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CityLab Transporte

Madrid prohibirá la circulación de vehículos en su principal avenida

La Gran Vía, una calle comercial de gran importancia en la capital española, estará libre de automóviles en 2019.
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6 Ene 2017 – 12:18 PM EST
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La Gran Vía es una de las principales calles del centro de Madrid y ya fue cerrada a los vehículos durante diciembre. Crédito: kasto80/iStock

Si visita la Gran Vía madrileña en un plazo de cinco años, no encontrará un solo coche a la vista.

Esta es la promesa que hizo la alcaldesa Manuela Carmena esta semana, tras un prolongado debate sobre el futuro de la principal calle de la ciudad. Al hablar en la estación de radio Cadena Ser el jueves, Carmena confirmó que la principal avenida de Madrid sólo permitirá el acceso de bicicletas, autobuses y taxis antes de que termine su mandato en mayo de 2019.

El plan muestra una ambición impresionante, incluso abrumadora. La Gran Vía, fue la respuesta y el antónimo a las típicas calles pequeñas y sinuosas de las ciudades europeas. Se trata de una estridente y ocupada avenida de seis carriles que atraviesa el corazón de la ciudad desde 1910. Su apariencia posiblemente se acerca más a la avenida Broadway de Nueva York que a los Campos Elíseos. No es tanto un elegante boulevard refinado, sino un fuerte e impetuoso cañón de mampostería flanqueado por edificios cuadrados, muy ornamentados y revestidos de neón de las décadas de 1920 y 1930. Actualmente es una ruta esencial que corta en dos el centro de la ciudad y desviar el tráfico de automóviles probablemente resulte una tarea complicada que corre el riesgo de ser altamente polémica.

Afortunadamente, Carmena ya tiene algunos argumentos sólidos de su lado. Primero está e l éxito del cierre temporal durante nueve días de la calle y sus alrededores el mes pasado durante una larga cadena de fiestas nacionales. Una clásica objeción a la peatonalización de las principales zonas comerciales y de ocio como la Gran Vía es que la medida les dificulta más a los clientes que conducen automóviles llegar a los negocios y, por consiguiente, disminuye el número de compradores. Sin embargo, sucedió todo lo contrario, como se ve en esta comparación publicada por el sitio Nación Rotonda:


En su entrevista con Cadena Ser, Carmena dijo que los principales negocios a lo largo de la avenida le habían dicho que sus ventas interanuales aumentaron un 15% en el período en que la avenida estuvo cerrada. Además, España ya tiene un modelo exitoso para este tipo de renovación que prohibe el tráfico de coches: la ciudad de Bilbao también tiene una calle nombrada Gran Vía, donde las aceras se han ampliado hacia la calzada (como se puede ver en esta imagen de Google Street View) para dejar sólo dos carriles para autobuses, taxis y entregas.

Eso no significa que al plan para la Gran Vía madrileña le espera un camino fácil. Tan sólo el mes pasado, la rival de Carmena, Esperanza Aguirre, líder del derechista Partido Popular en Madrid, amenazó con demandar a la ciudad por los nueve días de cierre, y publicó una foto de ella en la calle que muy pronto se convirtió en un meme muy popular.

Los planes para reorientar el tráfico en la Gran Vía probablemente resultarían igualmente polémicos, sobre todo porque la probable (pero aún no confirmada) solución podría ser, en última instancia, restringir los coches tanto como sea posible a un anillo de circunvalación alrededor de la ciudad, dejando todo el núcleo central de Madrid como una zona cuasi-peatonal de poco tráfico donde sólo los residentes tengan derecho de estacionamiento. Si se guiara por la hostil reacción de los medios contra la reciente prohibición de coches en París a lo largo de la margen derecha del Sena, Madrid debería prepararse para la batalla.

Semejantes planes podrían sonar radicales, incluso utópicos, pero, tomando en cuenta la terrible calidad del aire de Madrid, tolerar el status quo equivaldría a la aceptación tácita de la baja esperanza de vida de las personas que viven o trabajan en el centro de la ciudad. Ya la ciudad se ha visto obligada a imponer restricciones temporales a la circulación cuando los niveles de contaminación alcanzan niveles peligrosos. La más reciente de ellas ocurrió apenas la semana pasada, cuando la ciudad introdujo prohibiciones de estacionamiento, permisos para conducir en días alternos y un límite de velocidad de 70 km/h en el anillo de circunvalación M60 de la ciudad, a muy poco de la prohibición total de circulación que aplica en los peores momentos.

Tales medidas pueden mitigar los peores excesos de la contaminación de Madrid, pero por sí solas no la solucionarán. Sin embargo, si la Gran Vía se transforma de una llamativa pero contaminada autovía improvisada en una avenida limpia y sin coches, la ciudad estaría en el camino correcto para solucionar el problema.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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