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La vía para ciclistas que quiere unir toda la Costa Este

Por medio de caminos protegidos, una organización trabaja para conectar ciudades y pueblos desde Maine hasta Florida.
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1 Jul 2016 – 11:08 AM EDT

Desde el norte de Maine hasta el extremo sur de Florida, la Costa Este de Estados Unidos se extiende por unas 3,000 millas. Se trata de un diverso y vasto itinerario, que atraviesa colinas pobladas de bosques y pedregosas líneas costeras hasta dar con las soleadas playas del Sur. Y todo este recorrido, ojo, puede hacerse en bicicleta.

La entidad sin fines de lucro East Coast Greenway Alliance (ECGA por sus siglas en inglés) trabaja desde 1991 para relacionar toda la geografía de la costa Atlántica a través de senderos protegidos para ciclistas. Hasta ahora, 850 millas del trayecto han sido designadas como Greenway (Camino Verde). Un 31% del proyecto está listo, de acuerdo a Dennis Markatos-Soriano, director ejecutivo de la ECGA. Para 2020, la Alianza espera haber añadido otras 200 millas.

Serpenteando la costa, la East Coast Greenway atraviesa 450 comunidades pertenecientes a 15 estados. La eficiencia no parece ser el propósito de la iniciativa: en lugar de imitar las rutas interestatales existentes, la Greenway sigue más bien el curso de los ríos y las antiguas vías de trenes, conectando ciudades y pueblos a lo largo del tramo costero. “Aun cuando un porcentaje bastante menor del camino pasa por ciudades, se trata de un proyecto eminentemente urbano”, acota Eric Weis, director de desarrollo de Greenway, quien pasará a la Junta Consultiva de la ECGA este verano, tras 18 años con la organización.

Antes de que la East Coast Greenway se conociera como tal, e, incluso, de que fuera fundada la Alianza, ya existían muchos de los senderos que constituyen secciones de la actual Greenway. En Nueva York, uno de los tramos replica la longitud del río Hudson; en Filadelfia, el trayecto del río Schuylkill se prolonga unas 25 millas. Ambos están ahora afiliados a la iniciativa Greenway, pero a inicios de los noventas, dice Weis, los fundadores de ECGA miraron a estas singulares veredas urbanas y se preguntaron: ¿Qué haría falta para conectarlas entre sí?

“No podremos conseguir esto a partir de una estrategia vertical”, añade Markatos-Soriano. Greenway tiene que ver con intereses tanto federales, como estatales y locales. Una vez terminado el proyecto, la ECGA espera que pueda servir como una autopista nacional viable, una vía interestatal para una época de personas preocupadas por su salud y la del ecosistema. Pero alcanzar ese punto, sostiene Makatos-Soriano, implicará la cooperación y el apoyo desde el nivel comunitario. Una red de coordinadores regionales del ECGA y de voluntarios trabajan mancomunadamente para comprometer a los gobiernos locales con el proyecto y para asegurar los fondos tanto federales como del sector privado. Ha habido, ciertamente, muy pocas reticencias: desde 2010, el presupuesto anual de Greenway se ha más que duplicado, pasando de $470,000 a poco menos de un millón de dólares el pasado año. “No se trata de cuándo vamos a terminar Greenway, sino de cuán rápido”, opina Markatos-Soriano. “Este es uno de esos proyectos universalmente llamativos”.

Según espera el propio Markatos-Soriano, la East Coast Greenway ha aprovechado, por así decirlo, una ola demográfica que acelerará el acabado de todo el recorrido. Al tiempo que cada vez menos norteamericanos se decanta por los autos, un gran número de ellos prioriza el andar en bicicleta y los caminos para caminar, sobre todo cuando se trata de escoger dónde vivir. Y, de paso, el impacto que esta decisión tiene en la salud: la presencia de estas rutas hace de un activo estilo de vida, más que una posibilidad, un hecho. Más de 10 millones de personas usan Greenway cada año, señala Weis, y como la mentalidad nacional y mundial se mueve hacia la idea de una mayor conectividad, el atractivo inherente a atravesar la Costa Este, por medio de un sencillo modo de transporte, solo podrá aumentar.

Pie de foto: Una parte del camino en Worcester, Massachusetts.

Esta “comunidad lineal”, como la llama Markatos-Soriano, despierta la atención, básicamente, de dos grupos de usuarios. Aquellos que podrían emplear una porción de la ruta diariamente dentro de sus ciudades: niños en bicicleta hacia la escuela, gente corriendo para hacer deporte. Y quienes, como Bob Spiegelman, presidente de la Junta de sindicatos de ECGA, verán Greenway como un todo.

En 2012, Spiegelman anduvo en bicicleta toda la ruta de Greenway, desde Calais, en Maine, hasta Key West, Florida. A razón de 50 millas diarias, el trayecto le tomó ocho semanas. Es posible, no obstante, rebajar ese tiempo, pero eso sería como no entender el objetivo, opina Weis. Con la cabeza gacha y el suelo pasando a gran velocidad por debajo de ti, "pasas a través de Boston sin detenerte a visitar sitios históricos. Luego, en Washington D.C., no ves ningún monumento o museo. Lo que tampoco harás con los árboles y la arquitectura de Charleston”, añade Weis. “Si uno viaja a ritmo de 100 millas diarias durante un mes, uno puede, desde luego, recorrer toda la East Coast Greenway, pero entonces ya no habrá solución: te habrás perdido lo mejor de la experiencia”.

La ECGA no puede predecir cuándo la Greenway estará completa, pero los organizadores entienden que una estrategia gradual será necesaria para el éxito a largo plazo del proyecto. “La planificación de los senderos para ciclistas no es una profesión rentable para gente que quiera un inmediato retorno de inversión”, sostiene Weis. Mediante un trabajo comedido y cuidadoso a nivel local, Greenway está aunando esfuerzos como una gran arteria que lleva consigo porciones de las muchas comunidades que atraviesa. Cada una de las secciones designadas como Greenway se ajusta a los requerimientos de un camino estándar: el material de que está hecho debe ser lo bastante fuerte como para soportar recorridos en bicicleta. Del mismo modo, los carriles deben ser lo suficientemente anchos para que las personas puedan transitarlos con seguridad. En opinión de Weis, cerca de 10 pies es lo ideal.

Pero es asunto de las comunidades locales cómo, finalmente, se desplegará el camino. Una sección de Greenway que corre a lo largo de un camino de ribereño en Nueva Jersey, añade Weis, pasa por un sitio histórico del estado. Como tal, el camino está hecho de piedra triturada y compactada, de modo no muy diferente al de un sendero construido en el siglo XIX. En ese sentido, andar en bicicleta toda la ruta Greenway es tanto un ejercicio de la conectividad como de la especificidad. El proyecto, Markatos-Soriano sostiene, tiene que ver con una vastedad de elementos diferentes, desde la sensibilidad medioambiental hasta la noción de transporte alternativo. Pero, fundamentalmente, "se trata de ver Estados Unidos a la velocidad apropiada, donde uno pueda absorber toda la cultura que lo rodea", remarca. "Y donde uno no tiene un parabrisas que lo separa de la comunidad".


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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