CityLab Trabajo

Por qué en América Latina hay cada vez más malls, mientras en EEUU están desapareciendo

Estimulado por una creciente clase media, el centro comercial está en auge en América Central y América del Sur.
Logo CityLab small

Mucho se ha hablado de la muerte del centro comercial en América del Norte. No es difícil darse cuenta por qué: decenas de centros comerciales se han cerrado en la última década y se estima que un 25% de los aproximadamente 1,100 que aún funcionan en Estados Unidos habrán cerrado para el año 2022. Los desarrolladores no han construido un nuevo centro comercial desde 2006 (a excepción de uno en la extraña tierra de Sarasota, Florida). Pero en América Central y América del Sur, la historia es muy diferente: los desarrolladores pasaron la última década lanzando tantos centros comerciales como los inversionistas permitían.

Desde Monterrey hasta Montevideo, está ocurriendo una explosión sin precedentes en la construcción de centros comerciales en América Latina. Según un estudio, se estima que se construyeron 100 nuevos centros comerciales tan solo en 2016. Actualmente, el centro comercial más grande del hemisferio occidental se encuentra en Panamá.

Y con esta nueva fiebre de los centros comerciales, viene la cultura del centro comercial: al igual que los adolescentes estadounidenses en la década de 1980 y 1990, los adolescentes latinoamericanos de hoy pasan cada vez más tiempo recorriendo los centros comerciales, luciendo los productos de Abercrombie & Fitch y American Eagle. ¿Por qué los centros comerciales están floreciendo en América Latina y muriendo en América del Norte?


Varias tendencias están impulsando este cambio: algunas buenas, otras malas. Para empezar, el crecimiento de la clase media de América Latina ha sido una parte clave de la historia. Según el Banco Mundial, la clase media en América Latina creció en un 50% entre 2003 y 2009, y ahora compone un 30% de la población, un hecho sin precedentes. En términos reales, esto significa que 50 millones de latinoamericanos ahora disfrutan de una mayor seguridad financiera y tienen algo de dinero extra para gastar en productos clásicos de centros comerciales, como nueces tostadas y los famosos spinners.

Cuando la clase media estadounidense creció entre 1945 y 2005, se tradujo en la compra de automóviles, la suburbanización y la construcción de centros comerciales. La versión latinoamericana sigue un guión similar. Y dado que el comercio minorista tradicional está teniendo dificultades en Estados Unidos debido al aumento del comercio minorista en línea y al estancamiento de los ingresos después de 2008, las cadenas de centros comerciales, los desarrolladores y los inversionistas estadounidenses tienen muchos motivos para buscar oportunidades en el sur.


Pero el miedo al crimen violento y una relativa falta de entornos urbanos de alta calidad son también factores en el auge de los centros comerciales en América Latina. En ciudades como San Salvador o Bogotá, los centros comerciales representan un lugar seguro para comprar y los gerentes de los centros comerciales invierten mucho en seguridad. Esto se combina con la falta de servicios de correo y de entrega a domicilio fiables que obstaculizan el sector de comercio electrónico y que no hay mucha competencia para el creciente número de compradores latinoamericanos de clase media.

Por otra parte, en la mayoría de las ciudades estadounidenses, los delitos violentos han disminuido drásticamente en los últimos 25 años, y los vecindarios urbanos transitables que cuentan con restaurantes, bares, salones de belleza y tiendas minoristas experienciales están prosperando. En este sentido, el declive de los centros comerciales de América del Norte refleja una tendencia positiva: las calles principales que los centros comerciales alguna vez amenazaron están regresando. Estos vecindarios repletos de comodidades también están en una mejor posición que los centros comerciales suburbanos para defenderse de la amenaza de las compras en línea.

Los gerentes de los centros comerciales de América del Norte que intentan sobrevivir al colapso minorista podrían aprender algunas cosas de sus vecinos del sur. Por ejemplo, en Estados Unidos y Canadá, los centros comerciales aún están en su gran mayoría anclados por importantes minoristas como Sears, JC Penney y Macy's. Y a medida que la suerte de estas grandes tiendas ha disminuido, han arrastrado con ellas los centros comerciales a los que están vinculadas. En América Latina, por otro lado, existe una gran variedad de negocios que funcionan como anclajes. Las tiendas de abarrotes son comunes en los centros comerciales de América Latina y, a menudo se encuentran al final de largos corredores alineados con tiendas más pequeñas, lo cual crea un flujo constante de tráfico peatonal.


Más allá de la venta minorista, los centros comerciales de América Latina suelen albergar otros empleadores importantes, incluidos centros de llamadas, instalaciones de atención médica y espacio para oficinas (en este sentido, tienen un espíritu más cercano a la visión original del arquitecto austríaco Victor Gruen, diseñador de los primeros centros comerciales cerrados, quien consideraba sus creaciones centros de uso mixto, no "gigantescas máquinas de compras"). En un día laboral típico, una zona de comidas está llena de empleados uniformados en lugar de padres que se quedan en casa y adolescentes que faltan a la escuela. Cada vez más, se están incluyendo apartamentos y condominios en estos centros comerciales. Esta diversidad de usos y usuarios podría hacerlos más sostenibles a largo plazo.

Por otro lado, tampoco es raro encontrar centros comerciales completamente dedicados a productos o industrias que no sean ropa: en la Ciudad de Guatemala, se pueden encontrar centros comerciales completos dedicados a la buena gastronomía y el diseño de interiores. Ambas disposiciones siguen siendo raras en Estados Unidos y Canadá.

Cuando sentimos nostalgia por los centros comerciales, tal vez lo que realmente sentimos es nostalgia por una época en la que los ingresos aumentaban y la calidad de vida de las personas promedio estaba mejorando. Hoy, eso es lo que está sucediendo en gran parte de América Latina. Pero a medida que comienza su era de los centros comerciales, y la estadounidense se desvanece, los amantes del formato podrían esperar encontrar un modelo más duradero para el futuro del centro comercial en el sur—y deberíamos cambiar la política de uso de suelo para reflejar eso.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.