y pero su diversidad religiosa se manifiesta en una activa comunidad judía. Sin embargo, en el mismo distrito 112 está el vecindario de Highwood, que es un 57% latino, tiene un ingreso promedio de 51,000 dólares y un índice de pobreza de 14.8%.

Radiografía al Distrito Escolar 112
En él conviven comunidades como Highland Park y Highwood, con importantes diferencias étnicas y económicas.
Highland ParkHighwood
Ingreso promedio anual123,000 dólares51,000 dólares
Población blanca no hispana91%46%
Población hispana7%48%
Pobreza6.50%14.80%
FUENTE: Data USA, 2015 American Community Survey (ACS), United States Census Bureau | UNIVISION


El distrito tiene ocho primarias y tres middle schools. Una primaria, Oak Terrace, y la middle school Northwood tienen una muy alta población de latinos, otras minorías y familias de bajos ingresos. En Oak Terrace un 69.7% son latinos y Northwood son un 48.3%. En el sexto grado, los estudiantes de Oak Terrace y un otra primaria, Wayne Thomas, van al middle school Northwood. Debido a que la mayoría de la población latina en Highland Park viene de esta única middle school, hay alumnos blancos de las otras escuelas que entran a secundaria sin exposición a la diversidad económica ni racial. Y, en la misma secundaria, la integración es difícil.

“Los alumnos de las otras escuelas pensaban que nosotros estábamos en pandillas en Northwood”, dice Lupita Rodríguez, una egresada de esta middle school. “Pero obviamente esto era falso. Teníamos doce años”.

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En el rendimiento también se notan diferencias: Oak Terrace está 13.4 puntos por debajo del promedio estatal en sus exámenes, mientras que el distrito entero está 13.4 puntos por encima. Las otras escuelas son por la mayoría blancas y de ingreso más alto. Estas escuelas incluyen Sherwood y Red Oak, que tienen clases de lenguaje dual en cada grado, pero en total son mayormente blancas. “Vivimos en una comunidad segregada”, dijo Edward Rafferty, el superintendente temporal, en una reunión del comité escolar en noviembre. “ Hablamos alegremente de la diversidad, pero la mayoría de nuestra diversidad—nuestra población de pocos ingresos, de minorías—está muy concentrada en una rincón de la comunidad. Hay emociones inculcadas aquí y resentimientos. Creo que es esto feo y debe hacernos sentir incómodos”.

Un alumno blanco en la secundaria (que es un 22% latina) puede pasar todo el día sin interactuar con alumnos latinos. Mientras Ricardo—el hijo de Gabriela Leyva—ahora está en clases de AP, cursos de nivel alto en que se puede conseguir crédito universitario, él empezó la secundaria en clases correctivas. Es uno de los pocos latinos que saltan niveles, según él. Muchos de sus amigos que viven en casas hispanohablantes todavía están en el nivel correctivo.

A su vez, el acceso a otros beneficios del distrito es desigual. Varios de los programas extracurriculares como los equipos de debate y baile pueden costar casi 1,000 dólares por año, demasiado para familias de bajos recursos. Incluso durante el almuerzo, los estudiantes se sientan separados. Los alumnos blancos bautizaron a la zona frente de la cafetería donde se sientan unos alumnos latinos como ‘jalapeño hallway’ (el pasillo de los jalapeños).

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Por otro lado, los estudiantes blancos se sientan en una sala separada conocida como los “commons”, dice Ricardo, estudiante de duodécimo grado. Un día su primer año en el secundaria, un maestro ofreció a Ricardo y sus amigos un crédito extra por sentarse en los commons durante el almuerzo. “Nadie lo hizo”, dice Ricardo. “No quisimos hacerlo. Nos sentíamos como 'no vamos adentro de los commons, ellos nos van a mirar fijamente y vamos a estar incómodos'”.

A principios de noviembre, el comité escolar del distrito se reunió para debatir una reorganización pendiente. El comité tiene doce miembros: once hombres blancos, una mujer asiática-estadounidense y ningún latino. Autos de marca Range Rover y Lexus llenaron el estacionamiento y alrededor de 60 personas empaquetaron el salón hasta que no quedaron sillas vacías. Varios padres se dirigieron al comité para opinar sobre cómo será la reorganización.

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Aunque la mayoría de la reunión pública trató de temas relevantes a la comunidad latina, casi todos los asistentes parecían ser ricos y blancos, y no hubo traductores ni materias en español. Guillermo Crespo, quien trabaja como empleado de mantenimiento para empresas locales, no asistió. Crespo no habla inglés y no tiene tiempo para participar en discusiones de este tipo. “Culturalmente hablando, muchas personas no se involucran en este tipo de decisiones”, dice el padre de una niña de once años en el programa de lenguaje dual. “Esto es por el nivel educativo por un lado y, por otro lado, por la falta de tiempo”.

Rodríguez, la exalumna, se siente frustrada por cómo ha manejado el distrito el proceso de la reorganización. Dice que el distrito está tratando a los estudiantes latinos como ‘peones’ de ajedrez, porque los padres latinos no están involucrados en el proceso de la toma de decisiones. “No sólo es porque no tienen reuniones en español, sino también porque las familias de bajos recursos no pueden pagar a una niñera para cuidar a sus niños mientras van a una reunión del comité escolar o de la PTA [asociación de padres], en el distrito”.

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La división de fondos es otra cosa que ha creado una tensión significativa por años en el distrito. En la middle school de Northwood, un 45% de los estudiantes cumplen los requisitos para el almuerzo gratis o a precio reducido. Dos de cada tres estudiantes en la primaria Oak Terrace cumplen los requisitos. Debido a esto, Northwood y Oak Terrace cumplen los requisitos para de asistencia financiera federal—los llamados fondos del Título I—a diferencia de las otras escuelas más ricas.

A la vez, la asociación de padres en varias primarias en el distrito ofrece Food Days para el almuerzo, en los que se pueden pagar 6 dólares extra para comer de un restaurante diferente cada día. Ni Oak Terrace ni Northwood ofrecen este programa y como resultado pierden una oportunidad importante para recaudar fondos. Algunos padres más ricos sienten que sus esfuerzos para recaudar fondos deben ir a sus propias escuelas y no ser extendidos por todo el distrito, especialmente cuando ellos no reciben fondos federales.

Mientras que la asociación de padres puede no reconocer cómo las recaudaciones de fondos pueden aislar a las familias de bajos recursos, los estudiantes sí lo notan, como sucede con la competición de ‘Dollars for Donuts’ (Dólares por Rosquillas). “Uno de los niños en mi clase dijo: ‘Si es una competición de qué clases pueden recaudar el máximo dinero, no es justo, porque todos no tienen el mismo dinero’”, dice Heather Fee-Álvarez, maestra de lenguaje dual en Sherwood.

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Aunque el programa de lenguaje dual está al centro de estas tensiones, Lilah Shapiro, socióloga en Northwestern University y madre de Highland Park, cree que esto muestra por qué es tan importante el programa. “En los primeros años de la secundaria, las clases no son tan diferenciadas y no tienen segregación en el mismo modo que existe [más adelante]”, ella dice. “Desafortunadamente, cuando se dividen por nivel de aprendizaje sí se tiende a separar los grupos de hablantes de cada idioma, entonces es en estos primeros años donde existe la última oportunidad para los niños blancos que interactúan íntimamente con niños con orígenes diferentes”.

Dentro de su salón de clase en la primaria, muchos estudiantes tienen relaciones fraternales después de haber estado juntos por años, dice Fee-Álvarez, la maestra de Sherwood. Las obras de teatro en Sherwood son bilingües y Fee-Álvarez dice que los maestros trabajan duro para encontrar una delicado equilibrio, de forma de que padres monolingües no sientan excluidos. Obras de arte en ambos idiomas adornan los pasillos de Sherwood, que tiene clases bilingües y monolingües en cada grado.

En el futuro, la clase de Fee-Álvarez leerá dos libros sobre Cristóbal Colón como parte de su unidad sobre exploradores: un recuento ficticio de un niño en el barco de Colón y otra narración desde la perspectiva de los indígenas, cada uno disponible en los dos idiomas. Las estudiantes compararán las dos puntos de vista y discutirán si Colón era un héroe o no.

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Shapiro ve el programa de lenguaje dual como un puente entre las comunidades, y como resultado, una forma de resolver algunas de las tensiones en el distrito. “El único modo de romper o eliminar prejuicios es tener relaciones significativas, extendidas e íntimas con alguien que es un ‘otro’”, concluye.

Este artículo fue investigado y escrito como parte de la clase de Reportaje y Storytelling Bilingüe de la Universidad Northwestern, en Evanston, Illinois. Contó con la supervisión y ediciones de la profesora Mei-Ling Hopgood.

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