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Ni Amsterdam ni Copenhague: conoce el verdadero paraíso del ciclismo urbano

¿Cómo fue que Nijmegen, una pequeña ciudad de Holanda, pudo superar el tráfico de los autos?
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21 Jul 2017 – 1:11 PM EDT

La empresa de diseño urbano Copenhagenize publicó recientemente su clasificación semestral de las mejores ciudades para andar en bicicleta. Copenhague, Utrecht, Ámsterdam y Estrasburgo dominaban la lista que relacionaba a viejas conocidas.

Sin embargo, algunas mecas ciclísticas son menos famosas. Una de ellas es Nijmegen, una ciudad holandesa sin grandes proporciones, ubicada cerca de la frontera con Alemania. Las bicis allí pueden presumir de un reparto modal de un 60%, es decir, 6 de cada 10 viajes se hacen en pedaleando. El año pasado, la Unión de Ciclistas de Holanda la escogió precisamente a ella como la mejor ciudad del país para pedalear (y por ello, tal vez, de todo el universo), desbancando a otros pueblos que habitualmente se ganan el reconocimiento internacional.

Pero, ¿cuál es el secreto de la ciudad? Un nuevo documental en inglés, realizado por Streetfilms y rodado durante una conferencia ciclística mundial que tuvo lugar en Nijmegen, desvela las claves de esta cultura de vida.


Un centro urbano construido por personas (con la supervisión ingenieril adecuada)


(Streetfilms)


El casco histórico de Nijmegen no siempre estuvo libre de autos. Fue un emplazamiento reservado para autos de mediados de siglo que pasaban por entre empinadas terrazas. “La plaza principal solía ser un estacionamiento para autos”, confiesa Sjors Van Duren, director del programa Velo-City, a Clarence Eckerson, realizador del corto audiovisual.

Pero, a partir de los años setenta, la ciudad fue reemplazando las calles diseñadas para autos con sendas para peatones y carriles para bicicletas. Hoy día, para eludir los vehículos, el núcleo urbano está protegido por una red de bolardos automatizados que se inclinan únicamente ante el paso de autobuses equipados con transpondedores y, en horarios específicos del día, de camionetas que reparten envíos.

Cierta vez, la urbe intentó regular estas entradas con señales, pero eso no funcionó, sostiene Paul Van Den Anker, asesor político de la ciudad: “Con los bolardos, es simple. No puedes entrar si no tienes el permiso”.

Una red regional de bicicletas seduce a los ciclistas

Si bien la ruta para bicicletas de Nijmegen se inició en el centro de la ciudad, ya durante los últimos 15 años el enfoque predominante ha sido regional. Senderos bien equipados y delimitados serpentean no solo la urbe sino sus exteriores, atrayendo hacia sí, en bicicleta, a viajeros de áreas vecinas que trabajan o estudian en Nijmegen.

“Eso contribuye sobremanera a mantener en las zonas periféricas a las familias jóvenes que no quieren vivir en el centro”, sostiene Angela Van Der Kloof, antigua residente de la localidad. El RijnWaalpad es fabuloso a la vista: se trata de una superautopista para bicicletas, de 11-millas de largo, que conecta Nijmegen con su vecina Arnhem. Y lo mejor, sin tener que hacer paradas por el camino.


Los ciclistas de todas las edades son bienvenidos

No cuesta divisar las calles antiguas y modernas sobre las que pedalear por Nijmegen. La práctica de la bicicleta, como primer recurso, es inoculada desde edades tempranas en Holanda, advierte Gerben Siebenga, otro asesor político. “Si usted comienza enseñando a los niños…entonces se verá como algo normal que usted ande en bicicleta”.

Políticas en favor de pedalear

En varios países, las leyes de tránsito tratan con cierto escepticismo a los ciclistas en caso de accidente (Estados Unidos no es la excepción). No es así en las ciudades holandesas, donde la infraestructura centrada en el cultivo del ciclismo no acaba allí donde comienza la sala de un tribunal. “Aquí es tan increíblemente distinto”, indica Renata Falzoni, periodista brasileña de insoslayables mechones de pelo rojos. “Si tienes un accidente de auto y eres el chofer, entonces te conviertes en el presunto culpable. Es eso, y no otra cosa, lo que realmente necesito en mi país”.

Los placeres sensoriales de una pequeña ciudad que ama el ciclismo

Nijmegen no es un páramo. Aunque con una población de 170,000 habitantes no puede igualar la ebullición constante de una capital ciclística mayor. Sin embargo, del silencio inherente a la escasa circulación de autos resulta un atractivo inconfundible. Ya que solo las bicicletas zumban a su paso. “Uno puede escuchar a las personas cuando caminan. Cuando hablan. Uno puede escuchar a los niños cuando juegan”, refiere Philippe Lerouic Crist, funcionario del Foro Internacional de Transporte. “Hay, de esa naturaleza, mucho ruido; pero es un ruido que no aturde, y que uno suele olvidar”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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