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CityLab Transporte

Aunque los compartamos, los vehículos autónomos podrían generar un desastre de tráfico

Un futuro boom de estos autos podría traer un alza desenfrenada de las millas recorridas por vehículo. Y, por ahora, las ciudades no tienen mucho para defenderse de eso.
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7 Jun 2017 – 5:10 PM EDT

Una ciudad repleta de vehículos autónomos podría no ser el lugar ideal para vivir. Al menos así es como lo ven algunos expertos en transporte, quienes temen que se genere una plaga de autos robotizados privados congestionando aún más carreteras y autopistas. Piense en las calles atascadas de ‘vehículos de cero ocupación’ circulando para recoger a sus dueños o simplemente haciendo mandados. El aumento en el total de millas recorridas por vehículo daría náuseas.

De modo que lo lógico sería que los vehículos autónomos sean compartidos: imagine versiones sin choferes de los Uber y Lyft que ya conocemos y amamos/odiamos. Ese es el escenario que la mayoría de los fabricantes de autos y las ciudades están asumiendo mientras, en todo el país, siguen abriéndose campos de prueba para los vehículos autónomos y los primeros autobuses se mueven a tropiezos entre los campus de las universidades y las arterias públicas (Elon Musk, cofundador de Tesla, está apostando a un futuro diferente, con un creciente papel de vehículos privados como los que él vende).

Pero, ¿qué tal si, contrariamente a como piensa Musk, se impone un futuro en que compartamos los autos autónomos, con sus bajos costos y facilidades, y que este futuro llegue a ser tan atractivo que se convierta en una suerte de modo predeterminado? La experiencia en el transporte público, como la entendemos hoy, podría caer en picada. Pasajeros que no conducían en lo absoluto antiguamente, ya por opción o por mandato de las circunstancias, podrían ir a parar en masa a los asientos traseros.

Incluso en un escenario en que prime la práctica de compartir autos se daría un aumento del número de millas recorridas por vehículo, a raíz de un incremento de la demanda”, sostiene Adam Cohen, investigador asociado del Centro Investigativo del Transporte Sostenible en la Universidad de California en Berkeley. Cohen presentó sus apuntes sobre planificación para una movilidad compartida hace unas semanas, durante la conferencia anual de la American Planning Association, con sede en Nueva York.

Y justo la pregunta de cuánto tráfico se añadiría en el posible nuevo escenario se hizo reiteradamente durante la jornada, ya fuera por parte de funcionarios de la ciudad, dirigentes tecnológicos o investigadores. “Las ciudades y los legisladores tienen la oportunidad ahora de actuar proactivamente en la planificación de los Vehículos Autónomos, antes que como reacción en el futuro”, indica Cohen. Este consejo que se está convirtiendo en dogma entre defensores e identificados con el concepto de ‘ciudades inteligentes’.

La ciudades necesitan tener cuidado cuando vayan a firmar contratos que limiten su capacidad futura de crear incentivos y desincentivos a fin de combatir la congestión”, remarca Lisa Nisenson, una asesora en materia de movilidad de Alta Planning + Design, y quien presentó un tema similar.

En muchos sentidos, iniciativas de viaje compartido como Uber, Lyft y otras han comenzado a enseñar a sus usuarios la forma que podrían tomar los vehículos autónomos en el futuro de sus vidas. Para los clientes, los viajes compartidos actuales imitan la experiencia automatizada –uno se sube al auto, serpentea a través de una ruta generada por un algoritmo y luego sale–, salvo que la versión automatizada será más barata. Para los desarrolladores, en cambio, no hay muchas investigaciones disponibles acerca de cómo estos servicios afectan los patrones de movilidad. Sin embargo, un informe reciente, que analiza un volumen considerable de datos de viaje relativos a la ciudad de Nueva York, sugiere que productos de bajo costo y alta conveniencia como UberPOOL se sumarían a las millas generales recorridas por vehículo , captando a quienes no usaban autos con anterioridad.

Por otra parte, los vehículos autónomos compartidos añadirían menos autos a la vía que sus homólogos privados, pero el modelo de práctica compartida puede no ser suficiente para mantener a raya la gran congestión del tráfico. La misma estrategia del ‘garrote y la zanahoria’ empleada para controlar otras formas del tráfico pudiera ser útil esta vez. Establecer carriles priorizados para ciertos tipos vehículos autónomos con alta ocupación –como los autobuses- podría contribuir a mantener atractivas las opciones de transporte público. Un sistema de tarifas en carretera — en que los pasajeros, digamos, sean gravados por milla o por entrar en zonas atestadas de tráfico— desalentaría viajes innecesarios. La prohibición de autos en centros urbanos densamente poblados, como se practica en Oslo, París y Estocolmo, podría incluso tener más sentido en un futuro de vehículos autónomos.

Quizá es muy temprano para poner en marcha este tipo de políticas, al menos siempre y cuando ellas estén encaminadas a regular los vehículos autónomos. Ahora bien, no todo el mundo coincide en que los coches autónomos compartidos garantizarán un aumento en la demanda de viajes. “De acuerdo con nuestra experiencia, cualquier cosa que se haga para derribar el paradigma que domina hoy en las ciudades lo más seguro es que se traduzca en una menor cantidad de millas recorridas por vehículo”, indica Justin Holmes, director de comunicación corporativa y políticas públicas en Zipcar, y quien compartió el panel con Cohen.

Aun así, la feroz competencia entre compañías tecnológicas y fabricantes de autos para poner estos autos robots en circulación deja una ventana bastante estrecha a las ciudades, de modo que estas no podrían ejercer toda la influencia necesaria en la forma en que se implementen los vehículos autónomos.

Para Bruce Schaller, exfuncionario del Departamento de Transporte de Nueva York y experto en servicios emergentes de viaje, tener este tipo de conversaciones panorámicas acerca de una tecnología que aún no se ha materializado ¿Qué tipo de servicios hay que alentar, cómo los gravaremos y dónde los colocaremos? Esto no será nada fácil.

“Los funcionarios públicos no saben qué políticas se requieren para una tecnología que todavía no existe”, añade. “El sector privado, desde Uber hasta Detroit y Google, está corriendo precipitadamente hacia una competencia desenfrenada para conseguir salir adelante”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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