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CityLab Transporte

Por qué algunos vecinos están atacando a estas nuevas bicicletas públicas

Las llamadas 'dockless', bicis que se pueden estacionar en cualquier parte, están atrayendo a cada vez más usuarios. Pero hay gente que también ha protestado, quizás exageradamente, por su presencia.
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1 Feb 2018 – 08:37 PM EST
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La moda no solo ha invadido a las ciudades estadounidenses. En la foto, dos 'dockless bikes' en Sydney, Australia. Crédito: Mark Kolbe/Getty Images

Washington DC lleva cuatro meses experimentando con las bicicletas públicas sin estaciones o ‘dockless’, las que funcionan de manera similar a las bicicletas públicas comunes, pero se desbloquean utilizando una app en el teléfono y pueden ser estacionadas en cualquier lugar. El programa piloto en DC se extiende hasta el fin de abril, pero en este tiempo ya se han recibido suficientes reclamos de quienes se oponen a esta iniciativa. Algunas de estas opiniones negativas tienen sentido, pero otras son cuestionables.

El reclamo principal respecto a estas bicicletas de alquiler –de las cuales en DC ya hay cinco compañías– tiene que ver con el desorden que producen al ser dejadas en las aceras, ya que los usuarios simplemente las pueden soltar en cualquier lado.

La irritación al respecto sí tiene cierta base: a veces las personas las estacionan en las aceras y en las rampas, convirtiéndolas en obstáculos para personas que utilizan sillas motorizadas o que tienen algún otro tipo de discapacidad, algo simplemente irrespetuoso.

“Estoy muy a favor de una ciudad habitable”, dice Ian Watlington, quien trabaja en la Red Nacional de los Derechos para los Discapacitados, organización con sede en Washington DC. “En sí no tengo un problema con las bicis sin estaciones. Es más bien un problema con las personas”.

El asunto necesita una campaña de educación, dice Watlington, y ya se están desarrollando diferentes esfuerzos al respecto (hablaremos más de estos más adelante). Sin embargo, muchas de las quejas de los residentes sobre las bicis compartidas sin estaciones toman otro tono: algunos las han vinculado al crimen y al deterioro de los vecindarios.


Este tipo de ideas han comenzado a aparecer en los medios. En diciembre, Martin Austermeuhle —reportero de la emisora local WAMU— compartió un ridículo mensaje enviado por un vecino del rico barrio de Georgetown. Aparentemente esta persona empezó a llamar al 911 para impedir que la gente use las bicis sin estaciones (incluso llamó en Nochebuena). Aunque este programa es legal, el sujeto estaba pidiendo que los vecinos califiquen como ‘actividad sospechosa’ a cualquier persona pedaleando en estas bicicletas.

Pero el punto máximo de estas quejas llegó unos días después. El 5 de enero, los residentes de Petworth —un vecindario en el que conviven bares con familias de larga data en la zona— recibieron un aviso del representante local de la Advisory Neighborhood Commission (Comisión Consultiva del Vecindario o ANC por sus siglas en inglés). En este caso, el comisionado de la ANC 4A02 trató todos los temas esperados: quejas sobre el proceso, “una presencia antiestética en ubicaciones inusuales” y “elementos criminales que resultan de la presencia y de las ubicaciones [de las bicicletas]”.

Incluso uno de los puntos en el correo hablaba sobre la “facilidad de movimiento/fuga respecto a los órganos policiales”. Básicamente, estaba acusando de crímenes a los que usan bicis compartidas sin estaciones, pero no de un crimen especifico, sino de simplemente ser criminales. Y, bueno, como ya hemos explicado en CityLab, estas bicis compartidas sin estaciones están ganando mayor aceptación dentro de las minorías de Washington DC, particularmente entre los jóvenes, por lo que no es difícil encontrar una conexión racista en estas acusaciones.

Y luego viene otra queja, quizás más presente entre los vecinos: “las bicicletas me ofenden estéticamente”. Pero, en cuanto a las bicis compartidas sin estaciones, esta crítica esconde una pregunta sobre movilidad. Porque hay mucha ironía en protestar contra una bici aparcada en una acera y no en la constante actitud de automovilistas de bloquear ciclovías y aceras o cualquier paso, como lo muestra este tuit, que dice “el problema de los autos ‘dockless’ es que se estacionan donde quieren”.


Las bicis compartidas sin estaciones son un claro ejemplo de cómo los residentes definen a las supuestas ‘molestias’ no como asuntos que pueden solucionarse, sino como una crisis que debe erradicarse mediante regulaciones. En un artículo en The New York Times, Emily Badger recientemente rastreó cómo los dueños de casas se sienten cada vez más dueños del territorio alrededor de ellos, incluyendo sus vecindarios y hasta ciudades completas. Según dicta esta forma de pensar, si a los residentes de Petworth o Georgetown no les gustan las bicis sin estaciones, entonces alguien tiene que hacer algo al respecto: específicamente, ponerle fin al programa por completo.


Muchas personas sí aprecian las bicis sin estaciones. Patrick Kennedy —director del ANC de Foggy Bottom, un vecindario de diplomáticos, residentes pudientes, empleados del Departamento del Estado y estudiantes de la Universidad George Washington— le dijo a Current que a los vecinos les gusta andar en estas bicis. En Foggy Bottom el tráfico es fuerte, las aceras son anchas y a menudo las estaciones existentes de Capital Bikeshare (el sistema de bicis de la ciudad, que sí tiene ‘puertos’) están tan llenas que los usuarios corren el riesgo de no tener espacio donde dejarlas si las están usando.

¿Qué más se puede hacer para calmar esta indignación de algunos? Washington DC pronto tendrá una sexta compañía, que se sumará a las cinco ya existentes. Una portavoz para LimeBike —una de estas empresas— dice que miembros de su equipo están en ubicados en distintos lugares, respondiendo llamadas telefónicas y regresando bicis a distintos lugares. Y también están intentando educar a la gente, tal como expresa Watlington. Con ese fin, LimeBike ha publicado el primero de una serie de videos sobre la etiqueta de compartir bicicletas, inspirado en la película Matrix.


El Departamento de Transporte de Washington DC dice que alienta a los usuarios de bicis compartidas a usar una zona designada de cinco pies para aparcar y así cumplir con los requisitos de la Ley sobre Estadounidenses con Discapacidades. A su vez, está respondiendo a las quejas y colaborando con los operadores para abordar estos problemas durante el período de prueba.

“Hemos escuchado que algunas personas con impedimentos visuales tienen dificultades para identificar a las bicis en la acera, incluso cuando están en la zona designada de cinco pies”, dice Terry Owens, portavoz del Departamento de Transporte. “También sabemos que hay casos en que las aceras han sido obstruidas. Estamos colaborando con las empresas para abordar los asuntos a medida que nos enteramos [de ellos]. También alentamos a las empresas a ser más proactivas con sus clientes y sus operaciones”.

Aquí existe una oportunidad. El nuevo auge de las bicis ‘dockless’ podría ser un buen momento para responder a la frecuente queja sobre la falta de bicicletas para personas con discapacidades. Eso también es un asunto con Capital Bikeshare, pero no todavía no existen bicis adaptivas en Washington, D.C., según indica Owens.

En el cercano condado de Montgomery, en Maryland, un memorando de entendimiento para una prueba planeada de bicis compartidas sin estaciones ha anticipado las objeciones de los residentes. El documento detalla una lista de zonas lógicas en donde no se pueden aparcar las bicis sin estaciones: entradas para autos, pasos de peatones, mobiliario urbano (como bancos de plaza), paradas de autobuses, patios de restaurantes y más. El condado planea darles una hora a las empresas para remover las bicis aparcadas incorrectamente antes de confiscarlas. Y, en el caso de una emergencia provocada por nieve, el condado Montgomery espera que las empresas de bicis compartidas saque todas sus bicis.


¿Qué más se debe hacer? Eso depende de a quién le preguntes. En Washington DC, las bicis sin estaciones sí representan un peligro potencial, pero los activistas a favor de los discapacitados no creen que la iniciativa deba ser suspendida por esto. Así piensa Watlington y así piensa LimeBike, cuyo portavoz dice que la empresa no ha recibido nada que se parezca a una objeción formal de ninguna organización que represente a las comunidades con discapacidades.

Sin embargo, los residentes que se creen con derecho están usando un argumento basado en los derechos de los discapacitados para decir que las aceras les pertenecen y que si no se hace lo que quieren, habrá una especie de ola de crimen impulsada por pedales. Se trata de un razonamiento que deja muchísimas dudas.

“La solución es la educación”, dice Watlington. “No es prohibir las bicicletas”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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