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Uber no disminuye las muertes por conducir bajo la influencia del alcohol

Un nuevo estudio contradice uno de los principales argumentos a favor de este tipo de sistemas de transporte.
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12 Ago 2016 – 10:38 AM EDT

Cuando Uber y Lyft se fueron de Austin en mayo, después de que los votantes aprobaron una propuesta de ley bajo la cual se regularía sus conductores, muchos de los defensores de estos servicios argumentaron que esto incrementaría la cantidad de conductores borrachos en la calle. En mayo, después de que se fueron estos servicios de transportes, Austin registró 359 arrestos por conducir borracho, un aumento en comparación con el mismo período de 2015, cuando hubo 334 arrestos por ese delito.

Austin es una de las pocas áreas metropolitanas donde Uber y Lyft iniciaron operaciones para después cesarlas menos de dos años más tarde. Con cifras tan pequeñas a lo largo de tan poco tiempo, se hace difícil determinar si un incremento en arrestos de un 7.5% implica una relación con este tipo de servicios, o si aquí existieron otros factores o una anomalía estadística. Sin embargo, dada la popularidad de estos servicios (particularmente Uber), debería ser posible demostrar el efecto en los conductores bajo la influencia del alcohol, si no en Austin en otros lugares.

De hecho, existen datos que dicen que Uber casi no ha tenido impacto en reducir las muertes provocadas por conducir borracho. Un nuevo estudio publicado por la revista académica American Journal of Epidemiology halló que la utilización de Uber en las 100 áreas metropolitanas más pobladas del país no guarda relación alguna con las muertes en accidentes de tránsito: no ocurre con el total de dichas muertes ni con las que son causadas por el alcohol, ni tampoco las que ocurren durante los fines de semanas o los días de fiesta.

El estudio —realizado por Noli Brazil, del Spatial Sciences Institute en la Universidad de California del Sur, y David S. Kirk, en la Universidad Oxford— evaluó muertes en accidentes de tráfico antes y después de la llegada de Uber en 100 áreas metropolitanas diferentes (según el condado) entre 2005 y 2014. Los investigadores tomaron en cuenta varios factores que podrían afectar el riesgo: leyes estatales que legalizaron o despenalizaron el uso de la marihuana, cambios en el proceso de conseguir licencias de conducir, y prohibiciones de utilizar mensajes de texto, entre otros temas. Brazil y Kirk también tomaron en cuenta factores adicionales, como los impuestos al alcohol en esos lugares, índices mensuales de desempleo y la cantidad de taxistas trabajando en un área metropolitana dada. Al examinar exclusivamente el impacto de Uber en las muertes por manejar borracho, no encontraron impacto alguno.

“Si conductores borrachos potenciales fueran racionales, entonces reducir la dificultad de encontrar opciones alternativas de transporte y el costo de estas opciones teóricamente disminuirían la cantidad de incidentes de conducir borracho y las fatalidades”, dice el estudio. “Esta es la promesa de Uber y otras [empresas de redes de transporte], particularmente en términos de aumentar la cantidad de opciones de transporte”.

Al usar tres modelos diferentes, Brazil y Kirk encontraron que Uber no redujo las muertes por accidentes de tráfico de una manera estadísticamente significativa. Esto va en contra de la sabiduría convencional que indica que más conductores contratados por estos servicios parecen disminuir la conducción bajo el efecto del alcohol. Pero, aparentemente, la sabiduría convencional está equivocada y los investigadores tienen algunas teorías sobre por qué es así.

Los potenciales conductores borrados no actuán de manera racional

Para casi cualquier conductor, el costo potencial de conducir bajo el efecto del alcohol pesa más que el costo real de una tarifa de Uber. Podrías matar a alguien (o a ti mismo), destruir tu auto, sufrir importantes penas o hasta terminar en la cárcel. En comparación, Uber parece ser una opción mucho mejor (excepto cuando hay mucha demanda). Pero los conductores borrachos no necesariamente sopesan estos costos potenciales de manera racional. Tal como explican los investigadores, quizás sea más probable que los conductores borrachos piensen exclusivamente en las probabilidades. Al final, es poco probable que un policía detecte a un conductor mientras maneja bebido, mientras que no hay duda que este tendrá que pagar el costo del Uber, una multa de estacionamiento, un remolque por estacionarse mal o bien pasar inconveniencia personal si deciden no manejar. ¡Es una pésima apuesta! Pero es justamente lo que dicen los investigadores: por razones obvias, los conductores borrachos hacen malas apuestas.

Uber es popular, pero no tan popular como manejar borracho

La cantidad de conductores que trabajan para Uber está creciendo de manera astronómica en Estados Unidos. El número mensual ha pasado de unos cuantos miles en enero 2013 a unos 450,000 en abril 2016. Si el servicio sigue expandiéndose a niveles exponenciales, algún día quizás haga mella en la cantidad de choques y muertes relacionados con conducir borracho (cabe notar que el estudio también tomó en cuenta Lyft, pero se centró en Uber porque tiene muchos más conductores).

Pero a pesar de todo el bombo publicitario sobre Uber y Lyft, los conductores de estos servicios representan una cuota sumamente pequeña de los conductores en las calles. Hay 210 millones de conductores con licencia en los EEUU. De estos, unos 4.2 millones de adultos deciden manejar borrachos en cualquier mes dado. Las cifras de Uber simplemente no se comparan con estas cantidades.

Para los conductores borrachos, Uber no es un sustituto apto para manejar

El argumento expresado en Austin de que los incidentes de manejar borracho se dispararían en cuanto Uber y Lyft cesaran sus operaciones se debió en parte a una preocupación genuina. Pero en otra parte se debió a llevar la contra por que sí, y sin muchos datos de fondo. Después de todo, nadie que argumentó que se daría el disparo jamás dijo “si no puedo tomar Uber o Lyft, entonces mi plan es manejar borracho”. En cambio, la preocupación se planteó como un problema que afecta a otras personas. Si otros no pueden usar Uber o Lyft, entonces ellos manejarán borracho. Esta preocupación quizás sea errónea, según Brazil y Kirk.

“Uber quizás sea un sustituto para taxis y otras formas de transporte publico, pero no son un sustituto para conducir borracho”, escriben. “Por consiguiente, quizás anteriormente los pasajeros en Uber fueron usuarios de taxis y de transporte público y por ende la cantidad de conductores en peligro en las calles no cambió considerablemente. Pruebas anteriores han sugerido esta capacidad [de sustituir uno por el otro]” (los enlaces a las notas al pie de la página han sido agregados).

Los que viajan en Uber quizás no sean los conductores típicos

En las áreas metropolitanas más populosas, los pasajeros tienen otras opciones aparte de Uber. Incluso antes de que surgiera Uber, es probable que muchos pasajeros potenciales de Uber no condujeran. Tomaron taxis, autobuses o trenes o bien andaban en bicicletas (y lo siguen haciendo). En las áreas metropolitanas grandes, Uber más bien funciona como una forma muy cara de transporte público en lugar de ser una alternativa a manejar un auto. La gente viviendo cerca de los servicios de transporte público o las personas de bajos ingresos quizás no consideren a Uber como una opción. Lo mismo pasa con los conductores que simplemente dependen de sus autos en lugar de cualquier tipo de transporte público.

Los investigadores reconocen que hacen falta más investigaciones en ciudades más pequeñas en cuanto a las muertes relacionadas al alcohol y el tránsito. “A lo mejor haya una mayor relación entre Uber y la cantidad de muertes por accidentes de tráfico en áreas más pequeñas donde las opciones de transporte son limitadas”, dice el estudio. “En futuros trabajos, los investigadores deben examinar si la relación entre la presencia de Uber y las muertes por accidentes de tráfico depende de la disponibilidad de opciones alternativas de transporte”.

En este aspecto Austin es un caso especial, hasta cierto punto. Se trata de una ciudad muy poblada que está creciendo a un nivel tan rápido, donde la red de transporte público está rezagada. Austin combina el crecimiento de una ciudad grande con una infraestructura de un pueblo pequeño. Una consecuencia de esto quizás sea que los residentes relativamente pudientes que durante un tiempo dependieron de Uber y Lyft como modos de transporte —entre ellos la gente derrochadora que se mudó a Austin desde California, los trabajadores del sector tech de Silicon Hills que ganan bien sin ser ricos, los millennials que frecuentan Torchy’s que tienen bastante renta disponible— tal vez estén regresando a sus autos.

Sin embargo, esta cohorte muy visible y muy locuaz sigue siendo pequeña. La preocupación mayor para Austin es la cantidad creciente de residentes que no consideran a Uber o a cualquier tipo de transporte público como una opción viable.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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